domingo, octubre 30, 2005

FRANCO: UN BALANCE HISTÓRICO, Por Pío Moa

Libertad Digital ofrece a sus lectores un fragmento del capítulo 13 de Franco: Un balance histórico (Planeta), la más reciente producción de nuestro colaborador Pío Moa. A juicio de Moa, el "largo período de paz" que representó el franquismo ("al que deben sumarse los casi treinta de la actual democracia") "rompe muchos tópicos simplones sobre el violento y cainita carácter español".

"Los emigrantes, en su vasta mayoría, se interesaron muy poco por cualquier actividad contra Franco, lo mismo en los países de acogida que al volver a su patria. Naturalmente sería falso catalogarlos como activos franquistas o cosa por el estilo. Más justo sería decir que no se sentían incómodos con el régimen. Éste restringía severamente las libertades políticas, pero permitía una amplia libertad personal, que en parte pondría de manifiesto Solzhenitsin cuando visitó el país y levantó tan gran escándalo en la oposición. Julián Marías ha observado también la escasa preocupación popular por la ausencia de dichas libertades (...)"

"En cuanto a los presos, esperablemente numerosos en una tiranía policíaca, eran en realidad muy pocos, una de las cifras más bajas de Europa. En 1960 ascendía a 15.200, casi todos comunes, y bajó constantemente cada año hasta los 10.700 en 1966. Sólo en el primer bienio republicano hubo una bajada tan sensible, pero con un significado muy distinto: la liberación de presos durante la República respondió casi siempre a medidas demagógicas, pues no vino respaldada por una disminución de la delincuencia, sino por un auge brutal de ella. En los años 60, el corto número de reclusos reflejaba una delincuencia también muy reducida.

La población carcelaria volvió a crecer, pero sin superar cifras bajas, a partir de 1968, con 12.100 personas, llegando a 13.900 en 1970 y a un máximo de 14.700 en 1974, con alguna caída intermedia. La causa de este aumento se aprecia con facilidad: en esos años coincidió un aumento de la delincuencia común –entre otras cosas la droga empezó a penetrar en la sociedad española– con la intensificación de las actividades comunistas y la aparición de la ETA. Es difícil saber el número de presos políticos dentro del conjunto, pero probablemente no pasó de dos mil, si llegó a tanto, en el momento de máxima represión, cifra no muy apabullante para un país de más de 35 millones de habitantes en pretendida rebeldía abierta o latente. Normalmente no pasaban de unos centenares.

Información de interés al respecto la ofrece el historial del Tribunal de Orden Público (TOP), constituido en 1963 para afrontar la creciente actividad antifranquista. En sus trece años hasta su disolución en 1977, el TOP produjo 9.000 condenas, menos de 700 al año. Los procesados en ese período sumaron 11.261, a quienes el tribunal impuso 10.146 años de prisión, es decir, en torno a un año por persona. Por lo tanto, la gran mayoría de ellos no debió entrar en prisión, pues las penas inferiores a un año no solían cumplirse en la cárcel. Y las penas superiores rara vez, si alguna, se cumplían íntegras. No puede hablarse, definitivamente, de una resistencia numerosa o peligrosa para el régimen. La pintura, tan habitual hoy, de un pueblo humillado y descontento, fuente de una continuada e intensa resistencia a Franco, tiene muy poco en común con la realidad histórica. La inmensa mayoría no sentía humillación ni rebeldía.(...)"

"No hay exageración, por lo tanto, en el aserto de que la oposición fue ante todo y en todo momento comunista o terrorista, y lo mismo, evidentemente, la inmensa mayoría de los presos políticos. La oposición, entonces, tenía un carácter mucho más totalitario y antidemocrático que el régimen combatido, y difícilmente podía constituir una alternativa política razonable para la inmensa mayoría de los españoles de cualquier región."

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