Libertad Digital ofrece a sus lectores un fragmento del capítulo 13 de Franco: Un balance histórico (Planeta), la más reciente producción de nuestro colaborador Pío Moa. A juicio de Moa, el "largo período de paz" que representó el franquismo ("al que deben sumarse los casi treinta de la actual democracia") "rompe muchos tópicos simplones sobre el violento y cainita carácter español".
"Los emigrantes, en su vasta mayoría, se interesaron muy poco por cualquier actividad contra Franco, lo mismo en los países de acogida que al volver a su patria. Naturalmente sería falso catalogarlos como activos franquistas o cosa por el estilo. Más justo sería decir que no se sentían incómodos con el régimen. Éste restringía severamente las libertades políticas, pero permitía una amplia libertad personal, que en parte pondría de manifiesto Solzhenitsin cuando visitó el país y levantó tan gran escándalo en la oposición. Julián Marías ha observado también la escasa preocupación popular por la ausencia de dichas libertades (...)"
"En cuanto a los presos, esperablemente numerosos en una tiranía policíaca, eran en realidad muy pocos, una de las cifras más bajas de Europa. En 1960 ascendía a 15.200, casi todos comunes, y bajó constantemente cada año hasta los 10.700 en 1966. Sólo en el primer bienio republicano hubo una bajada tan sensible, pero con un significado muy distinto: la liberación de presos durante la República respondió casi siempre a medidas demagógicas, pues no vino respaldada por una disminución de la delincuencia, sino por un auge brutal de ella. En los años 60, el corto número de reclusos reflejaba una delincuencia también muy reducida.
La población carcelaria volvió a crecer, pero sin superar cifras bajas, a partir de 1968, con 12.100 personas, llegando a 13.900 en 1970 y a un máximo de 14.700 en 1974, con alguna caída intermedia. La causa de este aumento se aprecia con facilidad: en esos años coincidió un aumento de la delincuencia común –entre otras cosas la droga empezó a penetrar en la sociedad española– con la intensificación de las actividades comunistas y la aparición de la ETA. Es difícil saber el número de presos políticos dentro del conjunto, pero probablemente no pasó de dos mil, si llegó a tanto, en el momento de máxima represión, cifra no muy apabullante para un país de más de 35 millones de habitantes en pretendida rebeldía abierta o latente. Normalmente no pasaban de unos centenares.
Información de interés al respecto la ofrece el historial del Tribunal de Orden Público (TOP), constituido en 1963 para afrontar la creciente actividad antifranquista. En sus trece años hasta su disolución en 1977, el TOP produjo 9.000 condenas, menos de 700 al año. Los procesados en ese período sumaron 11.261, a quienes el tribunal impuso 10.146 años de prisión, es decir, en torno a un año por persona. Por lo tanto, la gran mayoría de ellos no debió entrar en prisión, pues las penas inferiores a un año no solían cumplirse en la cárcel. Y las penas superiores rara vez, si alguna, se cumplían íntegras. No puede hablarse, definitivamente, de una resistencia numerosa o peligrosa para el régimen. La pintura, tan habitual hoy, de un pueblo humillado y descontento, fuente de una continuada e intensa resistencia a Franco, tiene muy poco en común con la realidad histórica. La inmensa mayoría no sentía humillación ni rebeldía.(...)"
"No hay exageración, por lo tanto, en el aserto de que la oposición fue ante todo y en todo momento comunista o terrorista, y lo mismo, evidentemente, la inmensa mayoría de los presos políticos. La oposición, entonces, tenía un carácter mucho más totalitario y antidemocrático que el régimen combatido, y difícilmente podía constituir una alternativa política razonable para la inmensa mayoría de los españoles de cualquier región."
domingo, octubre 30, 2005
sábado, octubre 29, 2005
La democracia liberal en Tocqueville: una antología (1)
El Catoblepas 44:7, 2005
«No se puede establecer el imperio de la libertad sin el de las costumbres, ni establecer las costumbres sin las creencias.»
DA, Introducción
«[La civilización angloamericana es producto] de dos elementos enteramente distintos, que aunque en otros lugares se hicieron a menudo la guerra, vinieron, en América, a incorporarse en cierto modo el uno al otro y a combinare maravillosamente. Me refiero al genio religioso y al genio de la libertad.»
DA, I, Primera parte, capítulo II
«Lo que más admiro en América, no son los efectos administrativos de la descentralización, sino los efectos políticos. En los Estados Unidos la patria se deja sentir en todas partes. Es objeto de solicitud en la aldea como en la Unión entera. El habitante se apega a cada uno de los intereses de su país como a los suyos propios. Se glorifica con la gloria de la nación; en los triunfos de ésta cree reconocer su obra personal y ello le enorgullece, congratulándose de la prosperidad general de que se beneficia. Experimenta por su patria un sentimiento análogo al que tiene por la familia, y es también un modo de egoísmo el que le hace interesarse por el Estado.»
