El ocio gregario
(...) Paradójicamente, la diversión actual se asemeja en su forma gregaria a las movilizaciones juveniles promovidas en los años treinta del siglo XX con fines nacionalistas e ideológicos. En aquella época movilizaba la política; hoy, la diversión. Entonces convocaban los gobiernos, sobre todo de regímenes totalitarios; hoy son los poderes económicos del sector del espectáculo. Los jóvenes –y también los mayores– de las concentraciones de entonces iban con sus uniformes, sus banderas y sus himnos; los de las macrofiestas de hoy van también uniformados en sus comportamientos, y a veces casi hasta en su vestimenta. Los jóvenes de los años treinta iban a escuchar extasiados a su líder; los de hoy, al disc jockey famoso. Los de entonces eran enrolados en el partido, y los de ahora en la taquilla. Y tanto unos como otros se sentían muy satisfechos, con la sensación de formar parte de un acontecimiento que les sobrepasaba. (...)