«La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de Indias; y así las llaman Nuevo Mundo. Y no tanto le dicen nuevo por ser nuevamente hallado, cuanto por ser grandísimo y casi tan grande como el viejo, que contiene a Europa, África y Asia. También se puede llamar nuevo por ser todas sus cosas diferentísimas de las del nuestro. Los animales en general, aunque son pocos en especie, son de otra manera; los peces del agua, las aves del aire, los árboles, frutas, hierbas y grano de la tierra, que no es pequeña consideración del Criador, siendo los elementos una misma cosa allá y acá. Empero los hombres son como nosotros, fuera del color, que de otra manera bestias y monstruos serían y no vendrían, como vienen de Adán.»
Francisco López de Gómara
lunes, abril 30, 2007
Mientras Europa duerme
Pablo Romero, Hispanidad
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, capítulo LVIII)
Europa está en peligro de muerte y, muy probablemente, ha dado inicio su agonía final. O dicho de otro modo, una terrible mezcla de hedonismo nihilista, desidia y estupidez está destruyendo, al mismo tiempo, la verdad de nuestra historia y la esperanza en un porvenir libre. En cierto sentido, toda civilización (así el Imperio Romano, y después de él todos los demás) se sume, de forma inevitable y a partir de un determinado momento histórico, en un paulatino proceso de postración; y todo indica que el nuestro ha llegado. Este es el terrible diagnóstico de Bruce Bawer, periodista y escritor americano, liberal residente en Europa desde hace diez años y amante de su país, pero todavía más amante de la libertad y los principios que hicieron posible los logros, inalcanzados hasta hoy, del modo de vida occidental. El libro de Bawer está escrito con ese estilo ágil, extremadamente documentado y ameno, característico de la escuela anglosajona, y se antoja imprescindible para conocer las causas últimas de semejante suicidio colectivo. Las virtudes del libro son múltiples: en primer lugar, sitúa la cuestión de fondo, el rendimiento moral de un continente entero (casi una civilización) como la causa última del auge de los totalitarismos (fascismo izquierdista, regionalismos, nacionalismos varios), esas modernas enfermedades del alma que asolan las mentes europeas. Afortunadamente, Bawer huye de la insoportable corrección política al uso, y arremete contra pseudo-conceptos vacuos (multiculturalismo, diálogo, tolerancia, diversidad…) utilizados a modo de mantra por la progresía descerebrada que maneja los hilos de la burocracia europea. Pero si bien esto resulta evidente, y una vez asumido que Europa se desliza hacia el desastre, la cuestión fundamental es: ¿por qué ahora y qué soluciones hay?
El análisis de Bawer es tan lúcido como devastador. Y sus conclusiones demoledoras: en primer lugar, las elites políticas e intelectuales europeas, dedicadas por entera a estupideces acientíficas como el llamado calentamiento del planeta, han olvidado defender los principios que hicieron posible nuestras libertades y, por ende, nuestros derechos como ciudadanos, no como siervos. No es el planeta el que está en peligro, sino nuestra propia supervivencia. Su connivencia y, en algunos casos, explícita colaboración con aquellos que abiertamente se declaran nuestros enemigos, revela el grado de imbecilidad y sectarismo al que hemos llegado. Aunque parezca lo contrario, ese enemigo, aun siendo en cierto sentido ajeno (no olvidemos que la cultura islámica es, todavía hoy, un cuerpo extraño en nuestro continente) anida mucho más en nuestra mentalidad que en ninguna otra parte. O dicho de un modo más directo: nuestro problema es interior y, por lo tanto, lo es en un doble sentido. Porque como diagnostica con admirable lucidez y valentía Bawer, “al final, el enemigo de Europa no es el Islam, ni el islam radical siquiera. El enemigo de Europa es ella misma, su autodestructiva pasividad, su falta de mano dura frente a la tiranía, su perpetua inclinación al apaciguamiento y su absurda aversión por el orgullo, el valor y la determinación de Estados Unidos frente a un enemigo letal”.
