miércoles, noviembre 22, 2006

El delito de negar el holocausto climático ::Aceprensa::

Rafael Serrano::Aceprensa::


La ciencia florece en un ambiente de libre discusión que no reprime las discrepancias. Las grandes aportaciones vienen de aquellos que, como Copérnico, rompen moldes, cuestionan las teorías establecidas, se atreven a desafiar la opinión mayoritaria. Thomas Kuhn elevó esa comprobación a ley histórica: la ciencia avanza a saltos, gracias a una minoría que no sigue la corriente general, deja de intentar que los nuevos datos encajen en las hipótesis canónicas e inventa otro modelo. Por eso nuestra época respeta la disidencia y abomina del dogmatismo en materia científica.

Bueno, depende. Si se trata del cambio climático, el consenso mayoritario es ley y la conformidad es inexcusable. Copérnicos abstenerse.

Lo ha comprobado el geofísico francés Claude Allègre, ministro de Educación de 1997 a 2000 en el gobierno socialista de Lionel Jospin, desde que publicó en el semanario "L'Express" (21-09-2006) un artículo sobre el cambio climático. Allí advertía contra la pronunciada subida de temperaturas en las ciudades y proponía combatirlo con medidas radicales, prohibiendo los vehículos de gasolina en las vías urbanas. En cambio, el calentamiento global le parece incierto en su magnitud y en su origen. No descarta la posibilidad de que se deba a la acción humana, como sostiene la mayoría; pero dice que no se sabe. Alega la dificultad, señalada por algunos especialistas, de calcular la temperatura media del planeta y la imperfección de los modelos climáticos.
Más grave que un simple error

La mayoría de los climatólogos no están de acuerdo con Allègre. Pero la réplica no ha sido simplemente la normal en una disputa científica a un colega al que se considera equivocado, sino que ha tomado la forma de carta de protesta dirigida a la Academia de Ciencias, al Instituto Nacional de Ciencias del Universo y al Ministerio de Investigación, como la denuncia contra un transgresor de conducta intolerable. Una reacción semejante provocó otro que contradijo la "biblia ecologista", el danés Bjørn Lomborg, acusado ante un comité de ética científica, condenado en primera instancia y finalmente absuelto (ver Aceprensa 4/04).

Allègre, dicen sus críticos, ha hecho algo peor que equivocarse: se ha comportado de modo "irresponsable", divulgando una "información sesgada, partidista y falsa", lo que resulta más grave en este asunto de "relevancia social", dice la carta de protesta. Con ello no discrepa sin más: su toma de postura "equivale a sembrar el descrédito sobre todo el personal que trabaja en Francia sobre estos temas", afirma Dominique Raynaud, ex director del Laboratorio de Glaciología y Geofísica del Medio Ambiente (cfr. "Le Monde", 4-10-2006).

El delito de Allègre es cuestionar el "consenso general" de los científicos, que es el nombre favorable de la opinión dominante ("postura tradicional" es la opinión dominante que es lícito poner en duda). De eso mismo acusa el "New York Times" en un editorial (12-10-2006) al senador norteamericano James Inhofe, empeñado en desacreditar "el consenso de los principales científicos y de los gobiernos de casi todas las naciones industrializadas en materia de cambio climático causado por el hombre". La estrategia de Inhofe consiste en "agarrarse a una información errónea o exagerada para tratar de sembrar dudas sobre el consenso general". Para ello, tiene un equipo dedicado a coleccionar "investigaciones disidentes" o de "oposición" ("opposition research"); el término sugiere que el senador se opone a algo más que a una tesis de científicos. Como que está en juego el planeta, dice Al Gore.
La película de Al Gore

Hace poco, Gore estrenó un documental titulado "An Inconvenient Truth" ("Una verdad incómoda") donde augura la catástrofe planetaria si no se para el cambio climático provocado por el hombre. Su película, en general elogiada, ha recibido críticas de la minoría disidente; las resumió el comentarista Andrew Bolt en el diario australiano "Herald Sun" (13-09-2006). Por ejemplo, dice Gore que una revisión de 928 artículos científicos sobre calentamiento de la Tierra, publicada en "Science", mostraba que ninguno negaba que la acción humana fuera la causa principal de la subida de las temperaturas. El Prof. Benny Peiser (John Moores University de Liverpool) replica que, tras examinar esos 928 trabajos, solo halló 13 que sostuvieran esa tesis expresamente, contra 34 que la rechazaban o la ponían en duda; los demás no se pronunciaban.

