miércoles, marzo 26, 2008

Las mentiras sobre Irak. FERNANDO DÍEZ MORENO. ABC

SE afirma que una mentira repetida cien veces llega a convertirse en una verdad. Ningún ejemplo mejor para reflejar este aserto que el de la «verdad oficial» de que «España participó en la guerra ilegal de Irak». Además de «verdad oficial», es la «verdad» en que cree una gran mayoría de ciudadanos. Pero a nadie le gusta que le engañen, y no se puede engañar a muchos durante mucho tiempo. Porque esa «verdad oficial» es mentira, y lo saben bien quienes la han propalado durante cinco años, con generoso acompañamiento mediático, pero con daño irreparable al prestigio exterior de España y al principio de juego limpio en política. La Historia se basa en hechos, y los hechos son siempre tozudos. Veámoslo.
1. España no participó en la guerra de Irak. El prestigioso Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), contrario a la guerra de Irak, publica anualmente un no menos prestigioso informe bajo las siglas de RAMSES (Rapport annuel mondial sur le syst_me économique et les stratégies), nada que ver con los faraones. En el correspondiente a 2007, por aportar un solo testimonio, Jolyon Howorth: «L´Europe et la securité mondial», pag. 49, afirmó: «solamente cinco países enviaron a Irak fuerzas de combate: Estados Unidos, 150.000 hombres; Reino Unido, 45.000; Australia, 2.000; Rumania, 278; y Polonia, 200». España no es mencionada.
2. La guerra de Irak no fue contraria a la «legalidad internacional». Los juristas sabemos que en Derecho todo es discutible, y que pueden defenderse con todo rigor las posiciones más encontradas. Pues bien, en la primera guerra del Golfo en 1991, la resolución del Consejo de Seguridad 678/1990, de 29 de noviembre, autorizó a los Estados miembros a utilizar todos los medios necesarios para hacer cumplir la resolución 660/1990 (que obligaba a Irak a retirar sus fuerzas del Kuwait invadido). Dicho en otros términos, es la Resolución que autoriza la guerra contra Irak. La 686/1991, de 2 de marzo, suspende las operaciones ofensivas (alto el fuego) a condición de que Irak acepte cumplir las doce resoluciones dictadas con anterioridad.
Once años después, en los albores de la «segunda guerra del Golfo», se aprueba la resolución 1441/2002. En ella se recuerda que siguen vigentes, entre otras, las resoluciones 678/1990, 686/1991 y 687/1991. Y recuerda especialmente que «en su resolución 687/1991 había declarado que un cese del fuego estaría subordinado a que Irak aceptara las disposiciones de esa resolución, incluidas las obligaciones de su cargo...».
Fue así que no se cumplieron las obligaciones impuestas a Irak, cesó el alto el fuego condicionado a su cumplimiento, por lo que recobró su virtualidad la resolución 678/1991, que autorizaba la guerra contra Irak. Durante doce años, el Consejo se Seguridad de Naciones Unidas aprobó hasta 64 resoluciones contra Irak. Una nueva resolución (¡una más!) habría tranquilizado a algunos, pero la «legalidad internacional» eran 64 resoluciones y no una sola.
3. Es cierto que no se encontraron armas de destrucción masiva (no que no las hubiera, pues Sadam Husein las había empleado contra la población kurda), pero reto a cualquier político, analista, experto, comentarista, tertuliano, periodista de investigación, o simplemente ciudadano, a que aporte un testimonio anterior a la guerra que pusiera en duda la existencia de tales armas. Como se ha señalado triste y recientemente, el arma de destrucción masiva era el propio Sadam.
4. Si España no participó en la guerra de Irak, ¿qué fue lo que hizo? Respuesta: primero, apoyarla políticamente, porque Sadam era un sanguinario dictador y un peligroso instigador del terrorismo global, contra el que España luchaba en la parte que le toca; segundo, enviar un contingente militar de ayuda humanitaria, que llegó cuando la guerra había terminado al puerto de Unm Qsar, del que no salió; tercero, enviar, posteriormente, un contingente militar, al amparo de las resoluciones del Consejo de Seguridad, entre otras, 1472/2003, 1483/2003, 1500/2003 y 1511/2003, con misión de seguridad y estabilización del país; y cuarto, participar en las tareas de reconstrucción de Irak en los ámbitos institucional, económico, financiero, de infraestructuras y de ayuda humanitaria.