DA, I, Primera parte, capítulo V
«En Europa, el criminal es un desgraciado que lucha por ocultarse de los agentes del poder; la población presencia esta lucha como si dijéramos. En América, es un enemigo del género humano y tiene en su contra a la humanidad entera.»
DA, I, Primera parte, capítulo V
«El habitante de los Estados Unidos aprende al nacer que tiene que apoyarse en sí mismo para luchar contra los males y las dificultades de la vida; no echa sobre la autoridad social más que una mirada desconfiada e inquieta, y no apela a su poder más que cuando no tiene otro remedio.»
DA, I, Segunda parte, capítulo IV
«No se puede establecer el imperio de la libertad sin el de las costumbres, ni establecer las costumbres sin las creencias.»
DA, Introducción
«[La civilización angloamericana es producto] de dos elementos enteramente distintos, que aunque en otros lugares se hicieron a menudo la guerra, vinieron, en América, a incorporarse en cierto modo el uno al otro y a combinare maravillosamente. Me refiero al genio religioso y al genio de la libertad.»
DA, I, Primera parte, capítulo II
«Lo que más admiro en América, no son los efectos administrativos de la descentralización, sino los efectos políticos. En los Estados Unidos la patria se deja sentir en todas partes. Es objeto de solicitud en la aldea como en la Unión entera. El habitante se apega a cada uno de los intereses de su país como a los suyos propios. Se glorifica con la gloria de la nación; en los triunfos de ésta cree reconocer su obra personal y ello le enorgullece, congratulándose de la prosperidad general de que se beneficia. Experimenta por su patria un sentimiento análogo al que tiene por la familia, y es también un modo de egoísmo el que le hace interesarse por el Estado.»
DA, I, Primera parte, capítulo V
«En Europa, el criminal es un desgraciado que lucha por ocultarse de los agentes del poder; la población presencia esta lucha como si dijéramos. En América, es un enemigo del género humano y tiene en su contra a la humanidad entera.»
DA, I, Primera parte, capítulo V
«El habitante de los Estados Unidos aprende al nacer que tiene que apoyarse en sí mismo para luchar contra los males y las dificultades de la vida; no echa sobre la autoridad social más que una mirada desconfiada e inquieta, y no apela a su poder más que cuando no tiene otro remedio.»
DA, I, Segunda parte, capítulo IV
El proceso revolucionario 1934-1936 y la actitud de los gobiernos de Azaña y Casares
Pío Moa, El Catoblepas 44:11, 2005
Hay, por tanto, continuidad entre la guerra del 34 y la del 36, y es la continuidad del proceso revolucionario. Puede decirse que la contienda empezó en el 34 y se reanudó en el 36. En la primera fecha las izquierdas se alzaron contra un gobierno legítimo, invocando un peligro fascista inexistente; en la segunda la derecha se rebeló contra un gobierno deslegitimado por su sistemática conculcación de la ley. No fue la rebelión derechista la que desató la revolución, sino el gobierno, al repartir las armas a las masas, último y simbólico acto de demolición de la república.
Y de este modo fue hundiéndose la legalidad que permitía, mal que bien, la convivencia en paz en España. Luego vinieron las atrocidades que tantos dicen lamentar ahora, setenta años después.
La actitud de los revolucionarios y los republicanos nacía de la idea de que ellos representaban automáticamente al «pueblo» o a «la clase obrera», y las derechas a la «oligarquía». Por tanto, las izquierdas tenían una especie de hiperlegitimidad que les justificaba para impedir el gobierno de los «oligarcas» y para arrasar la ley en supuesto beneficio del pueblo. Por desgracia esta idea mesiánica, antidemocrática y en el fondo estúpida, sigue enraizada en nuestras izquierdas y en los partidos separatistas. Lo cual no permite mucho optimismo sobre la situación actual.
Hay, por tanto, continuidad entre la guerra del 34 y la del 36, y es la continuidad del proceso revolucionario. Puede decirse que la contienda empezó en el 34 y se reanudó en el 36. En la primera fecha las izquierdas se alzaron contra un gobierno legítimo, invocando un peligro fascista inexistente; en la segunda la derecha se rebeló contra un gobierno deslegitimado por su sistemática conculcación de la ley. No fue la rebelión derechista la que desató la revolución, sino el gobierno, al repartir las armas a las masas, último y simbólico acto de demolición de la república.
Y de este modo fue hundiéndose la legalidad que permitía, mal que bien, la convivencia en paz en España. Luego vinieron las atrocidades que tantos dicen lamentar ahora, setenta años después.
La actitud de los revolucionarios y los republicanos nacía de la idea de que ellos representaban automáticamente al «pueblo» o a «la clase obrera», y las derechas a la «oligarquía». Por tanto, las izquierdas tenían una especie de hiperlegitimidad que les justificaba para impedir el gobierno de los «oligarcas» y para arrasar la ley en supuesto beneficio del pueblo. Por desgracia esta idea mesiánica, antidemocrática y en el fondo estúpida, sigue enraizada en nuestras izquierdas y en los partidos separatistas. Lo cual no permite mucho optimismo sobre la situación actual.
