domingo, noviembre 27, 2005

Tocqueville

El Catoblepas

El socialismo en tres rasgos

«Discurso pronunciado en la Asamblea Nacional francesa durante la discusión del proyecto de Constitución (12 de septiembre de 1848)»

«Si no me equivoco, señorías, el primer rasgo característico de todos los sistemas que se denominan socialistas es una llamada enérgica, continua, inmoderada, a las pasiones materiales del hombre (señales de aprobación). [...]
»El segundo es un ataque a veces directo, a veces indirecto, pero siempre constante, a los fundamentos mismos de la propiedad individual. [...] lo que digo es que todos [los socialismos], por medios más o menos indirectos, si no la destruyen por completo, la transforman, la disminuyen, la entorpecen, la limitan y hacen de ella algo distinto de esa propiedad individual que conocemos y que se conoce desde que el mundo es mundo. (Señales muy vivas de asentimiento).
»El tercero y último rasgo, el que caracteriza sobre todo a mis ojos a los socialistas de todos los colores, de todas las escuelas, es una profunda desconfianza hacia la libertad, hacia la razón humana; es un profundo desprecio por el individuo, como simple hombre; lo que les caracteriza a todos es un intento continuo, variado, incesante, de mutilar, de acotar, de obstaculizar, la libertad humana de todas las maneras posibles; es la idea de que el Estado no debe ser tan sólo el director de la sociedad, sino también, por decirlo así, el dueño de cada hombre. ¿Qué digo?... Su dueño, su maestro, su preceptor, su pedagogo (¡Muy bien!); que por miedo a que desfallezca, debe colocarse sin cesar a su lado, por encima de él, a su alrededor, para guiarle, preservarle, mantenerle, retenerle; en una palabra, es la confiscación, como decía antes, en mayor o menor grado, de la libertad humana. (Nuevas señales de aprobación). Hasta tal punto que si, en definitiva, tuviese que encontrar una fórmula general para expresar lo que me parece el socialismo en su conjunto, diría que es una nueva forma de servidumbre. (Muy viva aprobación)»

Pensamiento Alicia, sobre la Alianza de las Civilizaciones

Gustavo Bueno, El Catoblepas

"El pensamiento de una «Alianza de las Civilizaciones», fruto emblemático del «Pensamiento Zapatero», tal como nos ha sido presentado por los medios de comunicación y, en particular, por la revista femenina Marie Claire, durante la visita de su creador a la sede de la ONU en Nueva York, es, en efecto, un genuino espécimen del «Pensamiento Alicia». Nos pone este pensamiento –el Pensamiento Zapatero– ante un escenario planetario muy próximo en el cual las civilizaciones realmente existentes habrán dejado de alimentar sus conflictos (el pensamiento Zapatero sale así al paso de las pretensiones de Huntington, en el sentido de que los conflictos entre las civilizaciones son inevitables) y habrán olvidado sus guerras, llegando a comprenderse y abrazarse, aceptando unos los credos de los otros. «Esta es la casa de todos, sin diferencias, de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen, de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen. Fue en esta sala –dice el Pensador (Rodríguez Zapatero)– donde tuve la certeza de lo necesario que resulta la Alianza de las Civilizaciones.» De este modo cristalizó, según informe de su autor a la citada revista femenina, lo que ahora llamamos «Pensamiento Zapatero».

Un pensamiento que nos ofrece la representación de un mundo futuro pacífico, feliz y «a la mano», pero sin decirnos los medios que pueden conducir a él, ni los métodos que nos van a permitir evitar las guerras, las diferencias entre los pobres y los ricos, o las distancias entre los politeístas, los monoteístas o los ateos. Simplemente se nos pone delante de este mundo maravilloso como algo que ya puede considerarse como dado, porque acaso sólo es la codicia, la estupidez o la ignorancia de algunos hombres lo que nos separa de él.

Pero la Alianza de las Civilizaciones está ahí al lado. Bastará que una Asamblea de las Naciones Unidas –cuyo Secretario General, como hemos dicho, ha aceptado el Pensamiento Zapatero– decida reflexionar sobre el asunto para que los caminos hacia la Alianza de las Civilizaciones queden despejados. De hecho la ONU ya ha creado el GAN (Grupo de Alto Nivel) con quince miembros de dieciséis países (...)"

"Es bien sabido que los musulmanes han considerado tradicionalmente blasfemos a los cristianos que creen en el Dogma de la Santísima Trinidad, que ellos ven como una creencia descaradamente politeísta. Según esto, suponer que es «indiferente», para conseguir la concordia universal, ser monoteísta, politeísta o ateo, es pedir el principio, es suponer que a los creyentes cuando se sumergen en el océano del Género humano les da lo mismo una cosa u otra, lo que equivale a suponer que no creen: pero esto es lo que se trata de demostrar. Y no entramos en la paradoja del «monoteísmo pluralista», en la paradoja del monoteísmo que se manifiesta a propósito de las tres religiones monoteístas en torno a la cual gira el drama (Nathan el Sabio), de Lessing (cuya lectura recomendamos al Sr. Zapatero, así como al señor Kofi Annan, al Sr. Moratinos y al Sr. Mayor Zaragoza). Pero el irenismo de Lessing, en cuanto racionalista, implicaba la demolición de cada una de las tres religiones positivas, de sus dogmas, sacramentos, sacerdotes, imanes o rabinos, incluso de los templos; es decir, desde un punto de vista práctico, reproducía e intensificaba los conflictos sociales y eclesiásticos entre las tres religiones del Libro, en lugar de atenuarlos. (...)"

"Las circunstancias materiales que privan de sentido objetivo al proyecto de una Alianza de Civilizaciones tienen que ver con la incompatibilidad de las mismas civilizaciones que han sido homologadas precisamente por su disposición («vocación», «tendencia», «necesidad», «ortograma») cosmopolita. Todas las civilizaciones son iguales. Todas, o muchas de ellas, están de acuerdo en su horizonte cosmopolita. Pero este acuerdo es precisamente el que determina su incompatibilidad, y deja en el aire su supuesta voluntad de alianza: «mi primo y yo, dice Francisco I a Carlos V, estamos siempre de acuerdo: ambos queremos Milán».