5. Por eso, cuando en mayo de 2004 el presidente Rodríguez Zapatero decide retirar el contingente militar, no lo estaba retirando de una «guerra ilegal», sino de una misión de paz, seguridad y estabilidad amparada por Naciones Unidas. Se podrá discutir cuanto se quiera la legalidad internacional de la guerra. Pero es incontestable e irrebatible la legalidad internacional en la participación en la reconstrucción. Las fechas no engañan salvo al que se quiera dejar: la resolución 1483/2003, de 22 de mayo, hizo un «llamamiento a los Estados miembros y las organizaciones interesadas para que ayuden al pueblo de Irak en la labor de reformar sus instituciones y reconstruir el país y contribuyan a que existan en el Irak condiciones de estabilidad y seguridad de conformidad con la presente resolución»; la brigada española Plus Ultra llegó en el mes de agosto de ese año. Además, Zapatero incumplió su promesa electoral, según la cual retiraría las tropas si antes de finalizar el mes de junio de 2004 no se aprobaba una nueva resolución del Consejo de Seguridad. Esa resolución se aprobó, pero nuestras tropas ya habían sido retiradas.
6. A la verdad se le falta también por omisión. Y la verdad oficial ha ocultado que España participó durante un año en la reconstrucción institucional, enviando expertos que colaboraron en la reorganización de la Administración, en la redacción de textos legales, en la recomposición del sistema judicial, en la aplicación de normas de control presupuestario, en la elaboración de planes y programas de regadíos, entre otros muchos.
7. La verdad oficial también oculta la importante ayuda humanitaria prestada por España. Primero, en el puerto de Unm Qsar, como antes se recordó. Después, con la actuación de los expertos de la AECI. Y simultáneamente por la brigada Plus Ultra. En la ordenación de la ayuda humanitaria internacional, en las oficinas de la ONU, perdió su vida el capitán de navío Martín Oar.
8. La verdad oficial oculta el importante papel que desempeñó España en los primeros momentos de la reconstrucción económica y financiera, formando parte del núcleo de cinco países (con USA, Reino Unido, Japón y Australia), que la planificaron. Nuestro país organizó la Conferencia de Donantes los días 23 y 24 de octubre de 2003, con la asistencia de más de cien países y organismos internacionales, incluido el secretario general de la ONU, en la que cada uno de ellos cifró su participación en la reconstrucción.
9. Finalmente, la verdad oficial ha ocultado el papel que desempeñó la brigada Plus Ultra, tanto en misiones humanitarias como de paz, seguridad y estabilización de Irak. Sus «reglas de enfrentamiento» (ROES) les impidieron prestar el apoyo solicitado por losamericanos en una acción ofensiva contra determinado clérigo. En esta misión, por primera vez en la historia, se integraron batallones de cuatro países centroamericanos a los que nuestra retirada dejó abandonados, en lo que ellos consideraron como una deserción. Las Fuerzas Armadas perdieron de un plumazo el prestigio alcanzado en otras muchas misiones de paz. Y nadie ha contado el humillante trayecto que hubieron de recorrer en su retirada vergonzosa, desde Diwaniyah hasta Kuwait.
Y todo cuanto he afirmado anteriormente contra la «verdad oficial» esta desarrollado y más fundamentado en mis «Memorias» como comisionado para Irak que, acompañada de abundante documentación, verá pronto la luz. ¿Y qué pasa hoy en Irak? Recuerdo que un profesor de la Universidad de Los Ángeles, al preguntarle por las noticias que le llegaban de España, me contestó: «Sólo cuando hay atentados de ETA». Ahora las únicas noticias que recibimos de Irak son de atentados. Pero no son las únicas que se producen. Han avanzado mucho en su reconstrucción institucional (Constitución, elecciones, Parlamento, libertades) y económica (cuando planificábamos la reconstrucción financiera las cuentas salían con el barril de petróleo a veinticuatro dólares; ahora está a más de cien).Tienen muchas dificultades en su lucha contra el terrorismo porque allí el terrorismo, a diferencia de lo que ocurre en España desde hace cuarenta años, es un terrorismo suicida, contra el que es más difícil, aún, luchar. Pero tarde o temprano culminarán el proceso de su transición política y el de su reconstrucción, porque es un país rico que tiene mucha gente preparada. Cuando ese momento llegue, muchos países sentirán el orgullo de haber participado en la más noble de las empresas: ayudar a un país a pasar de la dictadura a la democracia. España no será uno de ellos, pero muchos sentiremos el íntimo orgullo de haberlo intentado durante un año. La demagogia tiene también sus reglas.
(*) Ex secretario de Estado de Defensa y ex comisionado del Gobierno de España para Irak