Apología de la urbanidad, El Catoblepas 44:3, 2005
Alfonso Fernández Tresguerres
Contribución a un prontuario de buenas maneras
Sea que prefiramos el término «urbanidad», sea que nos decantemos por el de «civismo», parece que en los dos casos nos estamos refiriendo a lo mismo, esto es, al conjunto de cualidades y disposiciones necesarias e indispensables al ciudadano, que en verdad lo sea, en orden a la convivencia con los otros, o lo que es igual, en orden a la vida en la ciudad. Hablamos, pues, de una serie de normas que, tanto en lo que atañe al cuidado de nuestra persona y aspecto externo, como en lo tocante a los modales y otras cuestiones relativas a la forma de nuestro obrar, hacen posible que el trato con los demás no constituya una auténtica pesadilla; y si bien no llegaría yo al extremo de afirmar que sin ellas la vida en sociedad resultaría imposible (de hecho, parece que se estén perdiendo paulatinamente, y aquí seguimos), sí es seguro que la harían profundamente desagradable. Y utilizar este término no es casual ni deja de tener su importancia, porque sucede (o al menos eso es lo que yo entiendo) que más que con la esfera del bien o de lo bueno, tienen que ver tales normas con la de lo agradable, e incluso lo bello. Normas, pues, no propiamente éticas, sino estéticas o de gusto. De hecho, cuando un determinado acto atenta contra ellas, no solemos decir que es malo, sino que está feo o que es de mal gusto. Así, por ejemplo, informar al prójimo mediante un eructo de cuál ha sido nuestro menú, no es, en rigor, una acción perversa o mala, sino una guarrada, que no se halla perseguida ni por las leyes morales ni por las jurídicas. Y añadiré que por desgracia, porque deberían dictarse leyes contra los guarros, similares, siquiera, a las dictadas contra los fumadores. Pero cada momento histórico tiene sus aquéllos, y el que vivimos parece hallarse en la creencia de que desaparecido o reconvertido el último fumador (yo aún permanezco fiel), el mundo será un vergel. Como si no fuese obvio que la gente se continuará muriendo de cualquier otra cosa, porque la gente tiene la mala costumbre de morirse siempre de algo (...) y, entre otras alternativas, cabe la posibilidad de acabar convertido en número de una estadística de accidentes de tráfico, efecto colateral de un bombardeo o víctima de una contaminación que avanza por tierra, mar y aire. (...) ¿Qué lo que digo es mera demagogia? No del todo, y estaría dispuesto a discutirlo con mayor detención, y hasta a probar que el momento presente le ha convertido en una suerte de chivo expiatorio (por utilizar la expresión de Girard), al punto que los niños acabarán por rehuirle y temerle, y acaso, con el tiempo, lleguen a denunciar al padre que fuma a escondidas en el baño. Pero ahora volvamos a nuestro asunto.
(...)
En cualquier caso, si bien es verdad que varían las costumbres, no lo es menos que, como señala el Manual, los principios son fijos, porque no hay, en realidad, más que un solo principio rector: combatir al guarro, cualquiera que sea el rostro con el que se presente. Y no es éste el único acierto del tratado al que me estoy refiriendo. También lo es la afirmación de que el decoro es efecto y causa de la civilización; y hasta alguna de sus normas concretas que presentan (creo yo) una validez universal, con independencia de modas y épocas. Por ejemplo, aquélla que aconseja que «si discutís con uno de esos sujetos poseídos de la manía de las disputas, que principian por contradecir sin haberse enterado, y que están siempre dispuestos á sostener el parecer contrario, cededle el terreno, pues nada puede conseguirse con él. Tened por cierto que el espíritu de contradicción sólo puede ser vencido con el silencio»;
precepto éste que desborda el ámbito del estricto civismo para ingresar en el de la sabiduría y el sentido común.
