Gustavo Bueno, El Catoblepas
"El pensamiento de una «Alianza de las Civilizaciones», fruto emblemático del «Pensamiento Zapatero», tal como nos ha sido presentado por los medios de comunicación y, en particular, por la revista femenina Marie Claire, durante la visita de su creador a la sede de la ONU en Nueva York, es, en efecto, un genuino espécimen del «Pensamiento Alicia». Nos pone este pensamiento –el Pensamiento Zapatero– ante un escenario planetario muy próximo en el cual las civilizaciones realmente existentes habrán dejado de alimentar sus conflictos (el pensamiento Zapatero sale así al paso de las pretensiones de Huntington, en el sentido de que los conflictos entre las civilizaciones son inevitables) y habrán olvidado sus guerras, llegando a comprenderse y abrazarse, aceptando unos los credos de los otros. «Esta es la casa de todos, sin diferencias, de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen, de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen. Fue en esta sala –dice el Pensador (Rodríguez Zapatero)– donde tuve la certeza de lo necesario que resulta la Alianza de las Civilizaciones.» De este modo cristalizó, según informe de su autor a la citada revista femenina, lo que ahora llamamos «Pensamiento Zapatero».
Un pensamiento que nos ofrece la representación de un mundo futuro pacífico, feliz y «a la mano», pero sin decirnos los medios que pueden conducir a él, ni los métodos que nos van a permitir evitar las guerras, las diferencias entre los pobres y los ricos, o las distancias entre los politeístas, los monoteístas o los ateos. Simplemente se nos pone delante de este mundo maravilloso como algo que ya puede considerarse como dado, porque acaso sólo es la codicia, la estupidez o la ignorancia de algunos hombres lo que nos separa de él.
Pero la Alianza de las Civilizaciones está ahí al lado. Bastará que una Asamblea de las Naciones Unidas –cuyo Secretario General, como hemos dicho, ha aceptado el Pensamiento Zapatero– decida reflexionar sobre el asunto para que los caminos hacia la Alianza de las Civilizaciones queden despejados. De hecho la ONU ya ha creado el GAN (Grupo de Alto Nivel) con quince miembros de dieciséis países (...)"
"Es bien sabido que los musulmanes han considerado tradicionalmente blasfemos a los cristianos que creen en el Dogma de la Santísima Trinidad, que ellos ven como una creencia descaradamente politeísta. Según esto, suponer que es «indiferente», para conseguir la concordia universal, ser monoteísta, politeísta o ateo, es pedir el principio, es suponer que a los creyentes cuando se sumergen en el océano del Género humano les da lo mismo una cosa u otra, lo que equivale a suponer que no creen: pero esto es lo que se trata de demostrar. Y no entramos en la paradoja del «monoteísmo pluralista», en la paradoja del monoteísmo que se manifiesta a propósito de las tres religiones monoteístas en torno a la cual gira el drama (Nathan el Sabio), de Lessing (cuya lectura recomendamos al Sr. Zapatero, así como al señor Kofi Annan, al Sr. Moratinos y al Sr. Mayor Zaragoza). Pero el irenismo de Lessing, en cuanto racionalista, implicaba la demolición de cada una de las tres religiones positivas, de sus dogmas, sacramentos, sacerdotes, imanes o rabinos, incluso de los templos; es decir, desde un punto de vista práctico, reproducía e intensificaba los conflictos sociales y eclesiásticos entre las tres religiones del Libro, en lugar de atenuarlos. (...)"
"Las circunstancias materiales que privan de sentido objetivo al proyecto de una Alianza de Civilizaciones tienen que ver con la incompatibilidad de las mismas civilizaciones que han sido homologadas precisamente por su disposición («vocación», «tendencia», «necesidad», «ortograma») cosmopolita. Todas las civilizaciones son iguales. Todas, o muchas de ellas, están de acuerdo en su horizonte cosmopolita. Pero este acuerdo es precisamente el que determina su incompatibilidad, y deja en el aire su supuesta voluntad de alianza: «mi primo y yo, dice Francisco I a Carlos V, estamos siempre de acuerdo: ambos queremos Milán».
La alianza entre civilizaciones, en sentido estricto, es imposible, salvo que se esté dispuesto a destruir alguno de los aliados o todos. ¿Cómo hacer compatible la poligamia con la monogamia sin destruir uno u otro sistema, o ambos? Otro tanto se diga cuando nos referimos a la convivencia de los matrimonios heterosexuales y los homosexuales: la institución de la familia puede darse por desaparecida a partir de un determinado porcentaje de matrimonios homosexuales. ¿Y el derecho de propiedad? ¿Cabe una alianza entre civilizaciones que contienen entre sus instituciones la propiedad privada de los medios de producción y aquellas otras que consideran necesario destruir esta institución en nombre del comunismo? ¿Tiene algún porvenir, como modelo de civilización universal, el proyecto de Den Xiaoping de hacer de China un país con dos sistemas?
