ABC.es: Por JUAN MANUEL DE PRADA.
El ascenso al poder del partido nazi en Alemania se produce cuando Ratzinger es todavía un niño; las consecuencias se notarán enseguida en la reforma educativa que impulsan los nuevos gobernantes. Antes de dicha reforma, nos cuenta Ratzinger, «el latín era la asignatura base de toda la enseñanza escolar y se estudiaba con gran severidad y rigor»; en el nuevo modelo impulsado por los jerarcas nazis, «desapareció por completo la enseñanza del griego, el latín quedó considerablemente reducido y adquirieron gran relieve las ciencias naturales». Ratzinger, que acababa de ingresar en el instituto de Traunstein, aún llegó a estudiar el bachillerato conforme a los planes antiguos; pero muchos profesores de griego y latín fueron expulsados del instituto, por no mostrarse demasiado entusiastas con las consignas de los nuevos patronos. «Rememorando aquellos años de estudio -prosigue Ratzinger-, encuentro que la formación cultural basada en el espíritu de la antigüedad griega y latina creaba una actitud espiritual que se oponía a la seducción ejercida por la ideología totalitaria». Quizá la falta de esa formación cultural explique la risueña mansedumbre con que las nuevas generaciones acatan el pienso ideológico que se les administra desde el poder.
Otra disciplina que el nacionalsocialismo no tardó en desterrar de las aulas fue la religión católica. La narración que nos ofrece Ratzinger del paulatino desalojo de la religión en la Alemania de los años treinta y su sustitución por una religión de Estado disfrazada de educación ciudadana bien podría servir para describir el estado de la situación en España, setenta años después. «Al principio -observa Ratzinger-, parecía que esto (la enseñanza de la religión) podía ser garantizado por el Concordato, pero bien pronto se pudo comprobar que para los nuevos patrones la fidelidad a los convenios no contaba para nada. Primero se produjo la lucha contra la escuela confesional: hacía falta liquidar el todavía existente vínculo entre Iglesia y escuela y que el fundamento espiritual de esta última no fuera la fe cristiana, sino la ideología del Führer. Los obispos llevaron a cabo con dureza la lucha en defensa de la escuela confesional, la lucha por la observancia del Concordato: han quedado muy grabadas en mi memoria las cartas pastorales sobre este asunto que el párroco leía durante las celebraciones dominicales. Ya entonces empecé a darme cuenta de que con la lucha en defensa de las instituciones desconocían en parte la realidad. Porque, en efecto, la sola garantía institucional no sirve para nada, si no existen las personas que la sostengan con sus propias convicciones». Por supuesto, a la vez que los jerarcas nazis se dedicaban a conculcar de facto el Concordato, pisoteando las garantías institucionales de la Iglesia, se aumentaron las horas lectivas dedicadas al deporte. «Esta circunstancia llegó a ser para mí un verdadero suplicio -comenta Ratzinger, con pudorosa ironía-, ya que no estoy lo que se dice especialmente dotado para el deporte».
No es preciso forzar la memoria para recordar a cierto político autóctono que, en plena campaña electoral, formuló un eslogan que postulaba un modelo escolar calcadito del que propugnaban los nazis: «Más educación física y menos religión». Quizá alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan sepa ya su nombre.
2 comentarios:
Muito bom na verdade eu provavelmente vou fazer o download. Graças
Aprendi mucho
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