domingo, mayo 13, 2007

Sarkozy, Polonia y la Pantoja

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El caso del gobierno de los hermanos Kaczynski, en Polonia, es, así mismo, emblemático. Se les presenta como antidemocráticos, arbitrarios y antieuropeos.

Y para ello se utilizan diversos argumentos:

-Uno, el que no dan ninguna facilidad a la cultura y reivindicación homosexual.

-El otro, de mayor pretensión política, por la ley que obliga a políticos, periodistas y profesor a informar si colaboraron con los servicios secretos del régimen comunista, que gobernó Polonia hasta 1989.

Es paradójico que quienes practican una particular visión de la memoria histórica en España y se remontan al periodo 1936-39, que queda más distante, y que quieren airear lo que consideran despropósitos del franquismo, no acepten esta necesidad que sienten muchos polacos de depurar su propia memoria histórica de la ocupación sangrienta y opresiva, la de la URSS y su régimen comunista. En realidad, hay que recordarlo, a lo que se ha negado hasta ahora el gobierno polaco es lo que hizo el gobierno alemán desde el primer día prácticamente de la unificación. Alemania abrió desde el principio los archivos secretos de la Stasi, la policía secreta comunista, a todos los ciudadanos, de manera que se hizo pública y notoria la pertenencia, y dio lugar a múltiples escándalos y a algunas cazas de brujas.

Kaczynski ha considerado que esta medida se presta a un mayor descrédito, vulneraciones y maniobras que elaborar una ley basada en la propia declaración de los responsables.

El conocido sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, creador del concepto de “modernidad líquida” ya ha declarado públicamente que colaboró durante tres años con los servicios secretos comunistas. Kaczynski ha afirmado por activa y por pasiva que si el Tribunal Constitucional tumba la ley él lo lamentará pero, obviamente, cumplirá la sentencia y que entonces aplicará el mismo camino que ya emprendió Alemania, el acceso público a los ficheros de la policía política comunista de Polonia.

En ningún caso puede afirmarse que el camino polaco sea peor o menos garantista que el alemán. A pesar de ello, las descalificaciones están a la orden del día.

Si Kaczynski no postulara una ideología nítidamente contrapuesta a lo “políticamente correcto” que inspira, sus problemas de imagen en nuestro país, y en buena medida en Europa, serían menores o no existirían. Una vez más son bestias negras no por aquello que hacen, sino por aquello que creen.

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