jueves, septiembre 07, 2006

Chicos y chicas aprenden mejor con profesores de su mismo sexo ::Aceprensa::

Chicos y chicas aprenden mejor con profesores de su mismo sexo ::Aceprensa::

Un estudio norteamericano sugiere que influye la distinta actitud de los docentes según el sexo de los alumnos


En Estados Unidos preocupa el peor rendimiento académico de los varones en la enseñanza primaria y secundaria, que en los últimos decenios han ido perdiendo terreno con respecto a las chicas. A la vez, ha descendido la proporción de docentes masculinos, que hoy está en su nivel más bajo de los últimos 40 años (20% del profesorado de los centros públicos). ¿Podrían estar relacionados ambos hechos, que se dan también en otros países?

Una investigación –la más completa hasta la fecha– sobre la influencia del sexo de los profesores en los resultados de los alumnos aporta indicios a favor del sí. Pero descubre que también las chicas rinden peor cuando les enseñan docentes del otro sexo. La peculiaridad de los chicos es solo que a ellos el fenómeno les afecta más, simplemente porque la mayoría de los profesores son mujeres.

El estudio ("How a Teacher’s Gender Affects Boys and Girls") aparecerá en el próximo número de la revista trimestral "Education Next" (otoño 2006), pero ya está disponible en Internet y ha recibido los primeros comentarios y críticas. Su autor, Thomas Dee (Swarthmore College), advierte que tener profesores del sexo opuesto no explica toda la diferencia de resultados entre chicos y chicas, pero sí una parte. Y subraya que sus conclusiones son congruentes con las diferencias observadas en distintas materias. Así, lengua es la asignatura en que las chicas más aventajan a los chicos y en que mayor es la proporción de profesoras. En ciencias ocurre lo mismo, pero al revés: a favor del sexo masculino.

Dee se basa en una encuesta a 25.000 alumnos de 14 años, de escuelas públicas y privadas, realizada por el Departamento de Educación de Estados Unidos desde 1988. Dee empleó distintas técnicas para aislar el sexo del profesor de los demás factores que influyen en el rendimiento y las actitudes de los alumnos.

El rendimiento se mide con las notas, y las actitudes, mediante preguntas a alumnos y profesores. Sus principales conclusiones son las siguientes:

— Tener una profesora sube los resultados de las chicas y baja los de los chicos en ciencias naturales, ciencias sociales y lengua; al revés, si el profesor es varón, los chicos mejoran y las chicas empeoran. Por término medio, el efecto en esas tres asignaturas equivale más o menos a la cuarta parte de la diferencia de rendimiento entre los sexos.

— Con un hombre en la tarima, es mayor la proporción de chicas que consideran la asignatura inútil para su futuro, van a clase con pocas ganas y tienen miedo de hacer preguntas.

— En comparación con sus colegas masculinos, las profesoras dicen tener más chicos que perturban el desarrollo de las clases pero menos chicas distraídas o indisciplinadas.

En fin, según Dee, su trabajo autoriza a afirmar que tener un profesor del sexo opuesto es peor para los alumnos, pero no aclara exactamente por qué. Parece que influyen las actitudes espontáneas o incluso inconscientes de los docentes hacia los alumnos del otro sexo, y de estos hacia aquellos. También podría ser que los docentes desconozcan o no tengan en cuenta que cada sexo tiene su propio estilo de aprender. Hacen falta más estudios para llegar a explicaciones probables, advierte Dee.

Como en una escuela femenina o masculina los profesores suelen ser del mismo sexo que los alumnos, el estudio parece ir a favor de la educación diferenciada. Pero Dee señala expresamente que sus conclusiones no apoyan esa alternativa pedagógica, entre otras cosas porque para su investigación solo contó con datos de escuelas mixtas, de modo no puede compararlas con las de un solo sexo. Por eso opina que "quizá la mejor opción en política educativa sea estar abiertos a una variedad de estrategias que ni respalden inequívocamente la educación diferenciada ni tampoco la excluyan por principio".

¿Por qué está fracasando la Ley Integral contra la Violencia de Género?

¿Por qué está fracasando la Ley Integral contra la Violencia de Género?

¿Por qué está fracasando la Ley Integral contra la Violencia de Género?