De modo que el final se producirá, con total seguridad, como una lenta y sorda implosión. Y ocurrirá por varios motivos que remiten a una única causa primigenia: la aquiescencia indolora de una parte de la población que vive de espaldas a la realidad, más preocupada por sus miserias cotidianas (una ingenua y empalagosa mezcolanza de buenismo materialista) que por preservar las condiciones que han hecho posible ese progreso material y espiritual. Como afirma Bawer: “esta incapacidad es especialmente pronunciada entre la elite de Europa occidental. El político alemán medio, el periodista francés o el profesor sueco sencillamente no pueden imaginarse una vida guiada por convicciones religiosas. Cuando se les enfrenta con el hecho de que son de verdad tales creencias –aunque sean especialmente oscuras y retorcidas- lo que impele a los islamistas, su impulso más inmediato es el de quitarle importancia: no, no puede ser. Tiene que ser por otra cosa. Tiene que ser algo que tenga que ver con nosotros, algo como la pobreza, la opresión o el colonialismo. Los análisis neomarxistas son muy socorridos. Y de estas interpretaciones erróneas de la realidad surge una gran cantidad de reacciones tremendamente desatinadas”. Esa es la retórica vacua y gastada de la intelligentsia europea, esas elites convertidas en auténticas “castas” y que se consideran los dueños del cortijo. El segundo motivo es la palmaria cobertura que los totalitarismos de ayer y de hoy se proporcionan mutuamente. En el fondo connivencia en el recelo y el odio a la libertad, por eso no ha de extrañar la comunión de fines, aunque no siempre de estrategias, entre la socialdemocracia europea (muchos de ellos antiguos prosélitos del marxismo) y el totalitarismo islamista.
Así pues, es éste un libro fascinante y revelador en grado sumo, que huye de falsos mesianismos para adentrarse en el huevo de la serpiente y alertarnos de la inminencia del mal. Por todos esos motivos, y otros que la limitada extensión de esta crítica impide analizar in extenso, es éste un libro que hay que leer, meditar y recomendar a todos los que todavía les mueva la salvaguarda de las libertades individuales en nuestro viejo continente. Lo que nos jugamos es demasiado importante. De lo contrario, salvo que tomemos conciencia de cuál es la verdadera situación e intentemos remediarla, más pronto que tarde, y ampliando un tanto la metáfora de Ortega, deberemos convenir en que “Europa ha hecho el mundo, y Europa lo ha deshecho”.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, capítulo LVIII)
Europa está en peligro de muerte y, muy probablemente, ha dado inicio su agonía final. O dicho de otro modo, una terrible mezcla de hedonismo nihilista, desidia y estupidez está destruyendo, al mismo tiempo, la verdad de nuestra historia y la esperanza en un porvenir libre. En cierto sentido, toda civilización (así el Imperio Romano, y después de él todos los demás) se sume, de forma inevitable y a partir de un determinado momento histórico, en un paulatino proceso de postración; y todo indica que el nuestro ha llegado. Este es el terrible diagnóstico de Bruce Bawer, periodista y escritor americano, liberal residente en Europa desde hace diez años y amante de su país, pero todavía más amante de la libertad y los principios que hicieron posible los logros, inalcanzados hasta hoy, del modo de vida occidental. El libro de Bawer está escrito con ese estilo ágil, extremadamente documentado y ameno, característico de la escuela anglosajona, y se antoja imprescindible para conocer las causas últimas de semejante suicidio colectivo. Las virtudes del libro son múltiples: en primer lugar, sitúa la cuestión de fondo, el rendimiento moral de un continente entero (casi una civilización) como la causa última del auge de los totalitarismos (fascismo izquierdista, regionalismos, nacionalismos varios), esas modernas enfermedades del alma que asolan las mentes europeas. Afortunadamente, Bawer huye de la insoportable corrección política al uso, y arremete contra pseudo-conceptos vacuos (multiculturalismo, diálogo, tolerancia, diversidad…) utilizados a modo de mantra por la progresía descerebrada que maneja los hilos de la burocracia europea. Pero si bien esto resulta evidente, y una vez asumido que Europa se desliza hacia el desastre, la cuestión fundamental es: ¿por qué ahora y qué soluciones hay?