viernes, marzo 07, 2008

Contra el “todo vale”

Iñaki Ezkerra (Presidente del Foro Ermua)


La Legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido la del “todo vale”. La consigna del “todo vale” ha llegado a crear en España no ya una doctrina política sino una verdadera subcultura que es profundamente antidemocrática y enemiga de la convivencia. Una subcultura heredada inicialmente del nacionalismo vasco pero ya totalmente asimilada por el partido que nos ha gobernado durante los últimos cuatros años, que llegó al Gobierno gracias a ella y que pretende servirse de ella para perpetuarse en el Gobierno. Pero es preciso decir en voz alta que para obtener el poder en unas elecciones o mantenerse en el poder “no vale todo”.

No vale proponer a los demócratas el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo a la vez que se propone a los propios terroristas otro pacto. No vale acercarse a los terroristas cuando se está en la oposición y decirles que se les va a tratar mejor que lo que lo está haciendo el Ejecutivo que en ese momento gobierna. No vale invitar a los terroristas a que propicien ese cambio como sólo ellos saben hacerlo. No vale prometer a los terroristas ni a los independentistas, ni a los que son una cosa y otra al mismo tiempo, lo que no se puede prometer. No vale violar la jornada de reflexión de unas elecciones. No vale atacar las sedes del partido rival. No vale buscar votos entre la chatarra y los cadáveres de Atocha. No vale responsabilizar al partido rival de un atentado terrorista por más que éste sea una respuesta a una determinada política que no juzgamos ni adecuada ni moral. No vale aliarse ni con los cómplices políticos del terrorismo ni con quienes pretenden la destrucción del Estado democrático español. No vale querer hacer pasar por respetables ni ideas ni ideologías antidemocráticas y totalitarias. No vale hacer de la izquierda un valor absoluto porque entonces se rompe la convivencia ya que quien no pertenece a la izquierda queda excluido del respeto que merece como demócrata y como ciudadano. No vale hacer de la libertad otro valor absoluto. Porque no lo es. Porque, con ser un bien inapreciable y un derecho de toda persona, la libertad de uno debe estar limitada en su ejercicio por la libertad de los otros y viceversa. Porque hay muy pocos valores que puedan llamarse absolutos como pueda ser el de la vida, que indudablemente lo es aunque lo relativicen quienes, por otra parte y paradójicamente, absolutizan valores más relativos cuando no desechables como la secta política o la tribu étnica. No vale llamar al otro gratuitamente “fascista” por un mínimo sentido de la propiedad del lenguaje, del uso adecuado tanto de los conceptos como de las palabras y porque quien desde un partido democrático hace un uso gratuito de ese vocablo coincide con los nacionalistas, o sea con quienes lo hacen desde el racismo y el totalitarismo sirviendo así a esa mala causa. No vale el desprecio hacia una religión secularizada como el cristianismo cuyo discurso doctrinal ha sido fuente moral de la propia Ilustración y coincide con ésta incluso en las palabras que la Revolución francesa escribió con mayúsculas: Libertad, Igualdad y Fraternidad. No vale sembrar la división gratuitamente entre los españoles en materias vitales como la lucha antiterrorista. No vale intentar dividir a las víctimas del terrorismo. No vale ningunear a las víctimas del terrorismo. No vale hacer sufrir a las víctimas del terrorismo. No vale estigmatizar a las víctimas del terrorismo. No vale insultar a las víctimas del terrorismo diciendo que están siendo manipuladas como si su tragedia las hiciera menores de edad en lugar de hacerlas dignas del mayor respeto y consideración y reconocimiento. No vale omitir, silenciar, borrar las huellas y el recuerdo del asesinato cometido por ETA para que nadie se acuerde dentro de unos años de quiénes fueron los asesinos y por qué esa persona fue asesinada. No vale agredir a las víctimas del terrorismo diciendo que obstaculizan el camino hacia la paz y que ponen palos a las ruedas de la paz y demás cursiladas con las que se las convierte en dianas del odio de los fanatizados, los ciegos y los necios. No vale asistir a sus funerales para sacarse la foto electoralista mientras se está ignorando y ofendiendo a sus familiares en el propio cementerio y ante el difunto. No vale traicionar la memoria y la ideología y los valores y la causa del compañero de partido asesinado. No vale hacer de la táctica publicitaria y mediática un absoluto y un valor moral. No vale utilizar la Justicia de un modo táctico y selectivo al servicio propio y de intereses puramente electorales. No vale ex carcelar a asesinos y encarcelarlos caprichosamente, como si la Justicia fuera un