Contribución a un prontuario de buenas maneras
Sea que prefiramos el término «urbanidad», sea que nos decantemos por el de «civismo», parece que en los dos casos nos estamos refiriendo a lo mismo, esto es, al conjunto de cualidades y disposiciones necesarias e indispensables al ciudadano, que en verdad lo sea, en orden a la convivencia con los otros, o lo que es igual, en orden a la vida en la ciudad. Hablamos, pues, de una serie de normas que, tanto en lo que atañe al cuidado de nuestra persona y aspecto externo, como en lo tocante a los modales y otras cuestiones relativas a la forma de nuestro obrar, hacen posible que el trato con los demás no constituya una auténtica pesadilla; y si bien no llegaría yo al extremo de afirmar que sin ellas la vida en sociedad resultaría imposible (de hecho, parece que se estén perdiendo paulatinamente, y aquí seguimos), sí es seguro que la harían profundamente desagradable. Y utilizar este término no es casual ni deja de tener su importancia, porque sucede (o al menos eso es lo que yo entiendo) que más que con la esfera del bien o de lo bueno, tienen que ver tales normas con la de lo agradable, e incluso lo bello. Normas, pues, no propiamente éticas, sino estéticas o de gusto. De hecho, cuando un determinado acto atenta contra ellas, no solemos decir que es malo, sino que está feo o que es de mal gusto. Así, por ejemplo, informar al prójimo mediante un eructo de cuál ha sido nuestro menú, no es, en rigor, una acción perversa o mala, sino una guarrada, que no se halla perseguida ni por las leyes morales ni por las jurídicas. Y añadiré que por desgracia, porque deberían dictarse leyes contra los guarros, similares, siquiera, a las dictadas contra los fumadores. Pero cada momento histórico tiene sus aquéllos, y el que vivimos parece hallarse en la creencia de que desaparecido o reconvertido el último fumador (yo aún permanezco fiel), el mundo será un vergel. Como si no fuese obvio que la gente se continuará muriendo de cualquier otra cosa, porque la gente tiene la mala costumbre de morirse siempre de algo (...) y, entre otras alternativas, cabe la posibilidad de acabar convertido en número de una estadística de accidentes de tráfico, efecto colateral de un bombardeo o víctima de una contaminación que avanza por tierra, mar y aire. (...) ¿Qué lo que digo es mera demagogia? No del todo, y estaría dispuesto a discutirlo con mayor detención, y hasta a probar que el momento presente le ha convertido en una suerte de chivo expiatorio (por utilizar la expresión de Girard), al punto que los niños acabarán por rehuirle y temerle, y acaso, con el tiempo, lleguen a denunciar al padre que fuma a escondidas en el baño. Pero ahora volvamos a nuestro asunto.
(...)
En cualquier caso, si bien es verdad que varían las costumbres, no lo es menos que, como señala el Manual, los principios son fijos, porque no hay, en realidad, más que un solo principio rector: combatir al guarro, cualquiera que sea el rostro con el que se presente. Y no es éste el único acierto del tratado al que me estoy refiriendo. También lo es la afirmación de que el decoro es efecto y causa de la civilización; y hasta alguna de sus normas concretas que presentan (creo yo) una validez universal, con independencia de modas y épocas. Por ejemplo, aquélla que aconseja que «si discutís con uno de esos sujetos poseídos de la manía de las disputas, que principian por contradecir sin haberse enterado, y que están siempre dispuestos á sostener el parecer contrario, cededle el terreno, pues nada puede conseguirse con él. Tened por cierto que el espíritu de contradicción sólo puede ser vencido con el silencio»;
precepto éste que desborda el ámbito del estricto civismo para ingresar en el de la sabiduría y el sentido común.
lunes, octubre 24, 2005
El aborto por parto parcial llega al cine con ‘Un trueno distante’
n tema tan controvertido, extremadamente cruel y, al mismo tiempo, desconocido para la opinión pública como el del aborto por parto parcial está a punto de llegar a las pantallas. Un trueno distante, el filme de Jonathan Flora que se estrenará en breve, afronta el desafío de mostrar en imágenes un caso de aborto de estas características, o sea, aquél que, practicado en el último trimestre del embarazo, se induce al parto y antes de acabar de extraer el cuerpo del bebé se le hace una incisión en la cabeza para succionar la masa cerebral.
En declaraciones reproducidas por LifeSiteNews.com, el director y guionista explicó que la cinta es “un thriller en una corte judicial que está generando conciencia y diálogo sobre un tema rodeado de mucha manipulación y controversia”.
Flora considera que hay una confusión total con respecto a este tipo de aborto por parte del público y espera que su película ayude a los legisladores a entender mejor la posición de los grupos provida.
En declaraciones reproducidas por LifeSiteNews.com, el director y guionista explicó que la cinta es “un thriller en una corte judicial que está generando conciencia y diálogo sobre un tema rodeado de mucha manipulación y controversia”.
Flora considera que hay una confusión total con respecto a este tipo de aborto por parte del público y espera que su película ayude a los legisladores a entender mejor la posición de los grupos provida.
CUANDO DEMASIADA AUTONOMÍA ROMPE LAS NACIONES
Jos�Mar�a Aznar en Il Messaggero
Un observador italiano podr�a creer que la demanda independentista proviene de alg�n tipo de avance electoral de los partidos nacionalistas catalanes. Sin embargo, �sta es una impresi�n enga�osa. La proporci�n entre partidos de implantaci�n nacional y partidos locales en Catalu�a no ha cambiado sustancialmente en los �ltimos diez a�os. Y en el Congreso de los Diputados del Parlamento espa�ol la suma de los dos grandes partidos (PSOE y PP) es la mayor desde las primeras elecciones democr�ticas de 1977. �Qu�ha cambiado entonces para que se cuestione de manera tan brutal tanto la realidad nacional espa�ola como el propio Estado? S�lo ha cambiado una cosa: la actitud de la izquierda. (...)