Pasado más de un año de su aprobación, las cifras de mujeres asesinadas se acercan a batir un récord. ¿Qué falla?

El fracaso de la Ley es evidente. Una cosa es que sus efectos se vayan notando a largo plazo y otra muy distinta el que tras más de un año de su aplicación (la ley entró en vigor en enero de 2005) los resultados del 2006 amenacen con un macabro récord. La cifra de muertes a 6 de septiembre ya supera las acaecidas en 1999, 2001 y 2002. Y pueden superar el máximo de 72 homicidios del año 2004.

La ley fracasa porque está ante todo construida desde la ideología de género y no desde la interpretación de la realidad. Es un monumento al doctrinarismo cuyos efectos, además, resultan negativos no sólo por su ineficacia sino porque ha judicializado penalmente las relaciones en el seno de las parejas.

Perspectiva de género, una doctrina total

Vayamos por partes. La perspectiva del género, de ahí el título de la ley, es una doctrina que se pretende total, como en el marxismo del que en buena parte es deudora.

En esta interpretación, la sociedad tal y como está constituida, fundamentada en el matrimonio y la familia, donde existe una cierta división de roles, es intrínsicamente perversa porque está sujeta a los dictados de una “clase” dominante: los varones; la familia es un ámbito donde se educa de manera que facilita la violencia contra la mujer.

La teoría que sustenta la fracasada ley es que la violencia contra la mujer, los feminicidios, son consecuencia de la oposición del “macho dominante” a la voluntad de independizarse de la mujer propio de la sociedad moderna.

El hombre asentado en su papel pasado, educado por la familia y la religión judeocristiana en el patriarcado, niega la autonomía de su pareja y a partir de un determinado límite resuelve el conflicto matándola. Naturalmente, como mala ideología que es, no existen datos que avalen estas hipótesis. Más bien todo lo contrario.



Los fallos lógicos de la perspectiva de género aplicada a la violencia

Si la teoría fuera cierta, la violencia y, sobre todo, los asesinatos se darían en mayor medida en las personas educadas en una cultura preexistente más tradicional que en los jóvenes. Pero no es así, la inmensa mayoría de homicidas tienen menos de 40 años, y el 20% menos de 30. Tantos como los mayores de 50 años, el grupo en teoría más peligroso por patriarcal.

Si la teoría fuera cierta, las personas con mentalidad tradicional deberían cometer más homicidios que las “liberales” o “progres”. Pero no es así. Las personas unidas por el matrimonio religioso presentan una menor prevalencia de homicidios que las unidas por el matrimonio civil, y a su vez, éstas muchísimo menos que las que tienen vínculos basados en la pareja de hecho.

En el periodo 1999-2005, para el que existen los datos más fiables, la tasa de feminicidios por cada 100 mil matrimonios se mueve con escasas variaciones entre el 0,26 y el 0,35. Resulta casi constante. De manera que si el comportamiento global fuera el de este tipo el número de feminicidios sería más bajo y prácticamente no habría aumentado en relación a 1999.

Para las parejas de hecho la tasa por cada 100 mil uniones es mucho más elevada y oscila entre el 2.92 y el 4.65. Esto significa de promedio 10 veces más posibilidades de homicidio en una relación de pareja de hecho.



Si las hipótesis de la perspectiva de género que avala la ley resultaran ciertos, los países más liberales, con una larga tradición de emancipación de la mujer, como los países nórdicos y anglosajones, deberían presentar una incidencia mucho menor que los países de raíz tradicional y católica, como Portugal, España, Italia, Grecia (ortodoxa), incluso Irlanda. Pero no es así, sino todo lo contrario. Suecia encabeza el ranking junto con Gran Bretaña y los Países del Norte de Europa, mientras que la cola corresponde precisamente a los países latinos y a Irlandia.

La idea de un presunto “macho violento” de pelo intensamente negro, color cetrino y mirada cejijunta frente a un rosado sueco, de ojos azules y actitudes liberales, es falsa: el nórdico estadísticamente presenta una mayor tasa de feminicidios y, no sólo esto, sino también de violaciones.

La ley falla porque no ve que la raíz del mal está en la ruptura

En realidad la ley fracasa porque no contempla para nada la causa real de la violencia y los feminicidios: la ruptura.

