Ramón Pi
"AYER fue el “día mundial sin tabaco”, una especie de fiesta políticamente correcta establecida por la ONU, que en el llamado Primer Mundo se celebra con singular entusiasmo: cada vez es más reducido el margen que las autoridades dejan a la gente para fumar, bien abrasando al fumador a impuestos —es el producto más castigado fiscalmente de España—, bien ampliando cada vez más las áreas de prohibición de su consumo.
La cruzada persecutoria se fundamenta, por un lado, en el fomento del odio entre fumadores y no fumadores; por el otro, en las estadísticas de morbilidad y mortalidad, aprovechadas sesgadamente para una publicidad engañosa. De lo primero tenemos abundantes ejemplos, y parece que el fenómeno no hará más que agravarse, porque a la credulidad en estadísticas manipuladas se añade la obsesión patológica por la salud, como si enfermar o morirse fueran formas de fracaso. “Fumar mata”, dicen los cruzados. ¿Siempre? ¿A todos? Yo tengo un amigo (que soy yo mismo, pero soy bastante amigo mío, la verdad) que sustituye esos mensajes de las cajetillas por otros. Hoy lleva éste: “Vivir mata”. Mucho más veraz. Cien por cien de exactitud, lo que no se puede decir del otro.
De las estadísticas, como se sabe, podemos extraer cualquier cosa, pero se conoce que a los cruzados no les parecen lo bastante aterradoras, y entonces cargan la suerte con porcentajes de imposible comprobación. Este amigo mío tiene para su cajetilla dos mensajes basados en estadísticas, ambos del todo ciertos. Helos aquí: “El 100% de los no fumadores también se muere”. Y este otro: “España es el 2º país más fumador de la UE, y el 3º del mundo en longevidad”. ¿Cómo explican eso los cruzados?
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