domingo, abril 10, 2005

Cuelgamuros

abc.es| NACIONAL - Cuelgamuros: Valle caído en la desmemoria
«Le voy a explicar como historiador la verdad del Valle que ahora se falsea -asevera entonces Luis Suárez Fernández, Premio Nacional de Historia 2001, académico y presidente de la Hermandad del Valle-. Surgió tras la guerra para ser monumento a los combatientes católicos de ambos bandos y su obra se adjudicó por concurso público al arquitecto Diego Méndez, al gran escultor Juan de Ávalos, que no tenían vinculación especial con el régimen, y a la empresa Huarte, que llevaría a cabo las grandes tareas. Pero, fundamentalmente, es la obra de los pueblos de alrededor, que proporcionaron maestros canteros. Pronto hubo dos problemas: el que suscitaron los que pretendían que allí fueran a parar sólo los restos de los caídos en un bando, de lo que se hace eco Franco y que, según el libro de Franco Salgado (página 239), él dice que «de ninguna manera», porque en los dos bandos lucharon católicos que pensaban que lo hacían por el bien; y el de los presos, ya que, por influencia de un sacerdote, se había establecido una doctrina de redención de las penas por el trabajo, que hacía que los que aceptasen tomar parte en trabajos de obras públicas pudiesen eliminar las dos terceras partes de su sentencia, y a eso se acogieron muchos. A mí esto me parece muy mal, pero es una opinión personal, y nada tiene que ver con lo que fue y que ha llevado a pensar que había trabajos forzados: forzados no, mediante solicitud y además con un sueldo pequeño».

«El cambio fundamental -añade Suárez- se produce en los años 50 cuando visita el Valle Angelo Roncalli, nuncio saliente en París, y que no tardaría en ser el Papa Juan XXIII. Ve el Valle, le gusta la idea y, cuando es Papa, le otorga dos beneficios que a los católicos de hoy nos atraen tanto: Un trozo del lignun crucis y la indulgencia plenaria que se gana adorando a la cruz el día de Viernes Santo, el día más importante en el Valle. Y eso es lo que va significando: un gran centro religioso católico. Porque éste no se construye pensando que fuera a ser el mausoleo de Franco, una decisión del último momento. José Antonio fue llevado porque era uno de los caídos de la guerra, como los 40.000 restos de personas de ambos bandos que allí reposan».

«La revancha y el odio -dice el historiador- no traen nunca buenas consecuencias. Tal vez los fracasos que está experimentando el país necesitan echar mano de cosas de estas, como ponernos a sacar muertos; pero en el Valle no hay más que cenizas. Los cementerios no se levantan, sólo se dispersan. Que aprendan el ejemplo de Vitoria del año 1492 cuando se expulsó a los judíos de España y, sin embargo, se impidió que se levantasen las cenizas de aquellos que estaban enterrados en el Judimendi. Qué gran lección».

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