abc.es | Opinion
"¿Se han detenido a considerar cómo sería nuestra sociedad sin la aportación de la Iglesia? Thomas Mann nos recordaba que el cristianismo constituía un enriquecimiento sin parangón de lo «específicamente humano», un poder moralizador del que el hombre occidental nunca debería desprenderse, salvo que ansiara su destrucción. Pero, además de este infinito caudal de conquistas morales y culturales que el cristianismo nos ha legado (un caudal que sólo los muy resentidos o los muy obtusos se atreverán a negar), conviene destacar la ímproba misión que la Iglesia ha asumido en una época como la nuestra, en que los viejos errores (los errores que conducen al hombre a su autodestrucción) se presentan como modas novedosas y atractivas. Justo ahora, en una época de incertidumbres, en que los fundamentos éticos de nuestra convivencia se han reducido a escombros, la Iglesia ofrece a nuestra sociedad un valioso baluarte de coherencia, de incómoda coherencia si se quiere; pero el mero hecho de defender posturas incómodas cuando lo más sencillo sería dejarse arrastrar por la marea del relativismo rampante demuestra el valor primordial e insustituible de la Iglesia. Sumemos a esta condición de baluarte inexpugnable la ayuda espiritual que brinda a millones de personas, sumemos su ingente labor asistencial, caritativa, educadora, humanizadora en definitiva; y llegaremos a la conclusión de que la Iglesia es un precioso bien común que debemos preservar."
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