instrumento de chantaje. No vale chantajear a los chantajistas con la Justicia cuando ésta debe ser aplicada para acabar con el chantaje, no para perpetuarlo. No vale chantajear a los demócratas con multas por usar su libertad de expresión y reunión cuando se permite ilegítimamente expresarse y reunirse y manifestarse a los terroristas y a sus cómplices. No vale mirar hacia otro lado cuando los compañeros de otro partido democrático son puestos en la diana en las paredes de su barrio o cuando se les echa de un trabajo por defender una ideología y pertenecer a un partido perfectamente legítimos. No vale suplantar a las víctimas del terrorismo presentándose uno como víctima de una tragedia que asoló a toda España hace setenta años y que dejó cicatrices en todos los hogares de España. No vale abrir las cicatrices en nombre de una falsa memoria histórica que no es más que selectiva e interesada amnesia. No vale decir una cosa y la contraria. No vale blandir los huesos de los muertos como si fueran garrotes para resucitar el viejo cainismo hispánico que habíamos superado. No vale invocar la memoria histórica de los muertos de la Guerra Civil para sacarlos de las tumbas y hacer que sigan luchando sus esqueletos unos contra otros o contra los vivos. No vale hacer sufrir removiendo la memoria trágica de los vivos. No vale permitir que los asesinos y los cómplices de los asesinos insulten a infrinjan dolor a las víctimas del terrorismo en letras de canciones o poniendo a las calles los nombres de los asesinos o nombrando hijos predilectos a los asesinos. No vale dejar que las nuevas generaciones jueguen en parques y plazas que llevan los nombres de los asesinos y que los tomarán por modelos de conducta a imitar. No vale negociar con quienes practican esas infamias. No vale negociar con quienes amparan esas infamias. No vale perseguir ni estigmatizar a un partido ni a un colectivo ni a unos ciudadanos que tratan de desterrar para siempre esas infamias de la vida española. No vale ser cómplice de la infamia nacionalista y del silenciamiento de las víctimas y del olvido. No vale despreciar el esfuerzo de anteriores gobiernos en la lucha antiterrorista para presentarse como el gran pacificador. No vale rechazar frívolamente la experiencia y los logros de los otros en esa lucha. No vale haber permitido que resucitara el terrorismo. No vale llevar la ominosa negociación con los terroristas al Congreso de los Diputados. No vale haber desobedecido incluso aquella resolución votada en el Congreso de los Diputados. No vale seguir negociando con terroristas después de un atentado mortal. No vale negociar nunca con terroristas. No vale mentir sobre los terroristas. No vale mentir nunca. No vale haber dado la razón o parte de la razón a la causa de los terroristas al convertirlos en interlocutores y haber ayudado a que crecieran en el País Vasco las plataformas y los colectivos y los partidos y las mesas del totalitarismo. No vale renegar ante el nacionalismo vasco de los valores de la España democrática y de la España histórica. No vale despreciar quinientos años de Historia de una gran Nación. No vale saltarse todos los consensos de la Transición. No vale aliarse con socios que son los enemigos declarados de la democracia española. No vale remover los cimientos del modelo de Estado y de la Nación que nos han dado paz (la verdadera paz de la Constitución de 1978) y la auténtica prosperidad a los españoles así como respecto en el contexto internacional. No vale socavar la unidad de los españoles. No vale socavar la igualdad de los españoles. No vale expulsar a un compañero del partido sólo porque tiene principios. No vale humillar a un compañero de partido al que ya le han humillado además los nacionalistas del modo más infame y más bajo, es decir recurriendo a la violencia física. No vale acabar con la democracia interna del propio partido con el lema del que se mueve no sale en la foto. No vale hacer fotos de los serviles y los dóciles para presentarlos como los modelos civiles que no son ni serán nunca. No vale perseguir a todo lo que se mueve libremente. No valen los expedientes ignominiosos, las mentiras insidiosas ni las purgas neoestalinistas. No vale la mentira que ha sentado cátedra en esta Legislatura que ahora termina afortunadamente. No vale acosar a los candidatos de otros partidos ni dar lecciones a las acosadas ni presumir de saber contener el llanto cuando esas mujeres han demostrado un valor que es lo que hace posible que todavía quede algún resquicio de libertad en nuestra tierra. No vale restar importancia a los incidentes inaceptables de una campaña electoral cuando son el resultado de una Legislatura que comenzó violando el derecho de los españoles a meditar tranquilamente su voto.