La alianza entre civilizaciones, en sentido estricto, es imposible, salvo que se esté dispuesto a destruir alguno de los aliados o todos. ¿Cómo hacer compatible la poligamia con la monogamia sin destruir uno u otro sistema, o ambos? Otro tanto se diga cuando nos referimos a la convivencia de los matrimonios heterosexuales y los homosexuales: la institución de la familia puede darse por desaparecida a partir de un determinado porcentaje de matrimonios homosexuales. ¿Y el derecho de propiedad? ¿Cabe una alianza entre civilizaciones que contienen entre sus instituciones la propiedad privada de los medios de producción y aquellas otras que consideran necesario destruir esta institución en nombre del comunismo? ¿Tiene algún porvenir, como modelo de civilización universal, el proyecto de Den Xiaoping de hacer de China un país con dos sistemas?

¿Y cómo entender una alianza entre civilizaciones, una de las cuales esté organizada según el modelo de las democracias parlamentarias, y otra según el modelo de la dictadura del proletariado? Tampoco tiene sentido una alianza entre una civilización cristiana (cuyo consustancial proselitismo le obligará, por amor a los demás hombres, a extender su doctrina y sus sacramentos) y una civilización islámica (cuyo consustancial proselitismo le obligará a extender la valoración del dogma de la divinidad de Cristo como una blasfemia). Solo cuando ambas civilizaciones hubieran perdido la fe proselitista salvadora de sus dogmas y sacramentos, es decir, cuando hubieran dejado de ser cristiana o musulmana, la Alianza sería posible; pero ya no sería una alianza entre tales civilizaciones, sino entre sus cadáveres.

Pero las circunstancias formales que vacían de todo significado al proyecto de una Alianza de Civilizaciones tienen si cabe más fuerza que las circunstancias materiales. Una alianza entre civilizaciones presupone la posibilidad de representantes personales o comisarios de tales civilizaciones que sean capaces de pactar. Pero, ¿quién puede asumir con títulos fundados la representación de una «civilización» en el momento de tratar de establecer una alianza con otras?

¿Acaso la alianza entre la «civilización católica» y la «civilización musulmana» puede llevarse a cabo a través de la negociación entre el Papa de Roma y el Imán de Bagdad? ¿O es que se supone que las civilizaciones, entidades impersonales, pueden sin embargo establecer alianzas entre sí? (...)"

"Se habla, en efecto, de civilizaciones, pero no se las delimita ni se las identifica, ni se da prueba de su existencia. Y cuando se busque precisar de qué se está hablando (como suponemos que lo buscarán los que acudan a la conferencia del GAN en Mallorca, a finales de este mes de noviembre) podremos enterarnos de qué se habla en efecto.

Pero podemos saber de antemano que no se va a hablar de una Alianza de las Civilizaciones, sino por ejemplo de algunos convenios de intercambio de maestros, de algún seminario de confrontación entre técnicas agrícolas o industriales, de ayudas económicas o de condonación de deudas exteriores, de convivencias de clérigos de diferentes confesiones, es decir, de operativos para poner en juego, a través de los Estados que se presten a ello, o de las ONGs, que se prestarán inmediatamente sin duda, a la confrontación de instituciones diversas, como se ha hecho siempre entre los pueblos, los Estados e Iglesias, siguiendo unas leyes económicas que muy poco tienen que ver con la Alianza de las Civilizaciones. Esta Alianza es sólo una denominación grandilocuente y retórica que solo puede dar lugar, dada la enormidad de su punto de partida, al parto de los montes.

Pero hay algo más. No se trata sólo de un proyecto inocuo y de buena fe, de un libre ejercicio de «Pensamiento Alicia». Lo que en el terreno literario puede dar lugar a resultados agradables e inofensivos, el Pensamiento Alicia aplicado a asuntos de política y economía reales puede ser sumamente peligroso y ofensivo.

En efecto, el Pensamiento Alicia en asuntos como aquellos de los que se ocupa el pensamiento Zapatero, desvía, por de pronto, la atención de los problemas reales, como puedan serlo los conflictos entre grupos o clases sociales, o entre ricos y pobres; desdibuja la realidad y transfiere sus problemas a una escala –civilizaciones– inasible por cualquier hombre práctico; encubre, bajo las fantasiosas ideas de las «civilizaciones», los problemas reales e impide centrarlos en sus quicios propios. Lo que el Pensamiento Alicia puede tener de interesante en el terreno literario lo tiene de vergonzoso cuando se aplica a la política y a la cultura como lo hace el Pensamiento Zapatero.

¿Queremos decir con esto que el Pensamiento Zapatero, el Pensamiento de la Alianza de las Civilizaciones no tenga porvenir?

En modo alguno, al contrario, en cuanto pensamiento. Precisamente su condición de Pensamiento Alicia puede abrirle la puerta de millones y millones de individuos con las entendederas sintonizadas para recibir este pensamiento (Cómo ganar amigos de Carnegie, una obra desarrollada según los métodos del Pensamiento Alicia, lleva ya vendidos varios millones de ejemplares).

Pero por mucho que progrese el Pensamiento Zapatero sobre la Alianza de las Civilizaciones, por muchas sesiones del GAN, por muchas ONGs, reuniones, congresos, seminarios, libros y televisiones que se dediquen a desarrollarlo y cultivarlo, lo que no habrá avanzado ni un solo milímetro es la misma «Alianza de civilizaciones». ¿Cómo podría avanzarse hacia una alianza entre entidades imaginarias cuyos límites sólo pueden ser dibujados en el País de las Maravillas?"

Sabiduría divina

Se dice que cuando Dios creó el mundo, para que los hombres y mujeres prosperasen decidió concederles dos virtudes.