El análisis de Bawer es tan lúcido como devastador. Y sus conclusiones demoledoras: en primer lugar, las elites políticas e intelectuales europeas, dedicadas por entera a estupideces acientíficas como el llamado calentamiento del planeta, han olvidado defender los principios que hicieron posible nuestras libertades y, por ende, nuestros derechos como ciudadanos, no como siervos. No es el planeta el que está en peligro, sino nuestra propia supervivencia. Su connivencia y, en algunos casos, explícita colaboración con aquellos que abiertamente se declaran nuestros enemigos, revela el grado de imbecilidad y sectarismo al que hemos llegado. Aunque parezca lo contrario, ese enemigo, aun siendo en cierto sentido ajeno (no olvidemos que la cultura islámica es, todavía hoy, un cuerpo extraño en nuestro continente) anida mucho más en nuestra mentalidad que en ninguna otra parte. O dicho de un modo más directo: nuestro problema es interior y, por lo tanto, lo es en un doble sentido. Porque como diagnostica con admirable lucidez y valentía Bawer, “al final, el enemigo de Europa no es el Islam, ni el islam radical siquiera. El enemigo de Europa es ella misma, su autodestructiva pasividad, su falta de mano dura frente a la tiranía, su perpetua inclinación al apaciguamiento y su absurda aversión por el orgullo, el valor y la determinación de Estados Unidos frente a un enemigo letal”.
De modo que el final se producirá, con total seguridad, como una lenta y sorda implosión. Y ocurrirá por varios motivos que remiten a una única causa primigenia: la aquiescencia indolora de una parte de la población que vive de espaldas a la realidad, más preocupada por sus miserias cotidianas (una ingenua y empalagosa mezcolanza de buenismo materialista) que por preservar las condiciones que han hecho posible ese progreso material y espiritual. Como afirma Bawer: “esta incapacidad es especialmente pronunciada entre la elite de Europa occidental. El político alemán medio, el periodista francés o el profesor sueco sencillamente no pueden imaginarse una vida guiada por convicciones religiosas. Cuando se les enfrenta con el hecho de que son de verdad tales creencias –aunque sean especialmente oscuras y retorcidas- lo que impele a los islamistas, su impulso más inmediato es el de quitarle importancia: no, no puede ser. Tiene que ser por otra cosa. Tiene que ser algo que tenga que ver con nosotros, algo como la pobreza, la opresión o el colonialismo. Los análisis neomarxistas son muy socorridos. Y de estas interpretaciones erróneas de la realidad surge una gran cantidad de reacciones tremendamente desatinadas”. Esa es la retórica vacua y gastada de la intelligentsia europea, esas elites convertidas en auténticas “castas” y que se consideran los dueños del cortijo. El segundo motivo es la palmaria cobertura que los totalitarismos de ayer y de hoy se proporcionan mutuamente. En el fondo connivencia en el recelo y el odio a la libertad, por eso no ha de extrañar la comunión de fines, aunque no siempre de estrategias, entre la socialdemocracia europea (muchos de ellos antiguos prosélitos del marxismo) y el totalitarismo islamista.