En todo caso, muchos creen que ese y otros errores son "fallos menores" que no invalidan el mensaje principal de la película. Algunas inexactitudes o un poco de exageración no importan cuando se trata de suscitar en todos la conciencia de la amenaza y mover a la acción. En cambio, aferrarse a las inevitables incertidumbres o equivocaciones para arrojar dudas sobre la realidad del cambio climático causado por los humanos y la necesidad de actuar, resulta muy peligroso: es como difundir propaganda enemiga en la guerra contra el efecto invernadero y por la salvación del planeta.
Espíritu anti-humano

La cuestión, así, sale del ámbito estrictamente científico para adquirir tonos morales y políticos. Oponerse al "consenso" no es solo situarse contra la mayoría en un asunto teórico. Así como negar el Holocausto implica quitar justificación ética al rechazo del nazismo, negar el cambio climático equivale a cohonestar la destrucción del planeta. Algunos que proponen este paralelismo lo llevan a una conclusión ulterior: si lo primero es delito en varios países, también lo segundo debe ser combatido con análoga energía.

Lo advierte, con ejemplos, Brendan O'Neill en la revista digital británica "Spiked" (6-10-2006). "Hay una ola de intolerancia en el debate sobre el cambio climático –dice– que está erosionando la libertad de expresión y derritiendo la discusión racional". Este "fundamentalismo ecologista", comenta por su parte Mick Hume en la misma revista (31-10-2006), está penetrado del "espíritu anti-humano de hoy, que da por supuesto que la humanidad y el progreso son el problema en vez de la solución, y que nuestra huella sobre la Tierra es siempre como la de una bota opresora".

En un artículo de descargo ("Le Monde", 27-10-2006), Allègre señala cómo se origina el "consenso" en la Comisión Intergubernamental para el Cambio Climático (CICC), dentro del sistema de la ONU. Cada cuatro años, un comité de científicos elabora un voluminoso informe, que casi nadie lee, lleno de matices. Lo entrega a un segundo comité, formado por representantes –científicos o legos– de los gobiernos, que redacta otro informe mucho más breve y tajante, que se convierte en la "verdad oficial".

Esta simplificación es de las que fomenta "la ecología de denuncia", en palabras de Allègre, que "mezcla todo: el calentamiento del clima, la biodiversidad, la contaminación urbana, la población mundial, el secamiento del mar de Aral, etc., con el resultado de suscitar miedo… y al final no resolver nada, ante la inmensidad de los problemas".

Allègre propone en cambio una "ecología reparadora", que siga la estrategia de "separar los problemas para resolverlos uno por uno, como se ha hecho con el plomo en la atmósfera, los clorofluorocarbonos para preservar la capa de ozono, los compuestos de azufre para evitar la lluvia ácida, etc.".

El tiempo dirá si la minoría disidente del cambio climático son nuevos Copérnicos o más bien como los que se aferraban al sistema de Ptolomeo. Mientras tanto, importa sobre todo que no se desate contra ellos una caza de brujas.