Así:

- A los suizos les hizo ordenados y cumplidores de la Ley.
- A los ingleses les hizo persistentes y estudiosos.
- A los japoneses les hizo trabajadores y pacientes.
- A los italianos, alegres y románticos.
- A los franceses les hizo orgullosos y refinados.
- A los norteamericanos les hizo patriotas y liberales.
- A los suecos les hizo valientes y guerreros.

Y así sucesivamente.

Cuando llegó a los españoles, se volvió hacia el ángel que tomaba nota y le dijo:

- "Los españoles van a ser: inteligentes, buenas personas y del Partido Socialista"

Cuando acabó de crear el mundo, el ángel le dijo a Dios: "Señor, le diste a todos los pueblos dos virtudes y a los españoles tres. Esto les coloca en una superior diferencia y hará que prevalezcan sobre todos los demás".

"Pues es verdad", recapacitó Dios, y añadió: "Bueno como las virtudes divinas no se pueden quitar, que los españoles a partir de ahora tengan tres, pero la misma persona no podrá tener más de dos virtudes a la vez".

Por eso:

- El español que es del PSOE y buena persona, no puede ser inteligente.

- El que es inteligente y del PSOE, no puede ser buena persona.

- Y el que es inteligente y buena persona, no puede ser del PSOE..

viernes, noviembre 25, 2005

Los auténticos fascistas



Desfilada dels Escamots d'Estat Català (Barcelona, 1931)

Estos son los famosos escamots de la Esquerra Republicana de Carod Rovira, los auténticos y únicos fascistas que ha habido y hay en España.

Noticia del 24 de octubre de 2004 de El Mundo de las Islas Baleares:

"Esta semana ocho encapuchados atacaron al profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona, Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana y uno de los oradores que ayer tenía que presentar la Plataforma en Palma.

Los encapuchados llenaron de pintadas y panfletos la zona donde se ubica el despacho de Caja y llegaron a tapiar la puerta de acceso a las dependencias de ésta. Ayer, en Palma, Juan García Santandreu, presidente de la Plataforma, se solidarizó con el profesor agredido. García Santandreu aseguró que los autores del hecho o sus afines habían llegado a jactarse de su obra «hasta el punto de que han colgado la noticia en una de sus páginas de Internet».

Antes Rafael Manzano, que acudió en sustitución de Caja (que debió permanecer en Barcelona para seguir acciones judiciales contra sus atacantes) había dibujado una situación preocupante.

«Los catalanistas -dijo- tienen sus escamots [comandos en catalán] para partirte la cara si abres la boca o para expulsarte de tu trabajo si puedes hacerlo. Estos escamots, que no tenemos que olvidar que tienen sus antecedentes en los que creó Macià [primer presidente de la restaurada Generalitat de Catalunya, de 1931 a 1933] actúan como las SA y las SD, grupos de represión de Hitler», señaló.

Manzano homologó la actuación de los catalanistas a la del régimen hitleriano, destacando que pretenden unificar regiones bajo el «imperio catalán» por considerar que tienen determinadas afinidades culturales, «como hizo Hitler con los Sudetes o con el Norte de Francia»."

La Francia eterna -

José María Marco - Libertad Digital

Clemenceau, el Tigre, el vencedor de los alemanes en la Primera Guerra Mundial, proclamaba que “la Revolución es un bloque”. Quería dar a entender que los franceses debían sentirse orgullosos de toda la Revolución: de la declaración de los derechos humanos y del saqueo de los sepulcros reales de Saint Denis y las jornadas del Terror.

En la escuela francesa se recordaban como si fueran objeto de culto las jornadas revolucionarias de julio de 1830 (las “Tres Gloriosas”) las barricadas de 1848 e incluso la Comuna de 1870, cuando quemaron la alcaldía de París. Mayo 68 fue una explosión de energía juvenil y vitalista. De este largo rosario de salvajadas y estupideces elevadas a categoría de rasgo de identidad nacional, quedaba excluida la Fronda del siglo XVII porque sus protagonistas eran unos aristócratas a los que no les gustaba la monarquía absoluta. Demasiado reaccionarios.

Tal vez sea esa la suerte que se le reserve a la actual sublevación de los barrios “sensibles”. Pero en buena lógica, los franceses deberían sentirse orgullosos de este brote de rebeldía que demuestra una vez más que la Francia eterna, la eterna rebelde, no ha perdido su alma. ¿Qué pasará?

Los bienpensantes, que son casi toda la clase política, intelectual y periodística, andan dándole vueltas a cómo interpretar lo que está ocurriendo sin romper de una vez con el multiculturalismo. Francia había encontrado una forma ideal de no enfrentarse al problema de la integración de los inmigrantes musulmanes: hacer como si no hubiera conflictos entre el islamismo y la cultura occidental y dejar que la gente se pudra en los guetos de las afueras. El estallido de estos días muestra hasta qué punto el multiculturalismo y el relativismo son la forma moderna del racismo. Encontrarán la manera de salvarlo, ya lo verán.

El Estado, aparte de reaccionar tarde y mal en la defensa del orden público, ya ha anunciado las nuevas medidas. Según Le Monde, los “equipos de éxito escolar” que disponen de un presupuesto para ayudar a los jóvenes con dificultades (sin necesidad de dar cuentas de cómo utilizan los fondos públicos) pasarán de 175 a 750. Los tutores de los 70.000 jóvenes que han firmado “contratos de inserción en la vida social” (CIVIS) (sic) deberán encontrarles (a los jóvenes, resic) trabajo o formación ya, pero ya mismo. El programa “Pacto”, por su lado, permitirá a 100.000 jóvenes sin calificación acceder a la función pública sin pasar por las oposiciones. ¿Qué no les darán a los que tengan calificaciones o a los que no quemen coches?

En vez de empezar a reformar un Estado de bienestar cuya finalidad fundamental es defender los privilegios de los funcionarios y de quienes tienen un puesto de trabajo, marginando a más del 40 por ciento de los jóvenes inmigrantes, el gobierno francés se dispone a aumentarlo. Dentro de pocos años habrá más pobreza, más marginación y por supuesto más violencia. Pero podemos estar tranquilos: el espíritu rebelde del alma gala no habrá desaparecido. Sobrevivirá, subvencionado, porque forma parte de la excepción cultural.

