Ramón Pi
"Cuando Occidente dice 'los violentos no cambiarán nuestros valores', ¿se refieren a algo?
Los atentados de Londres del día 7, como los de Madrid el 11 de marzo de 2004 o los de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, han tenido un eco planetario.
Las declaraciones de los gobernantes de todo el mundo occidental han puesto énfasis en la defensa de “nuestros principios y valores”, y de “nuestro modo de vida”. Son palabras huecas, sin sentido. Occidente, hoy, ignora cuáles son sus principios y sus valores.
Cuando he preguntado a responsables políticos por esta cuestión, han aludido vagamente a los “derechos humanos”, pero han sido incapaces de justificar a continuación las leyes abortistas, hoy extendidas en Occidente como mancha de aceite.
Nuestro modo de vida, tan invocado estos días, o se entiende en claves culturalmente europeas y religiosamente cristianas, o carece de fundamento en que apoyarse.
Digo europeas, porque en este concepto se incluyen tanto la herencia grecolatina como el acervo germánico y eslavo. Y digo cristianas, porque no es posible entender el cristianismo desgajado del judaísmo, “hermano mayor” del cristianismo, en feliz expresión de Juan Pablo II.
Ahí está el origen de nuestra identidad occidental. Pero eso, justamente eso, fue lo que los eurócratas quisieron que no figurase ni siquiera en el preámbulo del proyecto de Constitución para la Unión Europea. ¿De qué principios, valores y modo de vida nos hablan?
Occidente no sólo ha desistido de otorgar validez universal a sus principios y valores, sino que también ha renunciado a creer que esos principios y valores deban ser mantenidos en su propio ámbito. Cuando un proceso así crece, estamos sin lugar a dudas en época de decadencia. Haríamos bien en cobrar conciencia de esta realidad si queremos empezar a luchar para frenar este proceso aniquilador."
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