¿Y cómo entender una alianza entre civilizaciones, una de las cuales esté organizada según el modelo de las democracias parlamentarias, y otra según el modelo de la dictadura del proletariado? Tampoco tiene sentido una alianza entre una civilización cristiana (cuyo consustancial proselitismo le obligará, por amor a los demás hombres, a extender su doctrina y sus sacramentos) y una civilización islámica (cuyo consustancial proselitismo le obligará a extender la valoración del dogma de la divinidad de Cristo como una blasfemia). Solo cuando ambas civilizaciones hubieran perdido la fe proselitista salvadora de sus dogmas y sacramentos, es decir, cuando hubieran dejado de ser cristiana o musulmana, la Alianza sería posible; pero ya no sería una alianza entre tales civilizaciones, sino entre sus cadáveres.
Pero las circunstancias formales que vacían de todo significado al proyecto de una Alianza de Civilizaciones tienen si cabe más fuerza que las circunstancias materiales. Una alianza entre civilizaciones presupone la posibilidad de representantes personales o comisarios de tales civilizaciones que sean capaces de pactar. Pero, ¿quién puede asumir con títulos fundados la representación de una «civilización» en el momento de tratar de establecer una alianza con otras?
¿Acaso la alianza entre la «civilización católica» y la «civilización musulmana» puede llevarse a cabo a través de la negociación entre el Papa de Roma y el Imán de Bagdad? ¿O es que se supone que las civilizaciones, entidades impersonales, pueden sin embargo establecer alianzas entre sí? (...)"
"Se habla, en efecto, de civilizaciones, pero no se las delimita ni se las identifica, ni se da prueba de su existencia. Y cuando se busque precisar de qué se está hablando (como suponemos que lo buscarán los que acudan a la conferencia del GAN en Mallorca, a finales de este mes de noviembre) podremos enterarnos de qué se habla en efecto.
Pero podemos saber de antemano que no se va a hablar de una Alianza de las Civilizaciones, sino por ejemplo de algunos convenios de intercambio de maestros, de algún seminario de confrontación entre técnicas agrícolas o industriales, de ayudas económicas o de condonación de deudas exteriores, de convivencias de clérigos de diferentes confesiones, es decir, de operativos para poner en juego, a través de los Estados que se presten a ello, o de las ONGs, que se prestarán inmediatamente sin duda, a la confrontación de instituciones diversas, como se ha hecho siempre entre los pueblos, los Estados e Iglesias, siguiendo unas leyes económicas que muy poco tienen que ver con la Alianza de las Civilizaciones. Esta Alianza es sólo una denominación grandilocuente y retórica que solo puede dar lugar, dada la enormidad de su punto de partida, al parto de los montes.
Pero hay algo más. No se trata sólo de un proyecto inocuo y de buena fe, de un libre ejercicio de «Pensamiento Alicia». Lo que en el terreno literario puede dar lugar a resultados agradables e inofensivos, el Pensamiento Alicia aplicado a asuntos de política y economía reales puede ser sumamente peligroso y ofensivo.
En efecto, el Pensamiento Alicia en asuntos como aquellos de los que se ocupa el pensamiento Zapatero, desvía, por de pronto, la atención de los problemas reales, como puedan serlo los conflictos entre grupos o clases sociales, o entre ricos y pobres; desdibuja la realidad y transfiere sus problemas a una escala –civilizaciones– inasible por cualquier hombre práctico; encubre, bajo las fantasiosas ideas de las «civilizaciones», los problemas reales e impide centrarlos en sus quicios propios. Lo que el Pensamiento Alicia puede tener de interesante en el terreno literario lo tiene de vergonzoso cuando se aplica a la política y a la cultura como lo hace el Pensamiento Zapatero.
¿Queremos decir con esto que el Pensamiento Zapatero, el Pensamiento de la Alianza de las Civilizaciones no tenga porvenir?
En modo alguno, al contrario, en cuanto pensamiento. Precisamente su condición de Pensamiento Alicia puede abrirle la puerta de millones y millones de individuos con las entendederas sintonizadas para recibir este pensamiento (Cómo ganar amigos de Carnegie, una obra desarrollada según los métodos del Pensamiento Alicia, lleva ya vendidos varios millones de ejemplares).
Pero por mucho que progrese el Pensamiento Zapatero sobre la Alianza de las Civilizaciones, por muchas sesiones del GAN, por muchas ONGs, reuniones, congresos, seminarios, libros y televisiones que se dediquen a desarrollarlo y cultivarlo, lo que no habrá avanzado ni un solo milímetro es la misma «Alianza de civilizaciones». ¿Cómo podría avanzarse hacia una alianza entre entidades imaginarias cuyos límites sólo pueden ser dibujados en el País de las Maravillas?"
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