Azaña y Peces Barba: Máscaras del sectarismo

En algunas fotos recientes, Gregorio Peces Barba guarda un sorprendente parecido con un personaje de la historia española del siglo pasado. Vean ustedes algunas de las fotos que le hicieron a Azaña en los últimos años, en particular en sus últimos meses. Comparen luego con las últimas de Peces Barba. Se parecen muchísimo

Es el mismo corte de cara, la misma boca, la misma mirada un poco extraviada o concentrada en una visión interior, una visión que por lo que se adivina, debe ser atroz.

En el caso de Azaña, sabemos en parte lo que veía: su miedo, la conciencia de su responsabilidad, el sufrimiento, la destrucción y los miles de muertos que el régimen republicano había provocado.

En el caso de Peces-Barba, es más difícil decirlo, porque a pesar de su repulsiva conducta con las víctimas del terrorismo, Peces-Barba no tiene ni de lejos la dimensión trágica de las responsabilidades que asumió Azaña.

Pero algo debe haber que los hermana en el tiempo.

En contra de lo que se ha dicho muchas veces, no hay un último Azaña arrepentido de su conducta. Lo que hay es un Azaña que se sabe culpable, eso sí. Y además, y sobre todo, un Azaña obsesionado con el papel que la historia le asignará en la tragedia española. Al final, Azaña habría dado cualquier cosa con tal de rectificar su alianza con los nacionalistas catalanes y con los socialistas, a los que siempre despreció, por otra parte. Pero no lamentó nunca su proyecto político. Lo consideró fracasado por culpa de sus aliados, no en sí mismo. Fue un fracaso accidental. Hasta el final, Azaña siguió siendo el mismo sectario que siempre quiso ser.

Y eso, justamente, es aquello en lo que se parecen Peces-Barba y Azaña. También en Peces-Barba hay esa voluntad decidida de no estar dispuesto a rectificar nunca. Los dos están convencidos de que tienen razón, que la tenían antes y que la tendrán siempre, pase lo que pase, en el caso de Peces-Barba incluso cuando los etarras o los islamistas vuelvan a asesinar en España. En el fondo, para Peces-Barba las víctimas del terrorismo son simples peones en la fantasmagórica lucha que el socialismo español sigue empeñado en mantener con una derecha que sólo existe en su imaginación, como Azaña se inventó una lucha que él llamaba quijotesca con la España tradicional. Más aún: Azaña lo intuía en su tiempo, y Peces-Barba intuye ahora, que sin esa fantasmagoría todo su proyecto se viene abajo.

Por eso, las víctimas del terrorismo son buenas si aceptan el papel que la izquierda les quiere dar. Dejan de serlo en cuanto asumen la dignidad que les corresponde, una referencia moral ajena al partidismo político. Entonces se convierten en víctimas no ya del terrorismo sino de esa derecha fantasmal a la que Peces-Barba y Azaña plantan la misma triste, patética máscara.

Así manipula... El País

¡Cibeles ha encogido!. Por María Rojo. Época

No dejes que unos metros cuadrados de más te estropeen un titular. A El País no le importa falsificar datos y cifras y añadir algún cero de más en sus informaciones, en aras de darle un empujoncito a la menoscabada popularidad del presidente Zapatero. La manifestación del 18 de junio contra las bodas homosexuales congregó, según este periódico, a 180.000 personas (1,5 millones según los organizadores y 700.000 según la Comunidad de Madrid).

Pero el cómputo tenía truco. Al día siguiente, el periódico cogió escuadra y cartabón, y publicó un gráfico del tramo correspondiente entre la Puerta del Sol y la plaza de la Cibeles. Según el dibujo, Cibeles mide 4.000 m2; la calle Alcalá, que une ambos puntos, 29.000 m2, y la Puerta del Sol 12.000 m2.

Sin embargo, tres años antes la superficie -siempre según El País- era diferente. Consultando la hemeroteca, el 22 de junio de 2002, dos días después de la huelga general del 20-J, vemos que en El País la plaza de la diosa Cibeles ha crecido y Alcalá se ha alargado. Según el gráfico de este número, hace tres años Cibeles no medía los 4.000 m2 de ahora, sino 16.000, y la calle Alcalá no sumaba un total de 29.000, sino 56.000 m2. El periódico, menos mal, no se atreve a aplicar el coeficiente reductor a Sol (mantiene 12.000 m2 en ambos gráficos). Sin duda, ya tenía bastante con los metros de más de Cibeles y Alcalá. El caso era engordar el cómputo de asistentes... porque la manifestación fue contra Aznar.

Si El País es capaz de manipular algo tan poco opinable como la superficie que tiene una plaza, qué no se atreverá a hacer con otros muchos temas relevantes.

La CNT acusa a la UGT de utilizar los fondos devueltos para tapar agujeros inmobiliarios - Libertad Digital

EXIGE LA RESTITUCIÓN DE SU PATROMONIO "INCAUTADO"

La CNT ha exigido al Gobierno que la restitución del patrimonio histórico sindical se realice sin "discriminaciones" entre las distintas organizaciones que solicitan la devolución de bienes supuestamente incautados durante la Guerra Civil, al tiempo que ha recalcado que no utilizará el legado económico que le sea devuelto "para tapar ningún agujero inmobiliario", en alusión a la UGT. CCOO ha anunciado que emprenderá acciones jurídicas.

La central sindical pidió además al Ejecutivo en un comunicado que no use el patrimonio sindical histórico "como instrumento de favor político", al tiempo que recalcó que "difícilmente" se puede entender que el Gobierno reintegre a UGT un patrimonio "60 veces mayor" que el reconocido a CNT, cuando ambas organizaciones eran "parejas" en los años treinta.

