Serafín Fanjul - Libertad Digital
"Hace unos días Yusra al-‘Azami, culpable de pasear con su prometido (y con su propia hermana de carabina) y cargada de bendiciones familiares para el paseo porque la boda ya estaba próxima, era ametrallada y su cadáver machacado a golpes por una “brigada antivicio” perteneciente a la banda terrorista Hamás, esa que Moratinos anda publicitando por Europa. Dado que la inmensa mayoría de los matrimonios se conciertan entre los clanes no es aventurado imaginar que esa relación –por demás honestísima, hasta hacernos sonreír– gozaba de todas las aprobaciones sociales y esta pobre muchacha se hacía la ilusión de ir conociendo píldoras educadas y corteses del carácter de su futuro. Y si no fuera así, da igual: ¿quién ha investido a tales alimañas de derecho alguno sobre la vida de Yusra? La respuesta, por desgracia, es bien sabida: “Alláh”, dicho con el dedo índice de la mano derecha enhiesto hacia el cielo." (...)
"El asesinato de Yusra es el último peldaño de una escalera que se comienza a subir cuando hombres adultos se esconden en el retrete para fumar en las horas prohibidas de Ramadán, en una sociedad represiva hasta la médula cuyos excesos sólo provocarían risa si en ellos no estuvieran implicados la felicidad, el sosiego y hasta la vida de tantos seres humanos. La muerte de Yusra es una tragedia horrible, pero sólo constituye la superficie del iceberg de muchos dramas más pequeños y menos sangrientos y espectaculares. El libro de Khaled al-Berry , Confesiones de un loco de Alá (Madrid, La Esfera de los Libros, 2002) recoge un buen elenco de ejemplos que aquí no podemos detallar, pero que recomendamos leer.
Y llegamos a los ciegos. Propiamente, no viven en Gaza sino en Frankfurt, Roma o Madrid y, sobre todo, en La Moncloa. Han inventado –o copiado, qué más da– una alianza de civilizaciones que es mera pantomima, inoperancia intelectual de personas que no dan para más, con los ojos estratégicamente cerrados, los oídos bien cubiertos y las lenguas anestesiadas por el peor oportunismo político. Con ellos no van las Yusras y sus cuitas, ni las argelinas ametralladas por llevar falda o quitarse la pañoleta, ni las niñas egipcias mutiladas con el amparo decidido del islam oficial (no me expliquen que la ablación no es una costumbre islámica de origen porque ya lo sé). La muy diver, chuli y guay multiculturalidad no está para tamañas zarandajas, lo suyo es trincar lo que se pueda y envolverse en la bandera de la ética universal. Qué buena vista disfrutan en realidad estos ciegos."
No hay comentarios:
Publicar un comentario