abc.es | Opinion
"¿Se han detenido a considerar cómo sería nuestra sociedad sin la aportación de la Iglesia? Thomas Mann nos recordaba que el cristianismo constituía un enriquecimiento sin parangón de lo «específicamente humano», un poder moralizador del que el hombre occidental nunca debería desprenderse, salvo que ansiara su destrucción. Pero, además de este infinito caudal de conquistas morales y culturales que el cristianismo nos ha legado (un caudal que sólo los muy resentidos o los muy obtusos se atreverán a negar), conviene destacar la ímproba misión que la Iglesia ha asumido en una época como la nuestra, en que los viejos errores (los errores que conducen al hombre a su autodestrucción) se presentan como modas novedosas y atractivas. Justo ahora, en una época de incertidumbres, en que los fundamentos éticos de nuestra convivencia se han reducido a escombros, la Iglesia ofrece a nuestra sociedad un valioso baluarte de coherencia, de incómoda coherencia si se quiere; pero el mero hecho de defender posturas incómodas cuando lo más sencillo sería dejarse arrastrar por la marea del relativismo rampante demuestra el valor primordial e insustituible de la Iglesia. Sumemos a esta condición de baluarte inexpugnable la ayuda espiritual que brinda a millones de personas, sumemos su ingente labor asistencial, caritativa, educadora, humanizadora en definitiva; y llegaremos a la conclusión de que la Iglesia es un precioso bien común que debemos preservar."
sábado, abril 29, 2006
Juan Carlos Girauta - Sí a la memoria histórica - Libertad Digital
Juan Carlos Girauta - Sí a la memoria histórica - Libertad Digital
Declaran el 2006 Año de la Memoria Histórica cuando ya ha pasado el 14 de abril y cuando están a punto de pasar el 10 y el 11 de mayo: habría sido de muy mal gusto traer a colación la primera gran quema de iglesias, colegios y edificios religiosos ante la absoluta pasividad del primer gobierno de la República. Tengo la sensación de que esa ley conmemorativa y arrojadiza lleva temporizador. Está montada para que entre en vigor en torno al 18 de julio. A tiempo de comentar un poquito desde las televisiones, sin mala intención, el Alzamiento.
Pero van a tener que ajustar mucho el tiro; a poco que la publicación en el BOE se desvíe, igual nos ponemos a hacer memoria histórica por imperativo legal en la madrugada del 12 al 13 de julio, y lo que acaba conmemorándose es el modo en que miembros de La Motorizada de Prieto fueron a hacerle una visita de cortesía a Goicoechea, Gil Robles y Calvo Sotelo, encontrando, para su desgracia, al último. Lo sacaron de la cama y lo metieron en una camioneta de Asalto. Había dentro cuatro tipos de las juventudes socialistas, dos de ellos dirigentes. Un tal Cuenca le descerrajó dos tiros en la nuca al jefe de la oposición monárquica y luego arrojaron su cuerpo frente a la morgue del cementerio de la Almudena. La fotografía del cadáver de José Calvo Sotelo sobre una mesa, con la cara deformada, la pechera de la camisa ensangrentada, el sombrero y la chaqueta arrebujados, resume fielmente el espíritu del Frente Popular.
Así querían a la oposición, callada o muerta. Antes de su asesinato, Calvo Sotelo había sido repetidamente amenazado en el Parlamento y fuera de él. Galarza –que siendo fiscal general había acusado públicamente a Alfonso XIII de traición– justificó en las Cortes un eventual atentado personal contra don José. Hay amenazas de La Pasionaria, de la socialista Margarita Nelken y del propio jefe de gobierno Casares Quiroga, el enfermizo e incompetente amigo de Azaña.
Quizá el pistoletazo de salida de las celebraciones caiga el 15 de julio. Si es así, el país entero debería consagrar el día a estudiar la sobrecogedora intervención de Gil Robles ante la Diputación Permanente del Congreso. Acusó al gobierno de haber expulsado a la derecha del sistema (¿les suena?), le advirtió de que la mancha del asesinato de Calvo Sotelo no se la sacaría jamás y vaticinó que sería la primera víctima de la violencia que había desatado. ¿Memoria histórica? Ya verán, cada día tiene su afán.
Declaran el 2006 Año de la Memoria Histórica cuando ya ha pasado el 14 de abril y cuando están a punto de pasar el 10 y el 11 de mayo: habría sido de muy mal gusto traer a colación la primera gran quema de iglesias, colegios y edificios religiosos ante la absoluta pasividad del primer gobierno de la República. Tengo la sensación de que esa ley conmemorativa y arrojadiza lleva temporizador. Está montada para que entre en vigor en torno al 18 de julio. A tiempo de comentar un poquito desde las televisiones, sin mala intención, el Alzamiento.
Pero van a tener que ajustar mucho el tiro; a poco que la publicación en el BOE se desvíe, igual nos ponemos a hacer memoria histórica por imperativo legal en la madrugada del 12 al 13 de julio, y lo que acaba conmemorándose es el modo en que miembros de La Motorizada de Prieto fueron a hacerle una visita de cortesía a Goicoechea, Gil Robles y Calvo Sotelo, encontrando, para su desgracia, al último. Lo sacaron de la cama y lo metieron en una camioneta de Asalto. Había dentro cuatro tipos de las juventudes socialistas, dos de ellos dirigentes. Un tal Cuenca le descerrajó dos tiros en la nuca al jefe de la oposición monárquica y luego arrojaron su cuerpo frente a la morgue del cementerio de la Almudena. La fotografía del cadáver de José Calvo Sotelo sobre una mesa, con la cara deformada, la pechera de la camisa ensangrentada, el sombrero y la chaqueta arrebujados, resume fielmente el espíritu del Frente Popular.
