sábado, octubre 08, 2005

Juan Carlos Girauta - Consenso - Libertad Digital

No hay que engañarse, toda esta crisis, de principio a fin, es resultado directo de la irresponsabilidad de Zapatero, de su falta de compromiso con las premisas de nuestra democracia, de su manía de entroncar con la Segunda República, de su incurable sectarismo y de una dinámica política que se remonta a la segunda legislatura de Aznar y que se traduce en fatídica ley: cuanto más maniqueo, simple, demagógico y cainita es el discurso socialista, más medra Zapatero.

Los ponentes catalanes del estatuto, incluyendo a los separatistas, no hubieran introducido el término “nación” en el articulado (hasta ellos comprendían que era flagrantemente inconstitucional) si no les hubiera animado el presidente del gobierno al exponer sus extemporáneas dudas sobre el concepto. Los convergentes no habrían apoyado el proyecto si él no hubiera convocado secretamente a Artur Mas el 19 de septiembre para darle carta blanca a un régimen financiero que exasperó al mismísimo conseller Castells. La prensa catalana y varios importantes empresarios no habrían apostado por la desmesura si él no se hubiera comprometido pública y reiteradamente a aceptar el Estatuto que llegara del Parlament. No se habría formado el tetrapartito de hecho, con sus embajadas y su concertada pedagogía capitalina, si él no hubiera dado tan sobradas muestras de inanidad, de falta de apego a la Constitución y a la propia idea de España.

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