Las dos pasiones de Aznar
"A Bush se le reconocerá su talla, como se le ha reconocido a Reagan al cabo del tiempo. Bush es hombre de carácter: determinado, con capacidad y voluntad de liderazgo, orgulloso de Texas y del espíritu americano. Se suele reír de sí mismo con sorna, y estando orgulloso de su familia, sabe lo mucho que ha tenido que luchar para estar a la altura de lo que se le exigía. Presume de no ser una persona con glamour pero posee una cualidad mucho más valiosa: es de una naturalidad sorprendente, casi aplastante.Estoy convencido de que ésa es una de las razones de su éxito.Muchos norteamericanos se sienten identificados con él. Da una importancia primordial a sus compromisos y al cumplimiento de la palabra dada, tanto en la relación política como en la personal.Cuando dice de alguien que es una buena persona -y ése es el mayor elogio que Bush puede hacer de alguien- suele referirse a su lealtad y su capacidad para atenerse a los compromisos que ha asumido. Tiene la suerte de tener a su lado a Laura Bush, una mujer extraordinaria. Laura Bush rebosa sensatez, sentido común y una claridad de ideas admirable. Es una mujer moderna, con una carrera propia, un carácter independiente y unas ideas muy claras. Su papel ha sido determinante en la vida de su marido, que contribuyó a cambiar de modo decisivo. También es un ejemplo de discreción y de simpatía. Posee un altísimo sentido del deber y no me extrañaría que en más de una ocasión haya servido de ejemplo a su esposo. Bush posee unas profundas creencias religiosas y unas convicciones personales fuertemente arraigadas. No las disimula y, aunque no las exhibe, las expone con franqueza y, se nota, con sinceridad. Es un hombre creyente en una América creyente (...). "
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