jueves, abril 14, 2005

España, unidad de destino

Revista ARBIL, Luis SUÁREZ
"El año 754 un anónimo cronista mozárabe que vivía en Córdoba, refiriéndose a la conquista de España por los musulmanes, acuñó una frase: "La pérdida de España." No puede perderse algo si antes no ha existido. Antes del 711, en la mente de ese monje mozárabe, España ya existía: había sido creada por mano de Roma, de la que recibió fundamentos esenciales de su ser, como el derecho que respeta la entidad de la persona y considera el ejercicio de la libertad como un juego entre ley y deber; la lengua latina, tronco inicial para la expresión del pensamiento, el concepto jurídico de la familia, la organización del municipio y, por último, el Cristianismo, que dio a los españoles una especial sensibilidad para la trascendencia. Todo esto, que se estaba fundiendo en un gran crisol, en una manera de ser que arrancaba de San Isidoro el laudes Hispaniae -qué duda cabe de que hoy San Isidoro sería motejado de nostálgico- y estaba logrando con los concilios de Toledo un primer esquema político, es lo que se rompe el 711 provocando la exclamación del mozárabe."(...)

"En la más antigua conciencia política castellana, la dignidad del hombre se identificó con un sentimiento de lealtad y no fidelidad. España no imagina un héroe como el de la Canción de Rolando, que prefiere morir antes de tocar el cuerno que le permite llamar en su auxilio al emperador. Aquí los reyes y los vasallos tienen que tratarse con la misma recíproca lealtad. Lo que verdaderamente inspiraba emoción a los españoles de la Edad Media, era la figura del Cid cuando tomaba al Rey sobre los evangelios, el juramento de que nada había tenido en la traición que costara la vida a su hermano. Así, en las relaciones entre monarca y súbditos, entre señor y vasallo, nació el fundamento trascendental de nuestra libertad."

"Por razones militares, la Reconquista impuso la diversificación de poderes: había que hacer frente a un enemigo numeroso y superior era preciso abrir el frente y dividir los lugares de la batalla. Por eso nacieron diferencias regionales. Pero cuando la Reconquista termina, a mediados del siglo XIII, se plantea el retorno a la unidad: pues nadie duda que la unidad es superior a la división. Hemos tenido que llegar a nuestros días para que pueda presentarse la pluralidad como mejor. Pero esto es, desde el punto de vista de un historiador, sólo una aberración." (...)

"A finales del siglo XV llegó a uno de estos reinos de España, Navarra, la hora definitiva de elegir entre la fidelidad debida a unos Reyes, perdiendo en ella su ser hispánico, su libertad, su condición de reino y sus fueros, o la integración en esa misma España que permitía ganar fuero y reino, Corte y libertad. Lógicamente escogió lo segundo. Por eso ha sido Navarra, hasta nuestros días, la más españolista de las regiones españolas."

"Algunas veces se ha dicho que la unidad española fue creada de acuerdo con el modelo de Castilla. No es cierto. El modelo que se usó fundamentalmente fue el de la Corona de Aragón. Sin embargo, aquella soberanía organizada sobre la unidad y respetuosa con lo que era diverso y peculiar, aseguró a España el papel de primera potencia mundial que ya fuimos a finales del siglo XV y durante el siglo XVI. Es curioso e importante señalar a este respecto otro detalle: nunca los cronistas contemporáneos de los Reyes Católicos llamaron a estos creadores o forjadores de la unidad española, sino restauradores. España existía desde mucho antes y había sido gloriosamente restaurada.

Así surgió la mejor forma de Estado que ha conocido Europa, la Monarquía católica, tradicional y representativa, a la que precisamente el Caudillo aludió muchas veces para ponerla en contraposición, con la de los tristes episodios que España había tenido que vivir en las últimas etapas del siglo XIX, y primeras del XX. Y fue la mejor forma de Estado, porque estaba descubriendo lo que mucho más tarde se ha presentado como libertad jurídica para los súbditos. En 1188 inventamos las Cortes; que el Parlamento inglés no es otra cosa que adaptación de las instituciones castellano-leonesas, hecha por Simón de Monfort. Vino luego la fijación por escrito del Derecho, de la estructura jurídica de la sociedad y, por último, la conciencia de que las libertades públicas nacen precisamente del encuentro entre hombre, tiempo e Historia."

