El Catoblepas
El socialismo en tres rasgos
«Discurso pronunciado en la Asamblea Nacional francesa durante la discusión del proyecto de Constitución (12 de septiembre de 1848)»
«Si no me equivoco, señorías, el primer rasgo característico de todos los sistemas que se denominan socialistas es una llamada enérgica, continua, inmoderada, a las pasiones materiales del hombre (señales de aprobación). [...]
»El segundo es un ataque a veces directo, a veces indirecto, pero siempre constante, a los fundamentos mismos de la propiedad individual. [...] lo que digo es que todos [los socialismos], por medios más o menos indirectos, si no la destruyen por completo, la transforman, la disminuyen, la entorpecen, la limitan y hacen de ella algo distinto de esa propiedad individual que conocemos y que se conoce desde que el mundo es mundo. (Señales muy vivas de asentimiento).
»El tercero y último rasgo, el que caracteriza sobre todo a mis ojos a los socialistas de todos los colores, de todas las escuelas, es una profunda desconfianza hacia la libertad, hacia la razón humana; es un profundo desprecio por el individuo, como simple hombre; lo que les caracteriza a todos es un intento continuo, variado, incesante, de mutilar, de acotar, de obstaculizar, la libertad humana de todas las maneras posibles; es la idea de que el Estado no debe ser tan sólo el director de la sociedad, sino también, por decirlo así, el dueño de cada hombre. ¿Qué digo?... Su dueño, su maestro, su preceptor, su pedagogo (¡Muy bien!); que por miedo a que desfallezca, debe colocarse sin cesar a su lado, por encima de él, a su alrededor, para guiarle, preservarle, mantenerle, retenerle; en una palabra, es la confiscación, como decía antes, en mayor o menor grado, de la libertad humana. (Nuevas señales de aprobación). Hasta tal punto que si, en definitiva, tuviese que encontrar una fórmula general para expresar lo que me parece el socialismo en su conjunto, diría que es una nueva forma de servidumbre. (Muy viva aprobación)»
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