Así pues, es éste un libro fascinante y revelador en grado sumo, que huye de falsos mesianismos para adentrarse en el huevo de la serpiente y alertarnos de la inminencia del mal. Por todos esos motivos, y otros que la limitada extensión de esta crítica impide analizar in extenso, es éste un libro que hay que leer, meditar y recomendar a todos los que todavía les mueva la salvaguarda de las libertades individuales en nuestro viejo continente. Lo que nos jugamos es demasiado importante. De lo contrario, salvo que tomemos conciencia de cuál es la verdadera situación e intentemos remediarla, más pronto que tarde, y ampliando un tanto la metáfora de Ortega, deberemos convenir en que “Europa ha hecho el mundo, y Europa lo ha deshecho”.
jueves, abril 19, 2007
Corte Suprema ratifica prohibición del aborto por nacimiento parcial en EEUU
Corte Suprema ratifica prohibición del aborto por nacimiento parcial en EEUU
WASHINGTON D.C., 18 Abr. 07 / 12:17 pm (ACI).- En una importante victoria pro-vida, la Corte Suprema de Estados Unidos ratificó la ley que en el año 2003 fue aprobada por el Congreso y firmada por el Presidente George W. Bush, en la que se prohibió el procedimiento conocido como aborto por nacimiento parcial en todo el país.
Con cinco votos a favor y cuatro en contra, los jueces de la Corte Suprema optaron por mantener este brutal procedimiento como prohibido y aclararon a los abortistas que solicitaron revisar el caso, que esta ley no viola el supuesto “derecho” de las mujeres a recurrir a un aborto, creado en la legislación estadounidense.
Asimismo, la sentencia precisa que prohibir este procedimiento no anula la decisión judicial de 1973 que abrió las puertas al aborto legal en el famoso caso Roe vs. Wade.
De los jueces que votaron a favor de la vida John Roberts, Samuel Alito, Clarence Thomas, Anthony Kennedy y Antonin Scalia, son católicos.
Los abortistas que se oponen a la ley “no demostraron que la norma sea inconstitucional en una gran cantidad de casos relevantes”, escribió el juez Kennedy.
La Corte aclaró en su decisión que el método usado en este aborto, que consiste en extraer parcialmente al bebé del útero materno –entre los seis y nueve meses de gestación- para aplastar o cortar su cabeza, califica como infanticidio y no como aborto.
Los jueces que votaron en contra son Ruth Bader Ginsburg, Stephen G. Breyer, David H. Souter y John Paul Stevens. Para Ginsburg el fallo de la Corte afectaría decisiones previas de este organismo sobre el aborto.
Sin embargo, en la opinión de la mayoría, el juez Kennedy precisó que “la ley permite un método usado comúnmente y generalmente aceptado, así que no constituye un obstáculo sustancial para el derecho a abortar”.
Asimismo, explicó que de acuerdo a testimonios médicos, el aborto por nacimiento parcial nunca es médicamente necesario para salvar la vida de una madre e indicó que había “un desacuerdo médico sobre si la prohibición de la ley resultaría en riesgos sanitarios significativos para las mujeres”.
Kennedy también señaló que la ley puede permanecer vigente incluso “cuando la incertidumbre médica persiste... La Corte otorga a las legislaciones federales y estatales amplia discreción para aprobar leyes en áreas en las que existe incertidumbre médica y científica”.
De igual modo estableció que la Corte asumía que la prohibición federal sería inconstitucional “si sometiera a las mujeres a riesgos sanitarios significativos” y añadió que “existen disponibles opciones médicas seguras”.
En el año 2000, la Corte con algunas diferencias claves en sus miembros falló en contra de la prohibición del aborto por nacimiento parcial. En una votación de 5 a 4 en ese entonces, el juez Breyer indicó que la ley rechazada imponía una carga indebida sobre el derecho a las mujeres a abortar.Reacción pro-vida
El P. Frank Pavone, Director Nacional de Priests for Life, señaló al conocer la noticia que “el Congreso de Estados Unidos y la vasta mayoría de legisladores estatales y los ciudadanos estadounidenses, han dejado claro durante la última década que este procedimiento –en el que se asesina a un niño al momento de nacer– no tiene lugar en una sociedad civilizada”. “Estamos agradecidos a todos los que trabajaron tan duro para aprobar esta ley y educar al público sobre este procedimiento inenarrablemente violento”, añadió.