"En el siglo XIV el proceso de transformación de esta forma de Estado que es la Monarquía tradicional, dio un salto gigantesco al establecer, por vez primera, tres esferas de poder autónomo: legislativo de las Cortes, judicial de la Audiencia, ejecutivo de los Consejos. Multiplicando estos Consejos, España se adelantaba a crear un estado de derecho, respetuoso para la libertad y la dignidad del hombre. Pues también los reyes estaban sujetos a la ley y no exentos de ella. Cuando se compara a Isabel la Católica con cualquiera de sus reyes contemporáneos, la diferencia es abismal: junto a ella o su marido Fernando, Enrique VIII no pasa de ser un grotesco tirano arcaizante Tenemos que tener el valor de decir también las cosas de que nos enorgullecemos."
"Todo esto sucedía en el momento en que, a causa de Ockham y del nominalismo exagerado, se estaba apoderando de Europa una corriente -que ha llegado fuerte hasta nuestros días- que negaba al hombre su calidad de persona que se trasciende, para convertirle sólo en individuo. Los nominalistas afirmaron que los países, las naciones, las entidades y la misma Iglesia, no eran entes en sí mismos, generadores de un derecho, sino solamente sumas de individuos y que, por tanto, la verdad en una decisión no podía establecerse por fidelidad a una herencia recibida sino sólo como resultado de la mayoría de votos. Claro es que Ockham fue consciente de la barbaridad que esto significaba, y trató de remediarla mediante una fórmula que podemos brindar como solución para sus angustias a los políticos de nuestros días:

La mayoría tiene razón cuando es al mismo tiempo la parte mejor y la más sana, pues en caso contrario, aunque sea mayoría, no tiene razón.

Frente a esta corriente, España reaccionó efectuando una reforma religiosa, filosófica y política que, en lo más íntimo, no hacía sino afirmar el principio de que el hombre se trasciende, fuera de sí mismo, hacia el prójimo y hacia Dios, hacia su tierra y hacia la comunidad de que forma parte. Tal es la gran reforma española que se inscribe entre 1375 y 1530. Frente al mundo, España defendió ciertas cosas esenciales que tampoco entonces estaban de moda. Defendió la dignidad del hombre porque es una criatura de Dios. Defendió la capacidad de la razón para comprender, pero no para dominar. Defendió la relación que existe entre verdad y libertad, siendo la segunda hija de la primera. Defendió que el honor y la lealtad, el respeto a la palabra dada y el cumplimiento de lo que se jura, son normas esenciales de la conducta.

Todo esto queda reflejado en el orden del pensamiento y en nuestras aportaciones a la cultura. Así dimos las leyes de Indias que trataban a los pieles rojas como seres humanos, y el Derecho de gentes de Francisco de Victoria, y las prelaciones del Padre Suárez, y la razón de la razón en el Quijote. Fijaos en la frase de Cervantes, cargada de sentido: don Quijote no se vuelve loco simplemente por leer libros de caballerías -esos eran incapaces de enloquecer a nadie-, sino porque penetraban a través de ellos mensajes como aquel de la razón de la sin razón que a mi razón entontece, etc. ¿No es la razón de la sin razón un antecedente de la crítica de corazón pura y de la razón práctica? El Quijote, decía Unamuno, es como una reivindicación de la razón sujeta al servicio del hombre. Dimos también al mundo el sentido profundo de la existencia humana, que no cobra valor como en el sueño que es tránsito, mientras no tiene en cuenta el objetivo hacia el que apunto. Dimos una clara definición del desgarra miento de la libertad en la conciencia, en Tirso de Molina... Y como resultado de esto dimos al mundo más de veinte naciones al otro lado del mar, donde sus habitantes eran declarados hijos de Dios y hermanos nuestros. Por eso pudieron seguir viviendo." (...)

"La lucha de España fue una batalla de gigantes. Voy con mucha frecuencia a El Escorial. Confieso que experimento una gran emoción cuando, bajo aquellas bóvedas, contemplo, en silencio y soledad, la medida racional de un hombre, Felipe II, que vino a ser como la condensación de estas ideas en esfuerzo político. Luchamos los españoles por la razón de la razón, y perdimos... Acaso nos sirva de consuelo pensar que perdimos por poco. En 1634 el cardenal-infante don Fernando aplastó en Nordlingen a los suecos, y por un instante llegó a creer que el luteranismo iba a desaparecer. Fueron años curiosos, de esfuerzo enorme, desmesurado acaso a la realidad material de España." (...)

"Sí, pero perdimos. En 1640, por el esfuerzo excesivo, España se rompió. Fue el Corpus de sangre de Barcelona. Perdimos y, como consecuencia de esta derrota, se impuso a Europa la filosofía del inmanentismo radical, aquella que ve en el hombre un individuo; en la verdad, un estado de opinión, y en la existencia, sólo una consecuencia del pensar. A partir de entonces la forma de Estado que España practicaba y defendía fue socavada y combatida. Las Monarquías adquirieron la primera de las dos grandes enfermedades: se hicieron absolutistas, cosa que resulta paradójica en una Monarquía. Al reducirse el hombre a individuo, reconociéndose en él una libertad meramente cuantitativa, sin que se le ofrecieran objetivos que le trascendiesen, no le quedaban sino dos opciones y ambas económicas: producir dinero o tomar lo. Lo primero es meta del capitalismo. Lo segundo, del socialismo. Pero no nos engañemos porque capitalismo y socialismo no son sino sentidos opuestos dentro de una misma dirección. Ninguna de ambas cosas puede calmar las ansias de un espíritu español."

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