Ali Lmrabet afirma que la "Alianza de Civilizaciones" de Zapatero es "una farsa" y un "eslogan electoral" - Libertad Digital

El periodista disidente marroquí Ali Lmrabet, destacado intelectual encarcelado por su oposición al régimen de Mohamed VI, ha calificado de "farsa" y "eslogan" la llamada "Alianza de Civilizaciones" propuesta ante la ONU por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Para Lmrabet, que pronunciará en Palma la conferencia "Marruecos: Libertades y democracia", dijo que la política exterior de España está siendo "entreguista".

miércoles, noviembre 23, 2005

Aumentan las agresiones sexuales: España, más cerca de los países nórdicos

La cifra en este tipo de delitos supera incluso en un 20 por ciento a la de la violencia doméstica y aleja al Estado español del grupo de países de mayoría católica y modelo familiar tradicional, como Polonia o Irlanda

El número de agresiones sexuales atendidas en las urgencias del Hospital Clínico de Barcelona, centro sanitario de referencia en España para estas atenciones, ha aumentado hasta un 70 por ciento en relación con 2004. La cifra registrada en este tipo de delitos supera incluso en un 20 por ciento a los provocados por la violencia doméstica y aleja al Estado español del grupo de países de mayoría católica y modelo familiar tradicional, como Polonia o Irlanda. España se acerca así a las estadísticas de los países nórdicos, donde se produce el mayor número de agresiones a mujeres y feminicidios.

Hasta los inicios del presente siglo, España se caracterizaba por un relativo bajo índice de agresiones sexuales y feminicidios, o sea asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, estando en la línea de países católicos como Polonia e Irlanda. Está tendencia está cambiando en los últimos años y, más que en los casos de feminicido en sí, se observa un preocupante crecimiento de las agresiones sexuales.

Como se puede observar en la siguiente tabla, a cuyos datos hicimos referencia en una anterior información publicada el pasado 14 de noviembre, España empieza a acercarse a esa serie de países nórdicos paradigma de la libertad y de las leyes paritarias, donde los hijos fuera del matrimonio superan a los que viven en familia y donde existe una menor práctica religiosa; unos países líderes en cuanto al número de mujeres que mueren asesinadas por sus parejas.

Despegue negativo


Los datos, que corresponden al 2000, están extraídos del Informe internacional 2003. Violencia contra la mujer, Estadísticas y legislación, publicado por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. En ellos se puede observar ya un cierto despegue negativo de las cifras de feminicidios cometidos en España en comparación a Polonia e Irlanda. Los países que encabezan el dramático ranking son Finlandia, Noruega, Dinamarca y Suecia.
Ese despegue de España, en cuanto al número de delitos cometidos contra las mujeres, se hace especialmente evidente en el caso de las agresiones sexuales registradas en los servicios de urgencias del Hospital Clínico de Barcelona, con especial incidencia en la participación de jóvenes en este tipo de agresiones.

En un año, un 70 por ciento más de agresiones

Los alarmantes datos de este centro hospitalario muestran que, desde enero hasta octubre de 2004, se produjeron un total de 99 agresiones sexuales atendidas en los servicios de urgencias; mientras en el mismo período de 2005 el número de estos delitos alcanzó una cifra de 168 personas agredidas.

El Clínico atiende una media de 17 víctimas al mes, o sea, más de una cada dos días. De continuar con esta previsible progresión, este año se podría cerrar con un total de más de 200 agresiones sexuales.

Más agresiones sexuales que violencia doméstica


Cabe resaltar que el número de agresiones sexuales supera incluso en un 20 por ciento al de las cifras resultantes de la violencia doméstica. En los diez primeros meses de 2004, el número de víctimas por este tipo de delitos fue de 142 personas atendidas como consecuencia de malos tratos. En todo 2004 fueron atendidas un total de 182 personas.

sábado, noviembre 19, 2005

Los dineros de la Iglesia

JUAN MANUEL DE PRADA. abc

HACE unos días, el Congreso votaba una enmienda que pretendía retirar el complemento presupuestario que la Iglesia católica percibe anualmente del Estado. La enmienda fue rechazada mayoritariamente por los parlamentarios, si bien hasta seis diputados socialistas infringieron la disciplina de voto, alarde de bizarría que no mostraron en otras votaciones recientes mucho más peliagudas. De lo que se trataba, en fin, era de trasladar a la opinión pública la imagen de una Iglesia que sigue disfrutando de privilegios y esquilmando el erario público. Convendría especificar, sin embargo, que dicho complemento presupuestario, que suele oscilar entre los 30 y los 40 millones de euros, constituye tan sólo una décima parte del presupuesto anual de la Iglesia, que en sus dos terceras partes se abastece de las aportaciones de los fieles; del tercio restante, la cantidad más abultada la obtiene la Iglesia a través de la asignación tributaria, que una porción nada exigua de españoles destina a su sostenimiento a través de un porcentaje ínfimo del impuesto sobre la renta (el 0,52 por ciento, para ser exactos). Bastaría con que dicho porcentaje se incrementase al 0,8 por ciento, como ocurre en Alemania o Italia, para que la Iglesia pudiera autofinanciarse, renunciando a ese complemento que el anticlericalismo rampante utiliza como levadura para alimentar viejas rencillas.