El representante Chris Smith, republicano de New Jersey y que sirve como Co-Jefe del Comité Pro-vida, aseguró que “finalmente la Corte Suprema ha encontrado su voz y ha usado su autoridad para defender a los niños indefensos y sus vulnerables madres de la violencia del aborto”.
“Los métodos del aborto envenenan a un niño hasta que muere, lo cortan, rompen o despedazan y vacían el cerebro del bebé indefenso. No hay nada de benigno o compasivo, es solo un acto violento que finalmente destruye la vida de un bebé: es una cruel violación de los derechos humanos”, añadió.
“Las mujeres merecen, alternativas no violentas, defensoras de la vida y positivas en vez del aborto. Desde 1973, casi 49 millones de bebés han sido masacrados por lo que es eufemísticamente llamado choice (opción)”.
Por su parte, el Dr. Paul Schenck, Director Ejecutivo del Pro-life Action Center en el Capitol Hill, dijo que la decisión de la Corte Suprema es el primero de una serie de fallos necesarios. “En su opinión, la Corte hoy ha comenzado a corregir una terrible equivocación. Los abortos por nacimiento parcial, como demuestran los testimonios en tribunales inferiores así como argumentos orales, son equivalentes al infanticidio”, precisó.
El Dr. Schenck recordó que el procedimiento “es un acto inmoral, médicamente innecesario y debe ser condenado no solo por esta Corte, sino por toda corte y legislatura en el país. La mayoría de la corte ha ratificado el rechazo de estos actos contra los niños inocentes en el mismo momento de su nacimiento. Su decisión es una demostración alentadora de fortaleza moral”.
Troy Newman, líder de Operation Rescue (Operación Rescate) calificó a la decisión como “otra victoria de las recientes del movimiento pro-vida”. “Vemos un notable decrecer en el número de abortos anuales y un sorprendente incremento en el número de clínicas abortistas cerradas. Además, las encuestas muestran que Estados Unidos es cada vez más pro-vida, especialmente entre las jóvenes generaciones”.“Esta es la primera grieta legal para desterrar los cimientos de la decisión Roe v. Wade, y es el primer y necesario paso hacia la prohibición de la horrenda práctica del aborto en esta nación”, concluyó.
WASHINGTON D.C., 18 Abr. 07 / 12:17 pm (ACI).- En una importante victoria pro-vida, la Corte Suprema de Estados Unidos ratificó la ley que en el año 2003 fue aprobada por el Congreso y firmada por el Presidente George W. Bush, en la que se prohibió el procedimiento conocido como aborto por nacimiento parcial en todo el país.
Con cinco votos a favor y cuatro en contra, los jueces de la Corte Suprema optaron por mantener este brutal procedimiento como prohibido y aclararon a los abortistas que solicitaron revisar el caso, que esta ley no viola el supuesto “derecho” de las mujeres a recurrir a un aborto, creado en la legislación estadounidense.
Asimismo, la sentencia precisa que prohibir este procedimiento no anula la decisión judicial de 1973 que abrió las puertas al aborto legal en el famoso caso Roe vs. Wade.
De los jueces que votaron a favor de la vida John Roberts, Samuel Alito, Clarence Thomas, Anthony Kennedy y Antonin Scalia, son católicos.
Los abortistas que se oponen a la ley “no demostraron que la norma sea inconstitucional en una gran cantidad de casos relevantes”, escribió el juez Kennedy.
La Corte aclaró en su decisión que el método usado en este aborto, que consiste en extraer parcialmente al bebé del útero materno –entre los seis y nueve meses de gestación- para aplastar o cortar su cabeza, califica como infanticidio y no como aborto.
Los jueces que votaron en contra son Ruth Bader Ginsburg, Stephen G. Breyer, David H. Souter y John Paul Stevens. Para Ginsburg el fallo de la Corte afectaría decisiones previas de este organismo sobre el aborto.
