Ramón Pi
UN portavoz, no sé bien si de la Asociación de Gays y Lesbianas, o de Transexuales y Gays, o de Lesbianas y Homosexuales Varios, ha esclarecido definitivamente la cuestión. La Iglesia católica, ha dicho, se ha alejado tanto de la sociedad que ha quedado reducida a una organización insignificante y marginal en España. Ya notaba yo algo: las iglesias desiertas los domingos, grandes huecos en las listas parroquiales para celebrar bodas religiosas y, en cambio, graves atascos de tráfico a las puertas de los juzgados, debidos a las aglomeraciones de parejas homosexuales en espera de ser casadas. Y entonces he entendido: como en España no hay católicos, nadie pide la clase de religión para sus hijos en los colegios, y por eso don Zetapé ha decidido atender a la muchedumbre de homosexuales, mayoritaria en España, modificando las leyes que hagan falta para que esa minoría insignificante de católicos, que dejaron completamente solo al Papa en Cuatro Vientos, se quede en su sitio.
Dadas las luces de esa citada mayoría, tengo que aclarar que esto lo he escrito irónicamente. Pero también he de añadir, dado el talante de los que ocupan el Gobierno, que hay que tener mucho cuidado con las ironías, porque ellos no son irónicos cuando afirman con toda seriedad que la retirada de las tropas de Irak fortaleció nuestras relaciones con Estados Unidos. Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas.
El Foro Español de la Familia ha convocado una manifestación en Madrid para el sábado 18 de junio a las cinco de la tarde. Ya sé que eso de salir a la calle no es la afición preferida de la gente seria, pero quizás haya que hablar a todas estas gentes en su lenguaje, aunque sea un día.
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