Sólo existen tres factores que permiten una correlación significativa con los feminicidios. Uno ya ha sido apuntado, las parejas de hecho; el segundo es la inmigración desestructurada, sin familia (por tanto, no la inmigración a secas) y el tercero son las situaciones de ruptura.

Pero de hecho estas tres razones numéricas pueden reducirse a un único factor explicativo, el ya dicho de la ruptura, porque las relaciones de la inmigración desestructurada se traduce en parejas de hecho y éstas presentan un grado de inestabilidad, de ruptura, por consiguiente, muchísimo más elevado que el matrimonio.

De ahí también, colateralmente que el aumento del número de divorcios tienda a presionar al alza el número de homicidios.

Pero la ley no quería contemplar para nada esto porque resulta políticamente incorrecto señalar la ruptura como el factor de peligro y porque lo importante era criminalizar un pretendido estatus, el del hombre, y no el encontrar la causa real del por qué en unos casos concretos la violencia estallaba mientras que en la mayoría no.

No se ha querido interrogar la causa de lo que es claramente una patología y no una norma. Para la ideología de género es necesario que la violencia contra la mujer sea inherente al sistema y el feminicidio su corolario.

Progresista y feminista: "más mediación familiar y menos policías"

Esto es tan evidente que la juez decana de Barcelona Maria Sanahuja, miembro de la Asociación Progresista de Jueces para la Democracia, y feminista militante, haya afirmado en unas declaraciones a El País (3 de septiembre de 2006), que “la única alternativa a esta ley es poner en marcha los mecanismos que permitan la mediación entre las parejas, lo que supone una revisión en profundidad de la norma, ya que el texto legal prohíbe de manera clara esta fórmula”.

La juez apunta con precisión la raíz del problema: Evitar o atenuar la ruptura mediante la conciliación. Esta sí es una buena vía, pero hay que reparar en el detalle: la ideología sectaria de la ley lo prohíbe.

La juez critica muchos más aspectos que deben ser tenidos en cuenta porque inciden sobre puntos de la misma que han sido denunciados desde otras perspectivas jurídicas. Una de ellas es el desequilibrio que se produce de que ante un mismo hecho la pena sea distinta si el sujeto que lo comete es hombre o mujer. Y la diferencia no es poca: si es mujer determinados supuestos mínimos serán una falta, pero si es un hombre podrán ser un delito con una pena incluso superior a dos años, con lo que deberá ingresar en prisión.

La juez afirma “no sólo estamos provocando problemas con las órdenes de protección a las mujeres, estamos también haciendo millares de detenciones para nada. Con la reforma del código penal hemos convertido en delincuentes a la inmensa mayoría de maridos y parejas, como consecuencia de las tensiones que se producen en los momentos más conflictivos de las separaciones y divorcios”.

La juez decana pide ”poner el Código Penal en el límite de lo razonable para ser, de esta manera, proporcional a los hechos”. Pero no se queda aquí, sino que plantea “el suprimir los juzgados de violencia de género y devolver al ámbito de la jurisdicción civil y penal este tipo de conflictos, tal como estaba antes” Además, considera, que “las órdenes de protección a las mujeres están paralizando a la policía”.

Pero en lo que más insiste es en la mediación familiar, que recuerda que funciona hace más de 10 años en Europa y 25 en Estados Unidos con índices de acuerdo que llegan a ser casi del 80%. Por esto afirma: “cualquier solución que trate de resolver el problema de la violencia sin mediación está abocada al fracaso". “Con esta ley hemos creado en los juzgados y en la policía unos problemas que no teníamos” y pide que se restablezca el sentido común en la redacción y aplicación de las leyes.

Más claro imposible. Esta ley no sólo no protege a la mujer sino que facilita situaciones de mayor violencia, desorganiza el sistema judicial y policial y judicializa las relaciones entre las parejas.

Hombres y mujeres concretos son los perjudicados, una situación que se acentúa por la insólita ley española del divorcio al establecer su aplicación sin separación previa, sin ningún tipo de mediación y por solicitud unilateral de uno de los cónyuges que acostumbra a ir seguida de una denuncia en muchas ocasiones para curarse en salud.

El gobierno de Rodríguez Zapatero y su peligrosa ideología sobre el hombre, la mujer y el matrimonio nos ha metido con sus leyes en un peligroso embrollo.