(Este texto de Iñaki Ezkerra fue leído en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, el 27 de febrero, por varios miembros del Movimiento Cívico catalán y vasco así como publicado en la página web del diario La Razón el 6 de marzo de 2008. Lo suscriben entre otros Mapi Heras, Ana Velasco, Carmen Ladrón de Guevara, Nerea Alzola, Isabel Calero, Ana María Torrijo, Ariadna Hernández, Hermann Terstch, Fernando García de Cortázar, Josep March, Michelo Artiach, Íñigo Martínez de Pisón, Antonio Aguirre, Ignacio Arsuaga, María Victoria Longares y Alejandro Campoy)

¿Una España roja para la niña de Rajoy? - elConfidencial.com

Me equivoqué. Convendrán conmigo en que, al final, la niña de Mariano Rajoy se ha convertido en la protagonista de la campaña electoral, y eso es un acierto, independientemente de que la primera referencia que el líder del PP hizo de esta chiquilla que nadie conoce pero que tiene centenares de nombres –tantos como niñas estén naciendo estos días en nuestro país-, me pareciera una cursilería. Hoy puedo decirles que esa niña es, sin lugar a dudas, un motivo de esperanza. Quedan escasas cuarenta y ocho horas para que este país decida si quiere seguir caminando por la senda de la división y el rencor o si, por el contrario, apuesta por el cambio y tiende la mano a una nueva aventura de convivencia en libertad. Yo no voy a decirles a quien creo que deberían votar –Dios me libre de hacer semejante cosa-, pero si les diré qué país creo que debe ser aquel en el que crezca la niña de Rajoy, las niñas y niños que han nacido estos días y vendrán al mundo en los meses venideros.

Cuenta San Agustín en La Ciudad de Dios cómo en la decadencia de Roma, arrasada la ciudad por una absoluta degradación moral y política, la gente de la calle echaba la culpa de todos sus males a los seguidores de Cristo: “No llueve. La culpa la tienen los cristianos”, era el dicho más extendido. Las doctrinas totalitarias siempre han buscado un ‘cabeza de turco’ sobre el que descargar las responsabilidades de todos sus males. Pues bien, durante estos cuatro años, desde antes incluso, la izquierda ha venido situando a una parte importante de la población, la que no coincide con su manera de pensar, en el vértice de todos los desastres causados por ellos mismos, por sus políticas insolidarias. La culpa la tienen los del PP.