Entre 30 y 40 millones de euros, repito. Enunciada así, en esa demagógica descontextualización que conviene a los propagandistas del odio, la cifra puede ser considerada por muchas gentes ingenuas y bienintencionadas una exacción intolerable. ¿Por qué, en cambio, no se informa a los españoles del dinero que la Iglesia revierte sobre la sociedad y ahorra a las administraciones públicas? Reparemos, por ejemplo, en las partidas destinadas a la educación. Una plaza en la escuela pública, por alumno y curso escolar, le exige al erario público (utilizo datos suministrados por el Ministerio de Educación) un desembolso de 3.517 euros; una plaza en la escuela concertada tan sólo 1.840. Teniendo en cuenta que el 70 por ciento de las plazas de la escuela concertada corresponden a centros católicos, descubrimos que la Iglesia ahorra al erario público alrededor de 2.300 millones de euros, cifra ligeramente superior a la que el Estado aporta como complemento presupuestario para su sostenimiento. Si probamos a calcular la ingente labor social y asistencial de la Iglesia, descubrimos que las cantidades que se dedican a paliar el sufrimiento y la miseria de los sectores más desfavorecidos de la sociedad dejan también chiquito ese complemento. Así, por ejemplo, el presupuesto de Cáritas durante el pasado ejercicio ascendió a 163 millones de euros, de los cuales más del sesenta por ciento -cerca de 100 millones- lo cubren las cuotas de sus asociados y las aportaciones de los católicos, a través de donaciones y colectas parroquiales; este porcentaje se eleva hasta el 83 por ciento en el presupuesto de Manos Unidos, que el pasado año logró recaudar 35 millones de euros procedentes de las cuotas de colaboradores y de las colectas. Son sólo dos ejemplos entre los miles de establecimientos y entidades católicas consagrados en cuerpo y alma a la ayuda de los más necesitados; ayuda que, naturalmente, la Iglesia seguirá prestando cuando deje de percibir el tan cacareado complemento presupuestario, porque su generosa aportación al bien común no depende de la componenda política, es fruto de un mandato divino.

El otro día, paseando por la plaza de la Marina Española, vi llegar el automóvil del presidente del Gobierno, que acudía a una sesión de control del Senado. Le hubiese bastado, al bajar del coche, con alzar la vista para contemplar a los mendigos que entraban en un centro de Cáritas, donde se les brinda comida y refugio frente a la intemperie. Ahí, señor presidente, ahí se destinan los dineros de la Iglesia.

Libertad sin ira

ANDRÉS OLLERO TASSARA. abc.es

Por eso no me extrañó que en el contexto de una multitudinaria manifestación volvieran a oírse, treinta años después, con impactante oportunidad esos sones que invitan a una libertad sin ira. En su escenario original supusieron una llamada a los sectores más rígidos de nuestra sociedad, para que no tuvieran miedo a la libertad ni se sintieran amenazados por ella, a la vez que se les hacía recapacitar sobre lo inútil de cualquier actitud reaccionaria. La invitación no resulta ahora menos necesaria, cuando no faltan núcleos radicales que manifiestan similar rigidez, quizá por saberse minoritarios aun disponiendo de los resortes del poder. Reaccionan con un recelo no exento de enojo laicista cuando, con exquisito respeto a las formas democráticas, se proponen soluciones bien distintas a las que están imponiendo con la displicente actitud de superioridad del déspota que se cree ilustrado.

Pío Moa - Conveniencia de la enseñanza cristiana - Libertad Digital

La enseñanza cristiana en la escuela me parece muy conveniente, y no sólo porque la pida una gran mayoría de padres. Lo lamentable sería que dejaran de pedirla. Por resumirla mucho, podemos sintetizar la instrucción cristiana en la enseñanza y comentario de los Diez Mandamientos, más la historia y cultura ligada a ellos. Esos mandamientos condenan la corrupción económica y sexual, la mentira y la calumnia, prohíben matar salvo en defensa propia, prescriben honrar a los padres, es decir, en sentido amplio, a la tradición y el legado cultural heredado, etc.

Lógicamente estos mandamientos no pueden gustar a los hedonistas ávidos de fondos públicos y de toreo de alcoba, convencidos de que la historia empieza, y acaso termina, con ellos, pues la muerte acaba con todo; convencidos de que la droga constituye ante todo una experiencia placentera, de que la familia, sobre todo la cristiana, es una institución opresora que el estado debería socavar y erradicar en lo posible, de que las no menos opresivas nociones de bien y mal debieran dejar paso a lo divertido y lo fastidioso, etc. El hedonismo progre ha alentado un tipo de enseñanza acorde a esas concepciones, y no puede negarse que ha tenido resultados importantes: expansión de la droga y el alcoholismo entre la juventud, la pérdida de referentes morales, altos índices de fracaso escolar, de fracaso matrimonial, de delincuencia juvenil y no juvenil (pues llevan muchos años de aplicación), de embarazos y abortos de adolescentes, enfermedades sexuales y otros así. No estoy seguro de si son éstos los objetivos de esa enseñanza, me inclino a creer que sí, porque año tras año sus promotores persisten en ella, y aun la extreman, sin prestar atención a sus efectos.

¿Se forman así buenos ciudadanos? Lo dudo, pero reconozco que eso va en gustos. Por ello, los partidarios de esa educación debieran reservarla para sus hijos y no obligar a todo el mundo, utilizando los fondos públicos, a someterse a sus criterios. Esto último me parece una actitud abusiva y de corte totalitario. Además, he leído que la mayoría de los dirigentes socialistas y similares evitan mandar a sus hijos a centros públicos.

En cambio creo que la enseñanza cristiana, por lo ya dicho, tiende a formar el carácter individual y también a ciudadanos responsables. Es una opinión particular, si quieren, pero extendida, hoy por hoy, entre una amplia mayoría de la población. Por lo tanto, la enseñanza pública debiera atender a los deseos de esa mayoría, sin menoscabar los de la minoría progre-hedonista.

Además, considero que los valores y la proyección ciudadana de una enseñanza cristiana pueden ser compartidos por mucha gente no cristiana (yo mismo), e incluso atea, exceptuando en tal caso los dos primeros mandamientos, pero no entraremos aquí en la fundamentación de la moral.

Hay otra razón de mucho peso en pro de la enseñanza cristiana: la cultura española está impregnada de cristianismo hasta la médula. Viajando por el país encontramos en todas partes iglesias, ermitas o catedrales, muy a menudo los edificios más bellos y sugestivos de cada población, e incluso una fuente de atracción de turismo. O monasterios que han sido focos de cultura y a veces siguen siéndolo. Instituciones clave de la vida actual, como las universidades, tienen también origen cristiano. Nuestro lenguaje, nuestra literatura, nuestras artes, nuestras tradiciones de todo tipo, están empapadas de cristianismo católico. Renunciar a ese inmenso bagaje o diluirlo poniéndolo al mismo nivel que cualquier otra religión o creencia, sólo puede ocurrírseles a auténticos bárbaros, herederos de aquellos que, no hace tanto, asesinaban a mansalva a clérigos y creyentes, quemaban iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza o destruían obras de arte invalorables por el delito de ser católicos. Vale la pena notar que quienes se sienten sucesores de aquellos “progresistas” no han expresado nunca el menor arrepentimiento ni la menor lamentación por tales actos. Persiste, por el contrario, una satisfacción mal disimulada al respecto.