Sin embargo, en la opinión de la mayoría, el juez Kennedy precisó que “la ley permite un método usado comúnmente y generalmente aceptado, así que no constituye un obstáculo sustancial para el derecho a abortar”.
Asimismo, explicó que de acuerdo a testimonios médicos, el aborto por nacimiento parcial nunca es médicamente necesario para salvar la vida de una madre e indicó que había “un desacuerdo médico sobre si la prohibición de la ley resultaría en riesgos sanitarios significativos para las mujeres”.
Kennedy también señaló que la ley puede permanecer vigente incluso “cuando la incertidumbre médica persiste... La Corte otorga a las legislaciones federales y estatales amplia discreción para aprobar leyes en áreas en las que existe incertidumbre médica y científica”.
De igual modo estableció que la Corte asumía que la prohibición federal sería inconstitucional “si sometiera a las mujeres a riesgos sanitarios significativos” y añadió que “existen disponibles opciones médicas seguras”.
En el año 2000, la Corte con algunas diferencias claves en sus miembros falló en contra de la prohibición del aborto por nacimiento parcial. En una votación de 5 a 4 en ese entonces, el juez Breyer indicó que la ley rechazada imponía una carga indebida sobre el derecho a las mujeres a abortar.Reacción pro-vida
El P. Frank Pavone, Director Nacional de Priests for Life, señaló al conocer la noticia que “el Congreso de Estados Unidos y la vasta mayoría de legisladores estatales y los ciudadanos estadounidenses, han dejado claro durante la última década que este procedimiento –en el que se asesina a un niño al momento de nacer– no tiene lugar en una sociedad civilizada”. “Estamos agradecidos a todos los que trabajaron tan duro para aprobar esta ley y educar al público sobre este procedimiento inenarrablemente violento”, añadió.
El representante Chris Smith, republicano de New Jersey y que sirve como Co-Jefe del Comité Pro-vida, aseguró que “finalmente la Corte Suprema ha encontrado su voz y ha usado su autoridad para defender a los niños indefensos y sus vulnerables madres de la violencia del aborto”.
“Los métodos del aborto envenenan a un niño hasta que muere, lo cortan, rompen o despedazan y vacían el cerebro del bebé indefenso. No hay nada de benigno o compasivo, es solo un acto violento que finalmente destruye la vida de un bebé: es una cruel violación de los derechos humanos”, añadió.
“Las mujeres merecen, alternativas no violentas, defensoras de la vida y positivas en vez del aborto. Desde 1973, casi 49 millones de bebés han sido masacrados por lo que es eufemísticamente llamado choice (opción)”.
Por su parte, el Dr. Paul Schenck, Director Ejecutivo del Pro-life Action Center en el Capitol Hill, dijo que la decisión de la Corte Suprema es el primero de una serie de fallos necesarios. “En su opinión, la Corte hoy ha comenzado a corregir una terrible equivocación. Los abortos por nacimiento parcial, como demuestran los testimonios en tribunales inferiores así como argumentos orales, son equivalentes al infanticidio”, precisó.
El Dr. Schenck recordó que el procedimiento “es un acto inmoral, médicamente innecesario y debe ser condenado no solo por esta Corte, sino por toda corte y legislatura en el país. La mayoría de la corte ha ratificado el rechazo de estos actos contra los niños inocentes en el mismo momento de su nacimiento. Su decisión es una demostración alentadora de fortaleza moral”.
Troy Newman, líder de Operation Rescue (Operación Rescate) calificó a la decisión como “otra victoria de las recientes del movimiento pro-vida”. “Vemos un notable decrecer en el número de abortos anuales y un sorprendente incremento en el número de clínicas abortistas cerradas. Además, las encuestas muestran que Estados Unidos es cada vez más pro-vida, especialmente entre las jóvenes generaciones”.“Esta es la primera grieta legal para desterrar los cimientos de la decisión Roe v. Wade, y es el primer y necesario paso hacia la prohibición de la horrenda práctica del aborto en esta nación”, concluyó.