El origen de esta legislatura es un pacto brutal, la mayor evidencia de la carga de exclusión sobre la que gobierna Rodríguez. Y, fíjense, de todas las mentiras, de todos los engaños de estos cuatro años, el último me parece si cabe el más vil: Rodríguez, en una entrevista con Carlos Herrera y, después, en el primere debate, negó sistemáticamente conocer y respaldar el Pacto del Tinell. Pues bien, en su absoluta inmoralidad, lo ha incluido en la página 101 del Libro Blanco, haciendo bueno su contenido y respaldando la política de exclusión a la que conduce. Rodríguez ha hecho de la demagogía una estrategia, y de la mentira una obsesión, y todo para situar al PP y a los diez millones de votantes que tiene en las antípodas del sistema. Dice San Agustín, en el mismo libro, que “naturalmente, los educados en las disciplinas liberales tienen afición a la Historia y con suma facilidad conocen estos hechos”, pero aparentan ser ajenos a ellos para envenenar a la población de odio. Odio, entonces, contra los cristiano, y ahora contra todo lo que se signifique al margen del pensamiento único que nos gobierna.

Esta es la España roja de Rodríguez, en la que han nacido miles de niños en estos cuatro años, y a los que les espera un futuro de incomprensión y de merma de libertades y derechos. Pero es posible cambiarlo. No es ninguna quimera. La oportunidad está al alcance de la mano, el próximo domingo. No lo hagan por despecho, ni siquiera por el dolor que ha podido causar tanto resentimiento... Háganlo por esperanza, porque es posible una España distinta, en la que nadie pueda ser marginado por sus ideas políticas, en la que se gobierne a favor de las personas, y no de determinados colectivos. Una España solidaria. Una España libre. Una España en la que a nadie se le imponga como tiene que ser ni como tiene que pensar. Una España en la que se respeten todas las ideas, y todas las confesiones, en la que no se margine a unos para satisfacer los derechos de otros. Una España que hasta ahora ha sabido convivir sin exclusiones. Nadie, nunca, había ejercido su tarea de gobierno sobre la base de la exclusión. No lo hicieron ni Suárez, ni González, ni Aznar. Ha tenido que llegar Rodríguez para demostrarnos hasta que extremos conduce la ambición de poder, hasta donde se es capaz de vulnerar las reglas del juego en el tablero del ‘todo vale’.

Muchos de ustedes habrán tenido hijos en estos cuatro años. Qué futuro quieren para ellos, uno en el que su país se divida entre buenos y malos, o uno en el que la convivencia se fundamente en el respeto a las ideas de los demás. Qué les vamos a enseñar a esos niños, a odiar, o a querer. Qué les vamos a ofrecer, incomprensión o confianza. No son palabras huecas, ni vacías de contenido: es este Gobierno el que dividió un día al país en buenos y malos, ellos los buenos y los demás los malos, el que tachó de derecha extrema a todos los que no comparten su manera de ver las cosas, el que nunca buscó el consenso con la otra parte sino que directamente la puso entre la espada y la pared adoptando decisiones de difícil aceptación para una parte muy importante de la sociedad, el que ha fomentado el odio y las manifestaciones violentas contra los que discrepan, el que ha consguido que las personas normales se acaben convirtiendo en marginados sociales.

Qué país queremos, uno en el que se priman los derechos de los fuertes frente a los derechos de los débiles, en el que se aplaude al médico que incumple las reglas básicas de la deontología, en el que se permiten los infanticidios de bebés sietemesinos... O un país en el que se respetan los derechos de todos, principalmente los de los más débiles, aquellos que no pueden responder por sí mismos ni defenderse de las agresiones externas. Un país en el que se favorece la cultura de la irresponsabilidad, del todo vale, del mínimo esfuerzo, o un país en el que se prima el mérito, en el que se enseña a nuestros hijos que lo que hagan tiene consecuencias, para bien o para mal, y que deben asumirlas, y que para crecer y desarrollarse tienen que trabajar y esforzarse. Un país en el que se premia la burla de la ley y la rebeldía frente a las normas, o un país en el que se enseña que las leyes están para cumplirse y que las normas son necesarias para el correcto funcionamiento de todas nuestras estructuras. Eso es lo que hay que plantearse este domingo, qué España queremos para la niña de Rajoy, para todas las niñas y niños para los que nuestro voto es importante porque de él depende su futuro. Simplemente, piénsenlo.