No hablo, obsérvese, de una enseñanza religiosa en general, sino precisamente cristiana. Por supuesto, el estado es laico, pero no debe hacer del laicismo una seudorreligión sustitutoria. Y debe atender a otras religiones minoritarias, en especial a la musulmana, actualmente en auge debido a una política deliberada de los gobernantes progre-hedonistas. Pero sin olvidar dos cosas: que los musulmanes llegan a España con la peligrosa idea de que este país les pertenece, y que la religión musulmana quizá no sea incompatible con la democracia, pero no ha producido o tolerado un solo estado musulmán democrático, con la parcial excepción de Turquía.

El cristianismo, en cambio, no sólo es compatible con la democracia pues constituye la raíz misma de ella, aunque la Revolución francesa se haya manifestado furiosamente antirreligiosa, y haya originado, de paso, los totalitarismos genocidas del siglo XX. La corriente liberal anglosajona ha resultado mucho mejor, más pacífica y más evolutiva, como es sabido. Y a nosotros nos convendría recobrar las tradiciones pre liberales y pre democráticas del Siglo de oro, formuladas por diversos pensadores eclesiásticos.

No ignoro la existencia de una vastísima literatura, a menudo panfletaria, virulenta e insultante, dedicada a probar la incompatibilidad del catolicismo con la democracia. Sin embargo la experiencia histórica pesa más que los panfletos: durante la república, la derecha influida por la Iglesia respetó la legalidad y derrotó la insurrección izquierdista del 34 invocando las libertades y manteniendo después éstas. Y fueron esas izquierdas comecuras, siempre con la palabra libertad en la boca, las que destruyeron la democracia y causaron, con ello, la guerra civil.

Savater y otros muchos tienen derecho a exponer y defender sus posiciones en estos asuntos, pero no tanto derecho a pretender imponerlas a los demás. Y no deben cometer el error de pensar que quienes discrepamos de ellos carecemos de argumentos. Insistiré con otras palabras: creo que la enseñanza cristiana formará a mejores ciudadanos que la enseñanza progre-hedonista, y que una religión que empapa nuestra cultura no puede erradicarse de la enseñanza sin destruir esa cultura misma.
Y a partir de ahí critiquemos a la Iglesia, tan digna de crítica en muchas cosas.

domingo, noviembre 13, 2005

De visita en el Vaticano. Por JUAN MANUEL DE PRADA. abc.es

DE surrealista -por expresarlo piadosamente- podemos calificar la reunión de la vicepresidenta con el cardenal Sodano. El mismo Gobierno que ni siquiera se dignó inmutarse cuando se le presentaron más de tres millones de firmas en apoyo de la clase de Religión; el mismo Gobierno que exhortó a los españoles a retirar sus aportaciones voluntarias al sostenimiento de la Iglesia a través del impuesto sobre la renta; el mismo Gobierno que ha permitido con complacencia que los símbolos más venerados por los católicos sean ultrajados o escarnecidos; el mismo Gobierno que ha amenazado con estrangular las vías suplementarias de financiación de la Iglesia, pensando absurdamente que así convertiría a los obispos en un hatajo de lacayos; el mismo Gobierno que a través de sus prolongaciones mediáticas exacerba y azuza el sentimiento anticlerical; el mismo Gobierno que se ha negado a dialogar con la Iglesia sobre el proyecto de ley que en estos días provoca la contestación social; ese mismo Gobierno que ha querido confinar a los católicos en el ostracismo social envía a su vicepresidenta a Roma, para puentear a los irreductibles y ultramontanos obispos españoles. Si hubiese leído que la vicepresidenta había viajado a la Santa Sede para presentar su colección indumentaria otoño-invierno en tonos cuaresmales (lilas y morados hasta en la sopa) mi estupor no habría sido tan mayúsculo. Pero ha bastado que me imagine los desarreglos, trasudores y ataques de epilepsia que la visita vaticana habrá provocado en la buena señora (comparables a los de la niña de «El exorcista» cuando la aspergeaban con el hisopo) para que mi estupor se haya transformado en hilaridad.

Esta salida de pata de banco del Gobierno sólo la explica su profundo desconocimiento sobre la naturaleza de la Iglesia, que se adereza con sus espumarajos de rabia cuando los católicos, como comunidad ciudadana que somos, decidimos expresar nuestro descontento a través de los medios de legítima protesta que el ordenamiento jurídico pone a nuestra disposición. Este Gobierno no ha entendido que la Iglesia española no la componen sólo los obispos, sino también la gente llana que desea profesar su fe en libertad, sin discriminaciones ni desplantes groseros, millones de laicos (sí, majetes, laicos, esa palabra que pretendéis apropiaros en exclusiva) que desean transmitir pacíficamente esa fe a sus hijos, sin toparse a cada poco con las trabas de un Gobierno que trata de ignorar el mandato constitucional. Como no entiende la naturaleza de la Iglesia, este Gobierno se empeña en atribuir la convocatoria de la manifestación de esta tarde a los obispos, cuando en realidad se trata de una iniciativa civil; se niega a reconocer la relevancia social del catolicismo, se niega a tener en consideración las creencias religiosas de los españoles y, en lugar de atender las solicitudes de las asociaciones convocantes de la manifestación, corre al Vaticano a quejarse de los obispos como un niñato chivatín y correveidile. ¿Habrán pensado, con la astucia propia del advenedizo, que las reunioncitas secretas y demás marrullerías que emplean en el ámbito doméstico les iban a dar resultado con una institución que atesora dos mil años de sabiduría acumulada? Hace falta tener una jeta de asfalto.

