lunes, abril 25, 2005

Un Papa renovador

GEES - Por Ignacio Cosidó

"Como católico, hubiera recibido con igual complacencia la elección de cualquier otro Papa, porque para nosotros la elección del Sumo Pontífice no es tanto una decisión humana como una inspiración de Dios. Pero no puedo ocultar mi opinión personal de que Benedicto XVI es el Santo Padre que la Iglesia Universal, pero muy en particular la Iglesia Europea, necesitaba en este momento histórico.

La impresión general es que la elección del antiguo Cardenal Ratzinger asegura la plena continuidad con la doctrina y la obra de Juan Pablo II. Este es un hecho innegable. (...)

Pero me atrevo a decir que Benedicto XVI aportará algo más que continuidad, para traer un nuevo impulso, y que resultará más innovador de lo que algunos esperan. Así, la agenda del nuevo Papa tendrá énfasis distintos para encarar un siglo que acaba de comenzar. Es más, frente al Papa de transición que muchos vaticinan, el nuevo Pontífice será un Papa profundamente reformador. (...)

Benedicto XVI tiene ahora como misión derrotar a la nueva dictadura del siglo XXI, el relativismo totalitario que se encuentra especialmente arraigado en Europa Occidental. Esta es una ideología igualmente destructiva que pretende acabar con todo rasgo de espiritualidad en el ser humano, que considera profundamente retrógrado atreverse a distinguir entre el bien y el mal y que reniega de todos los valores que durante siglos situaron a Europa como vanguardia de la libertad y del progreso en el Mundo.

Esta nueva forma de totalitarismo ha identificado a la religión, en especial al catolicismo, como su gran enemigo. Por eso, una de sus principales obsesiones es eliminar toda manifestación religiosa de la vida pública, borrar el cristianismo como una de las raíces fundamentales de nuestra propia identidad europea y destruir los valores morales tradicionales, como el respeto a la vida y a la dignidad humana o el inmenso valor de la familia, sobre los que a lo largo de siglos hemos construido nuestra sociedad y nuestra civilización.

Nadie mejor que Benedicto XVI parece capacitado para hacer frente a esta ofensiva de este neolaicismo intolerante que sufre buena parte del continente europeo. A la incuestionable capacidad intelectual del hasta ahora cardenal Ratzinger para hacer frente a esta filosofía de la negación de Dios, se une ahora la inmensa fuerza moral que impone situarse al frente de una Iglesia con más de mil millones de fieles. Esa combinación de fuerza intelectual y autoridad moral convierten a Benedicto XVI en un ariete difícil de contener para reconquistar el corazón y las mentes de los europeos, muy especialmente de los jóvenes.

Es evidente, sin embargo, que esta es una batalla que el nuevo Papa no puede librar sólo. Muchos católicos que vivimos a medio camino entre nuestras creencias religiosas y la ideología de la acomodación nos veremos ahora obligados a elegir. Benedicto XVI no parece dispuesto a liderar una Iglesia que claudique de sus principios más fundamentales para poder sobrevivir con mayor comodidad. Por el contrario, quiere construir una Iglesia más auténtica y comprometida, incluso aunque eso suponga el riesgo de hacerla más minoritaria, que defienda desde el dialogo y la tolerancia su propio espacio en un mundo que la necesita más que nunca.

España parece un país decisivo en este esfuerzo del nuevo Papa por reconquistar el corazón de Europa. Esta misma semana se ha aprobado en nuestro Congreso de los Diputados el matrimonio entre homosexuales. Es un ejemplo más del ánimo totalitario de una izquierda que tras perder todas sus señas de identidad está empeñada en destruir las ajenas.

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