Lamentablemente en mi pa�s la izquierda ha seguido otros derroteros. Tras su llegada al gobierno el pasado a�o se marcaron una l�nea en primer lugar destructiva. Fue el caso de la paralizaci�n de la reforma de la educaci�n, de la anulaci�n de un plan vital para Espa�a como era el Plan Hidrol�gico Nacional o de la retirada de las tropas de Irak. La siguiente fase fue m�s all�. Consisti�en poner sobre la mesa proyectos divisivos. Se trataba de dibujar una franja lo m�s gruesa posible que separara lo supuestamente progresista de lo supuestamente anticuado. Daba igual que una mayor�a social no compartiera esos proyectos divisivos. El objetivo era dejar fuera del sistema a todos aquellos que no compartieran las alteraciones introducidas por el Gobierno. As�se explican los ataques gratuitos e innecesarios a la Iglesia cat�lica. As�se explican leyes como la que incluye en el concepto de matrimonio a la uni�n entre personas del mismo sexo, incluida la posibilidad de adopci�n. As�, en parte tambi�n, puede explicarse la propuesta presentada por el Gobierno en el Parlamento, que supon�a una oferta de negociaci�n a los terroristas de ETA.
Pero lo que sin duda debe de resultar m�s incomprensible para un observador no familiarizado con la vida pol�tica espa�ola es que el gobierno de una de las naciones m�s antiguas de Europa promueva su autodisoluci�n. (...)
Una reforma constitucional es algo que afecta a todos los ciudadanos del pa�s. Todos los espa�oles deber�an tener derecho a opinar y votar sobre un nuevo r�gimen que quiere implantarse. Pero la coalici�n de la izquierda y los nacionalistas no quieren permitirlo. En lugar de llevar a la C�mara un proyecto de reforma constitucional, que requiere una mayor�a parlamentaria muy amplia y un refer�ndum nacional, han presentado un proyecto de reforma de un Estatuto regional, que puede ser aprobado por una mayor�a parlamentaria ordinaria y en el que s�lo los ciudadanos catalanes son consultados. Es un fraude muy grave, que elimina el derecho de todos los espa�oles a opinar sobre su futuro com�n. (...)
Siempre he cre�do en las posibilidades de Espa�a para ser uno de los mejores pa�ses del mundo. Siempre he cre�do que bastaba con trabajar duro y permanecer unidos en lo esencial, en la estabilidad institucional y democr�tica. Hoy, con la m�s honda preocupaci�n, s�lo puedo esperar que la voz de la mayor�a obligue al Gobierno a retirar un proyecto que significa la divisi�n irreversible de Espa�a.
Un observador italiano podr�a creer que la demanda independentista proviene de alg�n tipo de avance electoral de los partidos nacionalistas catalanes. Sin embargo, �sta es una impresi�n enga�osa. La proporci�n entre partidos de implantaci�n nacional y partidos locales en Catalu�a no ha cambiado sustancialmente en los �ltimos diez a�os. Y en el Congreso de los Diputados del Parlamento espa�ol la suma de los dos grandes partidos (PSOE y PP) es la mayor desde las primeras elecciones democr�ticas de 1977. �Qu�ha cambiado entonces para que se cuestione de manera tan brutal tanto la realidad nacional espa�ola como el propio Estado? S�lo ha cambiado una cosa: la actitud de la izquierda. (...)
Lamentablemente en mi pa�s la izquierda ha seguido otros derroteros. Tras su llegada al gobierno el pasado a�o se marcaron una l�nea en primer lugar destructiva. Fue el caso de la paralizaci�n de la reforma de la educaci�n, de la anulaci�n de un plan vital para Espa�a como era el Plan Hidrol�gico Nacional o de la retirada de las tropas de Irak. La siguiente fase fue m�s all�. Consisti�en poner sobre la mesa proyectos divisivos. Se trataba de dibujar una franja lo m�s gruesa posible que separara lo supuestamente progresista de lo supuestamente anticuado. Daba igual que una mayor�a social no compartiera esos proyectos divisivos. El objetivo era dejar fuera del sistema a todos aquellos que no compartieran las alteraciones introducidas por el Gobierno. As�se explican los ataques gratuitos e innecesarios a la Iglesia cat�lica. As�se explican leyes como la que incluye en el concepto de matrimonio a la uni�n entre personas del mismo sexo, incluida la posibilidad de adopci�n. As�, en parte tambi�n, puede explicarse la propuesta presentada por el Gobierno en el Parlamento, que supon�a una oferta de negociaci�n a los terroristas de ETA.
Pero lo que sin duda debe de resultar m�s incomprensible para un observador no familiarizado con la vida pol�tica espa�ola es que el gobierno de una de las naciones m�s antiguas de Europa promueva su autodisoluci�n. (...)
Una reforma constitucional es algo que afecta a todos los ciudadanos del pa�s. Todos los espa�oles deber�an tener derecho a opinar y votar sobre un nuevo r�gimen que quiere implantarse. Pero la coalici�n de la izquierda y los nacionalistas no quieren permitirlo. En lugar de llevar a la C�mara un proyecto de reforma constitucional, que requiere una mayor�a parlamentaria muy amplia y un refer�ndum nacional, han presentado un proyecto de reforma de un Estatuto regional, que puede ser aprobado por una mayor�a parlamentaria ordinaria y en el que s�lo los ciudadanos catalanes son consultados. Es un fraude muy grave, que elimina el derecho de todos los espa�oles a opinar sobre su futuro com�n. (...)