Y también un poco de miedo. Miedo a la marea humana que esta tarde desfilará por el Paseo del Prado. Quizá convendría al Gobierno, en lugar de perseverar en esa monomanía episcopal tan pintoresca, leer aquellas palabras de San Pablo a los corintios: «Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan». Tal vez entonces entenderían la naturaleza de la Iglesia que hostigan, la Iglesia a la que nunca lograrán derrotar, por mucho que rabien.

viernes, noviembre 11, 2005

¿Educar para la corrupción? Pío Moa - Libertad Digital

Desde que Savater sucumbió a los encantos intelectuales del Gran Majadero de la Moncloa, ya son ganas, parece haber olvidado su antigua combatividad antiterrorista y antisabiniana e intensificado la anticatólica. Hace poco repasaba él, en El País, las viejas condenas eclesiásticas a los derechos del hombre en versión francesa. Muy bien. Pero la ecuanimidad obligaría a recordar también la ferocidad anticristiana de los revolucionarios franceses, el comienzo de los genocidios y terrorismos modernos bajo la bandera de una supuesta libertad, o cómo aquella revolución acunó los totalitarismos del siglo XX. El jacobino Savater podría preguntarse por qué fue así, o por qué la revolución useña, más respetuosa con la religión entre otras cosas, ha evitado tales atrocidades. Pero los jacobinos no pretenden ser ecuánimes. Les basta con poseer a la diosa Razón, en el peor sentido del verbo poseer.

Según él, los padres apenas tienen derecho a influir en la enseñanza de sus hijos, porque, cita de Claudio Magris: “en nombre del deseo de los padres de hacer estudiar a sus hijos en la escuela que se reclame de sus principios –religiosos, políticos y morales– surgirán escuelas inspiradas por variadas charlatanerías ocultistas que cada vez se difunden más, por sectas caprichosas e ideologías de cualquier tipo. Habrá quizá padres racistas, nazis o estalinistas que pretenderán educar a sus hijos –a nuestras expensas– en el culto de su Moloch o que pedirán que no se sienten junto a extranjeros...". Mezclar religión, ocultismo, nazismo y estalinismo recuerda a argumentos integristas: no se debe consentir la “charlatanería”.

La enseñanza, afirma Savater, “no es sólo un asunto que incumba al alumno y su familia, sino que tiene efectos públicos por muy privado que sea el centro en que se imparta”. Esta aparente obviedad sólo significa que la opinión de Savater debe prevalecer por ley, guste o no a las familias con cuyo dinero funciona la enseñanza pública. En el plano particular ya es más generoso: cada cual, en la intimidad familiar, “puede dar a sus vástagos la instrucción religiosa o ideológica que prefiera”. ¿Incluso instrucción racista, estalinista o nazi (derivaciones también de la Revolución francesa)? ¿Y si se forman millones de nazis o comunistas combinando la instrucción en el hogar con la propaganda pública de sus partidos? ¿Se debería –o se podría– impedir? ¿O quizá la ideología debería recluirse también en la intimidad? La cuestión, cree él, consiste en que el “contenido de interés público debe estar siempre asegurado y garantizado para todos. En esto consiste precisamente la laicidad.”. Interés público, naturalmente, según lo entienden el señor Savater y el partido hoy gobernante.

De este modo, la enseñanza de la religión debiera proscribirse, incluso en centros privados, y sustituirse por “la enseñanza de una moral cívica o formación ciudadana”. Cabe dudar de que la educación religiosa y la ciudadana sean incompatibles, pero en todo caso hay muy poco civismo en despreciar el criterio de las familias, pagadoras de la enseñanza. Así han obrado, precisamente, los totalitarismos nazi y comunista.

Por otra parte, ¿quiénes van a educar cívicamente a las generaciones jóvenes? ¿Están capacitados para ello quienes intentan imponer su criterio particular al respecto, es decir, los miembros del PSOE ? Savater no se lo pregunta, y yo me permito dudarlo. Se trata del partido que en los años 30 pretendió imponer su dictadura y organizó a conciencia la guerra civil, no habiendo manifestado hasta hoy la menor autocrítica al respecto. El partido que, cuando sus violencias y maquinaciones desembocaron en otra dictadura muy distinta, no le hicieron oposición cívica digna de reseña. El partido que, pese a abandonar el marxismo en los años 70, resultó el más corrupto del siglo XX, el que intentó pervertir el sistema democrático “enterrando a Montesquieu” o practicando el terrorismo de estado, el que atacó la libertad de expresión maniobrando para cerrar prensa y radio adversas, etc. El partido que, sin haberse regenerado en absoluto de la corrupción, ha fomentado la histeria y la violencia callejeras para llegar al poder, ha alcanzado éste gracias al peor atentado de la historia de España, ha beneficiado al terrorismo y echado por tierra la política antiterrorista del gobierno de Aznar, basada en la ley, y se ha amistado con las dictaduras más peligrosas para España, mientras intenta amordazar las opiniones discrepantes y se alía de hecho o de derecho con los separatistas y la ETA para hundir la Constitución. Son hechos, no opiniones, y a la vista de todos están. Pues bien, ¿qué clase de educación cívica cabe esperar de estos caballeros y señoras? La experiencia no le dice nada a Savater, pero difícilmente saldrá de ellos otra cosa que una educación para la corrupción y contra la libertad.

Lo cual, por lo demás, ya ocurre, aunque aspiran a intensificarlo. En su anterior etapa de poder, el PSOE creó la generación del botellón, el fracaso escolar y la telebasura, fomentó con un permisivismo demagógico la droga y el alcoholismo, y trató de reducir la sexualidad a puterío. Miles de jóvenes han muerto, o han enfermado o han quedado tarados o embrutecidos a resultas de la progresista educación impulsada por el PSOE, que el PP fue incapaz de cambiar. Y a nadie se le ocurre pedir cuentas a los responsables. Al contrario, aunque las consecuencias están a la vista, y no menos la conducta del partido de la “educación cívica”, ahí siguen pontificando e imponiendo su ideología mediante un uso espurio del poder y del erario.