domingo, noviembre 19, 2006

A los treinta años de la reforma política

ABC.es: opinion - firmas - Por Fernando Suárez González

¿Qué sentido tiene olvidar la transacción que fue el éxito de la transición? ¿Qué sentido tiene, treinta años después, volver a exaltar en términos políticos y sin dejar el tema al análisis de los historiadores las excelencias de una República idealizada y los pretendidos méritos democráticos de cuantos luchaban en su favor, atribuyendo la condición de fascistas a quienes impidieron su deriva hacia la dictadura del proletariado?
Como no se explican a los más jóvenes los antecedentes de aquella situación ni las gravísimas responsabilidades de los muchos iluminados políticos que condujeron a ella, y se fomenta la descalificación absoluta de una etapa política que media España recibió con alborozo y casi toda respaldó durante años, aunque sólo fuera por hastío de su propia historia, hemos llegado a una situación rigurosamente patológica: reconciliados los más viejos, son sectores de los más jóvenes, alimentados con el veneno del rencor, quienes reavivan los rescoldos de la guerra civil.
Cualquier observador sereno, cualquier español preocupado por nuestra concordia, tiene que aceptar que detrás de la aparente recuperación de la memoria histórica parece agazaparse un taimado o declarado revanchismo, un afán de reescribir dolorosos episodios nacionales y, en definitiva, de reconvertir la reconciliación en «cambio de tortilla».
Estoy a favor de que se compense cualquier sufrimiento y de que se entierre con decoro a quienes se fusiló en cualquier cuneta, fuera de la de la izquierda o la de la derecha. Jamás puse el menor reparo a que se levantaran estatuas a personajes cuya influencia en la Historia es innegable, aunque la que ejercieron no sea precisamente de mi gusto. He demostrado incluso la mayor comprensión hacia mi predecesor Largo Caballero, aunque me consta que hay todavía españoles vivos que no entienden que se erija una estatua al Lenin español. Yo la vi como un símbolo de que todos habíamos asumido la historia común y de que por fin convivían en una esquina de los nuevos Ministerios, aunque fuera en bronce, quienes la habían escrito durante nuestro último enfrentamiento civil.
Aquel espíritu de pacificación y de superación de incompatibilidades históricas mediante el respeto de todas las ejecutorias se ha venido agusanando y a medida que van desapareciendo los testigos se quiere extender la versión de que en 1975 salimos de una tiranía execrable, de una dictadura de exterminio, de una España gobernada por una pandilla de golpistas que interrumpieron de manera abrupta una idílica situación democrática y metieron al país en un siniestro túnel que duró cuarenta años.
¡A ver qué fuerza política se atreve a poner el menor reparo a la demonización del Generalísimo! ¡A ver quién se atreve a recordar a sus abuelos, si éstos -lejos de mantenerse republicanos- dejaron constancia de que Franco «obtuvo una de las grandes victoria castrenses, políticas y morales que iluminan la Historia de España» o nos lo describieron como el «Caudillo de la Cruzada redentora de España»! Y, sin embargo, este afán de ultrajar su memoria a la vez que se exalta la de quienes con su conducta provocaron la reacción de media España, no sólo no contribuye a la mejor convivencia civil, sino que está despertando enemistades, enfrentamientos y amarguras absolutamente innecesarias y bien fácilmente evitables.
Cuando quitaron la estatua de Franco de la Plaza de San Juan de la Cruz expuse mi opinión a quien debía, sin dar tres cuartos al pregonero. Después retiraron la de la Academia Militar de Zaragoza, donde su director había hecho aquel histórico llamamiento a la disciplina «que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando». ¿Qué es lo que hizo mal Franco en la Academia? ¿A qué viene homenajear a Companys, de quien el presidente del Consejo de Ministros escribió en la Gaceta de Madrid el 7 de octubre de 1934 que había olvidado todos los deberes que le imponía su cargo, su honor y su responsabilidad? ¿Qué explicación puede darse a los más jóvenes cuando se hacen constantes homenajes a quienes vulneraron a ciencia y conciencia la legalidad republicana y los cimientos mismos de la democracia y se vitupera la memoria de quienes se rebelaron, no contra la República, sino contra «la chusma que se había apoderado de ella», aquel «vasto clan de depravados» con quienes Azaña no quiso admitir la menor conexión?
No faltará quien aproveche este modesto pronunciamiento mío para incluirme entre los nostálgicos o para concederme el título de «facha» con que distinguen a cuantos no piensan como ellos. Tendrá sin embargo que malinterpretarme porque yo soy de los que prefieren que Franco esté en la Historia y no en el presente. Es por respeto a la Historia común por lo que escribo lo que escribo.
El silencio para no excitar pasiones puede ser una virtud democrática, pero llega un momento en que puede también confundirse con la cobardía y algunos no queremos merecer ese calificativo. Por eso me atrevo a pedir a los actuales gobernantes que, sin perjuicio de cuantas reparaciones sean posibles, huyan de la tentación de vituperar a media España para tener contenta a la otra media. Aparte, claro, de que resulta estéril el intento de reescribir la Historia y absolutamente pueril el afán de borrar cualquier huella, signo, símbolo o memoria del Régimen de Franco cuando España está repleta de vestigios que la evocan y cuando cada año se celebran -desde 1989 y hasta 2005 (D.m.)- cinco o seis cincuentenarios de realizaciones literalmente memorables.
No desearía irritar a nadie, sino contribuir a recuperar la buena voluntad con que nos entendimos a partir de 1976, pero no me resisto a decir que espero confiadamente en que la supresión de los recuerdos no llegue a la primera página del texto original de la Constitución de 1978, firmado por S. M. el Rey y por los parlamentarios constituyentes y en la que figura con todos los honores el escudo de España que presidió el Régimen de Franco, sin el que nadie puede explicar a los más jóvenes las raíces de nuestra actual vida democrática.