Siempre he cre�do en las posibilidades de Espa�a para ser uno de los mejores pa�ses del mundo. Siempre he cre�do que bastaba con trabajar duro y permanecer unidos en lo esencial, en la estabilidad institucional y democr�tica. Hoy, con la m�s honda preocupaci�n, s�lo puedo esperar que la voz de la mayor�a obligue al Gobierno a retirar un proyecto que significa la divisi�n irreversible de Espa�a.
martes, octubre 18, 2005
Gripe aviar: Algunas claves para entender el alcance del peligro
Gripe aviar: Algunas claves para entender el alcance del peligro
Los epidemiólogos, en efecto, advierten de que cada siglo suelen producirse varias pandemias de gripe, aproximadamente cada 30 ó 40 años, y creen que es previsible que vuelva a ocurrir ahora. Se espera, pues, una epidemia de gripe humana a corto o medio plazo y el virus aviar podría ser candidato a ser el agente causal de esta posible pandemia.
Pero, ¿qué pasaría si mutara el virus? Los especialistas confirman que, en España, una epidemia de virus gripal ante el que no estaría inmunizada la población podría afectar a entre un 15 y un 35 por ciento de la población, con lo que entre aproximadamente 6 millones y 14,5 millones de ciudadanos se verían afectados. Cerca del 0,3 por ciento podrían llegar a fallecer como consecuencia de la gripe aviar, entre 18.000 y 42.000 personas.
Los epidemiólogos, en efecto, advierten de que cada siglo suelen producirse varias pandemias de gripe, aproximadamente cada 30 ó 40 años, y creen que es previsible que vuelva a ocurrir ahora. Se espera, pues, una epidemia de gripe humana a corto o medio plazo y el virus aviar podría ser candidato a ser el agente causal de esta posible pandemia.
Pero, ¿qué pasaría si mutara el virus? Los especialistas confirman que, en España, una epidemia de virus gripal ante el que no estaría inmunizada la población podría afectar a entre un 15 y un 35 por ciento de la población, con lo que entre aproximadamente 6 millones y 14,5 millones de ciudadanos se verían afectados. Cerca del 0,3 por ciento podrían llegar a fallecer como consecuencia de la gripe aviar, entre 18.000 y 42.000 personas.
TRAFALGAR y el conflicto naval Anglo-Español del siglo XVIII
Por parte de los aliados llegaron a siete mil bajas de los que más de cuatro mil eran franceses. Entre ellos puede considerarse como baja, aunque con posterioridad, el propio Villenueve que con su lamentable forma de mandar condujo al fracaso la operación. El almirante francés, tras ser liberado al poco tiempo de la batalla por los ingleses que le hicieron prisionero, en su traslado a París para ser juzgado en un consejo de Guerra por su penosa actuación en la campaña, apareció muerto con cinco puñaladas en Rennes. Napoleón dio por hecho que se había suicidado, abrumado por su responsabilidad. Él fue, en efecto, el verdadero artífice de la derrota de Trafalagar. Si en el fracaso estuvo el origen de la decadencia española, de importantes y decisivos cambios, es algo que queda al juicio de los historiadores y las conclusiones que el lector pueda sacar de esta obra donde se expone este planteamiento como constatación de un síntoma más de males mucho más profundos y complejos.
sábado, octubre 08, 2005
El odio a España
Pío Moa - Libertad Digital
La habitual desmemoria nos lleva a desconcertarnos y creer inédito lo que ahora contemplamos. Pero en realidad los intentos secesionistas no son nada nuevo en nuestra historia. En 1923 los separatistas vascos, catalanes y gallegos formaron una alianza declarando su propósito de recurrir a la lucha armada. Las historias suelen pasar por alto el hecho porque el golpe de Primo de Rivera cortó sus propósitos, pero la amenaza era muy real, y podía haberse desarrollado en concomitancia con la ola de terrorismo anarquista, la crisis de Marruecos y su utilización demagógica por las izquierdas, y la frívola ineptitud de los gobiernos de la época.
En los años 30 los separatismos vasco y catalán resurgieron, trataron de explotar el desconcierto al llegar la República, y en verano del 34 intentaron desestabilizar al gobierno legítimo de centro derecha. En octubre, Companys se lanzó a la guerra civil al lado del PSOE. Y durante la guerra ambos nacionalismos aprovecharon el desorden revolucionario para avanzar de golpe hacia la secesión, traicionando de paso a sus aliados del Frente Popular. Es curiosa, sobre todo, la postura del PNV, que, de tener relación inicialmente con una conjura militar antirrepublicana, pasó a apoyar a la ultraizquierda y a sabotear eficazmente a las derechas que querían frenar el proceso revolucionario. Esa actitud, en principio extraña y suicida, proviene de la peculiar concepción heredada de Sabino Arana: “Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada”.
