Pío Moa. Libertad Digital "Pero la demostración más palpable de la falsedad de aquella campaña fue la actitud de sus promotores después de las elecciones. De repente, una vez alcanzado el poder, se desentendieron de sus promesas de investigación sobre las atrocidades y de castigo a los culpables. Fue la derecha la que, reiteradamente y sin el menor éxito, les invitó a abrir una investigación parlamentaria sobre las atrocidades de Asturias. Llegó a formarse al principio una comisión presidida por la Pasionaria, de la que nunca más se supo, y que la Pasionaria no se molesta siquiera en mencionar en sus memorias. Parece que ya "no querían saber", podríamos decir remedando otros hechos recientes. Como dice Barco Teruel en su excelente estudio sobre la insurrección del 34, "¿Cuántas denuncias de muertes ilegales fueron presentadas a las autoridades, al Parlamento y a la prensa del Frente Popular cuando éste gobernaba? Nadie puntualiza quiénes fueron asesinados a millares, a cientos o simplemente a decenas mucho después de finalizados los combates, cosa en verdad curiosa si se tiene en cuenta que la izquierda tuvo en sus manos, desde febrero del 36, la posibilidad de realizar una información a fondo". Tampoco hay noticia de masivas denuncias presentadas por las secuelas de las terribles torturas, los saqueos, etc.
La casi absoluta falsedad de la campaña no dejó de surtir, sin embargo, los más trascendentales efectos históricos. No era la primera vez. He aludido antes al caso de Ferrer Guardia. No han sido las únicas campañas de ese tipo, y por su trascendencia histórica merecerían un detenido estudio monográfico, idea que brindo a algún historiador independiente con ganas: algo como "Las grandes campañas de agitación política en la historia contemporánea de España". Estoy convencido de que arrojarían mucha luz sobre nuestro pasado y, lamentablemente, también sobre nuestro presente."
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