viernes, noviembre 17, 2006

Zapatero I el Innovador

ABC.es: opinion - firmas - Zapatero I el Innovador: "SABIDO es que Felipe González va por ahí diciendo a quien le quiere oír que el peor defecto de Zapatero es que «se cree que ha inventado la política». El diagnóstico es cierto sólo a medias: el presidente tiene una indubitada tendencia al más alegre adanismo, pero es dudoso que ésta resulte la peor lacra de un gobernante que tiene dividida a la opinión pública entre quienes sostienen que es un peligroso resentido y quienes prefieren creer que se trata de un incompetente elevado a la enésima potencia del principio de Peter. Es evidente, en todo caso, que está encantado consigo mismo y siente propensión a compartir con el orbe universal sus frecuentes descubrimientos del Mediterráneo."

lunes, noviembre 06, 2006

¿La Cuarta Guerra Mundial? - Estamos ante una guerra de verdad: la proclamada por el islamismo yihadista

¿La Cuarta Guerra Mundial? - Estamos ante una guerra de verdad: la proclamada por el islamismo yihadista: "Estamos ante una guerra de verdad: la proclamada por el islamismo yihadista
Permalink 06.11.06 @ 17:12:15. Archivado en Informaciones y análisis

'Es mejor estar asustados ahora que muertos pronto' decía Winston Churchill. En los intentos actuales de contener el levantamiento mundial islamista, las cosas no van bien. No van bien en Irak, en Afganistán, en Irán, en Líbano, en Somalia, en Sudán, en Europa y en casi todos lados, no sólo en el terreno de los hechos, sino también en el aspecto ideológico o psicológico, más importante sin duda que los atentados y las escaramuzas. Mientras, se discute que es lo que estamos presenciando: ¿Es exagerado llamarlo guerra?

'La guerra contra el terrorismo islámico trasciende con mucho las capacidades policiales y no es ya una simple cuestión criminal. Es una guerra de verdad, a la vez global y total. Es su victoria o la nuestra y no va a haber puntos intermedios', escribe Rafael L. Bardají.

En Israel, hablan de una agenda oculta de Hezbolá y de que Hassan Nasralá quiere tomar el poder en cinco años en Líbano, basado en un fortalecimiento demográfico y político de los chiíes, y el apoy"

domingo, noviembre 05, 2006

Jeff Jacoby - Escenas de la jihad - Libertad Digital

Jeff Jacoby - Escenas de la jihad - Libertad Digital: "Media docena de escenarios de la jihad global:

* El principal clérigo musulmán de Australia provoca una polémica al equiparar a las mujeres que no llevan el pañuelo islámico con 'carne descubierta' y las culpa de atraer a merodeadores sexuales. 'Si sacas carne sin cubrir y la colocas fuera en la calle, o en el jardín o el parque... y los gatos llegan y se la comen', dijo el jeque Taj al-Din Hilali, '¿de quién es la culpa, de los gatos o de la carne descubierta? Si [la mujer] estuviera en su cuarto, en su casa, con su velo, no habría ocurrido ningún problema.'

* Los secuestradores del fotógrafo italiano Gabriele Torsello amenazan con asesinarlo a menos que Abdul Rahmán, un cristiano converso afgano, sea devuelto a Afganistán y entregado a un tribunal islámico. Rahmán vive en Italia, que le concedió asilo cuando se le condenó a la pena de muerte bajo la sharia en Afganistán por convertirse del Islam al cristianismo.

* El presidente de Irán llama a Israel 'grupo de terroristas' y amenaza con perjudicar a cualquier país que apoye al estado judío. 'Esto es un ultimátum' advierte Mahmoud Ahmadinejad, que ha hecho un llamamiento a la eliminación de Israel y Estados Unidos. 'No os"