La conducta del PNV nos explica tanto el tenaz esfuerzo de socavamiento de la unidad española como la colaboración de casi todas las izquierdas en ese esfuerzo. Lo expresó alguna vez Julián Marías en relación con el PSOE (pero es extensible al resto): “tienen una visión negativa de la historia de España”. Visión negativa unida a una especie de iluminismo que les hacía creer que ellas estaban llamadas a enmendar radicalmente la trayectoria, pretendidamente nefasta, del país. Este mesianismo les hizo elegir como enemigo principal a quienes deseaban una evolución apoyada en el pasado y no destructiva de las raíces históricas. Contra ese enemigo valía la alianza con los separatistas y con cualesquiera otras fuerzas. En 1917 el PSOE pactó con los secesionistas, los republicanos y los anarquistas para derribar violentamente al régimen liberal de la Restauración. Tanto él como los republicanos “comprendían” muy bien al terrorismo ácrata. En el 34 volvemos a verlos juntos a todos, más los comunistas, contra el gobierno democrático. Y durante la guerra volvieron a estar unidos (aunque asesinándose y traicionándose entre sí) contra el “enemigo principal”, al que identificaban con “la vieja España”, que unos querían desmembrar, otros “regenerar” a su gusto, y los terceros y más poderosos transformar en régimen soviético. Hecho repleto de significación: era normal el grito “Viva Rusia”, o “Viva la República”, o “Viva Euskadi”, pero se considerara subversivo gritar “Viva España”.
En 1998, centenario simbólico del “Desastre” y del despegue de los secesionismos vasco y catalán, los separatistas de Galicia, Vascongadas y Cataluña invocaron la mencionada alianza de 1923 y proclamaron su decisión de imponer lo que llamarían una “Segunda Transición”. Por el momento la izquierda estuvo al margen, pero en las últimas elecciones vascas el PSOE, el PNV, los comunistas y los terroristas marcharon juntos para aislar al PP. Y hoy vuelven a formar frente para esa segunda transición desde la democracia a la balcanización y la demagogia. Su táctica no ha variado: el descrédito, el insulto y el ataque sistemáticos a cuanto signifique o haya significado España en el pasado; la identificación –hecha por totalitarios– de la idea de España con la de atraso y dictadura; la vaga invocación de unas Españas “diferentes”, aunque no ciertamente mejores ni más democráticas.
¿Por qué han tenido estas tácticas tanto éxito, aun sin haber logrado nunca el suficiente para imponerse? Creo que básicamente por la desidia, la miopía o la incapacidad de la derecha para la “lucha ideológica”, como la llaman los comunistas. Durante treinta años hemos contemplado cómo la defensa de la realidad histórica y de las libertades en Cataluña, Vascongadas e incluso la Galicia de Fraga, apenas existía, o se realizaba con asombrosa flojera… cuando no se boicoteaba, como ocurrió desde Madrid con el caso de Jiménez Losantos, Amando de Miguel y sus compañeros del manifiesto de 1981 en defensa de la Constitución en Cataluña. La derecha ha dejado la enseñanza, la cultura y la ideología en manos de la izquierda y los separatistas, y por ello no puede sorprender lo que pasa. Lo sorprendente es que el mal no haya avanzado mucho más.
La habitual desmemoria nos lleva a desconcertarnos y creer inédito lo que ahora contemplamos. Pero en realidad los intentos secesionistas no son nada nuevo en nuestra historia. En 1923 los separatistas vascos, catalanes y gallegos formaron una alianza declarando su propósito de recurrir a la lucha armada. Las historias suelen pasar por alto el hecho porque el golpe de Primo de Rivera cortó sus propósitos, pero la amenaza era muy real, y podía haberse desarrollado en concomitancia con la ola de terrorismo anarquista, la crisis de Marruecos y su utilización demagógica por las izquierdas, y la frívola ineptitud de los gobiernos de la época.
En los años 30 los separatismos vasco y catalán resurgieron, trataron de explotar el desconcierto al llegar la República, y en verano del 34 intentaron desestabilizar al gobierno legítimo de centro derecha. En octubre, Companys se lanzó a la guerra civil al lado del PSOE. Y durante la guerra ambos nacionalismos aprovecharon el desorden revolucionario para avanzar de golpe hacia la secesión, traicionando de paso a sus aliados del Frente Popular. Es curiosa, sobre todo, la postura del PNV, que, de tener relación inicialmente con una conjura militar antirrepublicana, pasó a apoyar a la ultraizquierda y a sabotear eficazmente a las derechas que querían frenar el proceso revolucionario. Esa actitud, en principio extraña y suicida, proviene de la peculiar concepción heredada de Sabino Arana: “Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada”.
