En el XIX sufrimos regímenes tiránicos, tras asonadas revolucionarias como la del trienio liberal (de liberal nada) de 1821, la revolución de 1868, un golpe militar que expulsó a Isabel II, y la horrible I República de 1873. Sólo la monarquía de Isabel, antes de esto, y la de María Cristina, antes todavía, habían dado un respiro al país, épocas de progreso. Fue la última la de la Restauración de Cánovas, desde 1874. Y luego siguieron extremismos suicidas y violencias extremas, la última la huelga socialista de 1917. Hubo de llegar, como último recurso, el parche de la Dictadura de 1921.Y luego, todavía, hubimos de padecer la II República, la de 1931, de implantación ilegal con pretexto de unas elecciones municipales, con el golpe de Jaca, con la coalición de las fuerzas republicanas y las nacionalistas, es decir, en el fondo separatistas. No voy a narrar esa República, que expulsó a su Presidente legítimo, Alcalá Zamora, sufrió una revolución socialista y separatista en el 34, y luego luchas civiles en la calle, y todavía luego a unos socialistas encabezados por el Lenin Español. Nada menos. Luego fue ya la pura guerra civil. Ese fue el resultado del mito de la República española.
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