La conducta del PNV nos explica tanto el tenaz esfuerzo de socavamiento de la unidad española como la colaboración de casi todas las izquierdas en ese esfuerzo. Lo expresó alguna vez Julián Marías en relación con el PSOE (pero es extensible al resto): “tienen una visión negativa de la historia de España”. Visión negativa unida a una especie de iluminismo que les hacía creer que ellas estaban llamadas a enmendar radicalmente la trayectoria, pretendidamente nefasta, del país. Este mesianismo les hizo elegir como enemigo principal a quienes deseaban una evolución apoyada en el pasado y no destructiva de las raíces históricas. Contra ese enemigo valía la alianza con los separatistas y con cualesquiera otras fuerzas. En 1917 el PSOE pactó con los secesionistas, los republicanos y los anarquistas para derribar violentamente al régimen liberal de la Restauración. Tanto él como los republicanos “comprendían” muy bien al terrorismo ácrata. En el 34 volvemos a verlos juntos a todos, más los comunistas, contra el gobierno democrático. Y durante la guerra volvieron a estar unidos (aunque asesinándose y traicionándose entre sí) contra el “enemigo principal”, al que identificaban con “la vieja España”, que unos querían desmembrar, otros “regenerar” a su gusto, y los terceros y más poderosos transformar en régimen soviético. Hecho repleto de significación: era normal el grito “Viva Rusia”, o “Viva la República”, o “Viva Euskadi”, pero se considerara subversivo gritar “Viva España”.
En 1998, centenario simbólico del “Desastre” y del despegue de los secesionismos vasco y catalán, los separatistas de Galicia, Vascongadas y Cataluña invocaron la mencionada alianza de 1923 y proclamaron su decisión de imponer lo que llamarían una “Segunda Transición”. Por el momento la izquierda estuvo al margen, pero en las últimas elecciones vascas el PSOE, el PNV, los comunistas y los terroristas marcharon juntos para aislar al PP. Y hoy vuelven a formar frente para esa segunda transición desde la democracia a la balcanización y la demagogia. Su táctica no ha variado: el descrédito, el insulto y el ataque sistemáticos a cuanto signifique o haya significado España en el pasado; la identificación –hecha por totalitarios– de la idea de España con la de atraso y dictadura; la vaga invocación de unas Españas “diferentes”, aunque no ciertamente mejores ni más democráticas.
¿Por qué han tenido estas tácticas tanto éxito, aun sin haber logrado nunca el suficiente para imponerse? Creo que básicamente por la desidia, la miopía o la incapacidad de la derecha para la “lucha ideológica”, como la llaman los comunistas. Durante treinta años hemos contemplado cómo la defensa de la realidad histórica y de las libertades en Cataluña, Vascongadas e incluso la Galicia de Fraga, apenas existía, o se realizaba con asombrosa flojera… cuando no se boicoteaba, como ocurrió desde Madrid con el caso de Jiménez Losantos, Amando de Miguel y sus compañeros del manifiesto de 1981 en defensa de la Constitución en Cataluña. La derecha ha dejado la enseñanza, la cultura y la ideología en manos de la izquierda y los separatistas, y por ello no puede sorprender lo que pasa. Lo sorprendente es que el mal no haya avanzado mucho más.
Juan Carlos Girauta - Consenso - Libertad Digital
No hay que engañarse, toda esta crisis, de principio a fin, es resultado directo de la irresponsabilidad de Zapatero, de su falta de compromiso con las premisas de nuestra democracia, de su manía de entroncar con la Segunda República, de su incurable sectarismo y de una dinámica política que se remonta a la segunda legislatura de Aznar y que se traduce en fatídica ley: cuanto más maniqueo, simple, demagógico y cainita es el discurso socialista, más medra Zapatero.
Los ponentes catalanes del estatuto, incluyendo a los separatistas, no hubieran introducido el término “nación” en el articulado (hasta ellos comprendían que era flagrantemente inconstitucional) si no les hubiera animado el presidente del gobierno al exponer sus extemporáneas dudas sobre el concepto. Los convergentes no habrían apoyado el proyecto si él no hubiera convocado secretamente a Artur Mas el 19 de septiembre para darle carta blanca a un régimen financiero que exasperó al mismísimo conseller Castells. La prensa catalana y varios importantes empresarios no habrían apostado por la desmesura si él no se hubiera comprometido pública y reiteradamente a aceptar el Estatuto que llegara del Parlament. No se habría formado el tetrapartito de hecho, con sus embajadas y su concertada pedagogía capitalina, si él no hubiera dado tan sobradas muestras de inanidad, de falta de apego a la Constitución y a la propia idea de España.
Los ponentes catalanes del estatuto, incluyendo a los separatistas, no hubieran introducido el término “nación” en el articulado (hasta ellos comprendían que era flagrantemente inconstitucional) si no les hubiera animado el presidente del gobierno al exponer sus extemporáneas dudas sobre el concepto. Los convergentes no habrían apoyado el proyecto si él no hubiera convocado secretamente a Artur Mas el 19 de septiembre para darle carta blanca a un régimen financiero que exasperó al mismísimo conseller Castells. La prensa catalana y varios importantes empresarios no habrían apostado por la desmesura si él no se hubiera comprometido pública y reiteradamente a aceptar el Estatuto que llegara del Parlament. No se habría formado el tetrapartito de hecho, con sus embajadas y su concertada pedagogía capitalina, si él no hubiera dado tan sobradas muestras de inanidad, de falta de apego a la Constitución y a la propia idea de España.
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