Así querían a la oposición, callada o muerta. Antes de su asesinato, Calvo Sotelo había sido repetidamente amenazado en el Parlamento y fuera de él. Galarza –que siendo fiscal general había acusado públicamente a Alfonso XIII de traición– justificó en las Cortes un eventual atentado personal contra don José. Hay amenazas de La Pasionaria, de la socialista Margarita Nelken y del propio jefe de gobierno Casares Quiroga, el enfermizo e incompetente amigo de Azaña.
Quizá el pistoletazo de salida de las celebraciones caiga el 15 de julio. Si es así, el país entero debería consagrar el día a estudiar la sobrecogedora intervención de Gil Robles ante la Diputación Permanente del Congreso. Acusó al gobierno de haber expulsado a la derecha del sistema (¿les suena?), le advirtió de que la mancha del asesinato de Calvo Sotelo no se la sacaría jamás y vaticinó que sería la primera víctima de la violencia que había desatado. ¿Memoria histórica? Ya verán, cada día tiene su afán.
Las cuentas de los partidos y las de la Iglesia en España
Las cuentas de los partidos y las de la Iglesia en España ::Aceprensa::
" Actualmente, el presupuesto de la Conferencia Episcopal y de las diócesis se cubre en un 70% con el dinero de los fieles (el 63% con donativos y el 7% con ingresos por servicios y rentas del patrimonio). En comparación, según datos del Tribunal de Cuentas en 2002, las cuotas de los afiliados cubren una mínima parte del presupuesto de los partidos, desde un 5,7% en el caso del PNV hasta un máximo del 44% en Convergència, mientras que en la mayoría de los casos está en torno al 15%.
Los donativos a los partidos son también poco significativos, excepto en los casos de los nacionalistas (23% de la financiación del PNV; 23% de Convergència; 51% de UDC)."
" Figurémonos qué se habría dicho si los obispos obligasen a los profesores de religión a destinar un porcentaje de su sueldo a la financiación de la Iglesia, siguiendo los métodos de los dirigentes de Esquerra Republicana. O si la utilización de fondos públicos por parte de la Iglesia recibiera los varapalos que recibe la de los partidos cada vez que el Tribunal de Cuentas revisa los documentos justificantes. O si la Iglesia recurriera a las oscuras condonaciones de créditos, con las que algunos partidos han descubierto un "paraíso bancario", donde no rigen las estrictas leyes que los bancos aplican a los morosos."
Ignacio Aréchaga
" Actualmente, el presupuesto de la Conferencia Episcopal y de las diócesis se cubre en un 70% con el dinero de los fieles (el 63% con donativos y el 7% con ingresos por servicios y rentas del patrimonio). En comparación, según datos del Tribunal de Cuentas en 2002, las cuotas de los afiliados cubren una mínima parte del presupuesto de los partidos, desde un 5,7% en el caso del PNV hasta un máximo del 44% en Convergència, mientras que en la mayoría de los casos está en torno al 15%.
Los donativos a los partidos son también poco significativos, excepto en los casos de los nacionalistas (23% de la financiación del PNV; 23% de Convergència; 51% de UDC)."
" Figurémonos qué se habría dicho si los obispos obligasen a los profesores de religión a destinar un porcentaje de su sueldo a la financiación de la Iglesia, siguiendo los métodos de los dirigentes de Esquerra Republicana. O si la utilización de fondos públicos por parte de la Iglesia recibiera los varapalos que recibe la de los partidos cada vez que el Tribunal de Cuentas revisa los documentos justificantes. O si la Iglesia recurriera a las oscuras condonaciones de créditos, con las que algunos partidos han descubierto un "paraíso bancario", donde no rigen las estrictas leyes que los bancos aplican a los morosos."
Ignacio Aréchaga
El precio humano de la nueva tecnología biomédica
El precio humano de la nueva tecnología biomédica. Leon R. Kass es uno de los bioéticos de talla mundial que no se dejan obnubilar por la investigación con células madre embrionarias o por la clonación. Doctor en Biología y en Medicina, profesor de la Universidad de Chicago, es también miembro del Consejo asesor del presidente de EE.UU. sobre Bioética. Es autor de numerosos libros científicos, así como de otros de tema antropológico y filosófico. ::Aceprensa::
"¿Qué podemos perder si nos embarcamos en ese nuevo proyecto biomédico?
— Podemos iniciar una deshumanización del hombre, de cuyas consecuencias aún no somos conscientes. Por ejemplo, la investigación con células madre embrionarias: no es sólo que se destruyan los embriones, es que además nosotros –quienes los empleamos– nos insensibilizamos, corrompemos y desnaturalizamos. O la clonación: la Comisión Asesora de Bioética de Clinton, en su informe de 1997 "Cloning Human Beings", sólo se puso de acuerdo en una cosa: que clonar seres humanos es, "de momento", inmoral porque no es seguro. Pero no logró ponerse de acuerdo sobre ninguna objeción a la clonación en sí misma. O el tráfico de órganos, una práctica prohibida durante dos décadas en Estados Unidos que vuelve ahora, con renovada fuerza.
O la diagnosis previa obtenida del conocimiento del genoma humano, que abre las puertas a un panorama de planificación e ingeniería genéticas. ¿Cómo no afectaría a la protección social o al empleo de una persona –o, sencillamente, a la intimidad– el que se conozca su genoma? O el uso de drogas para optimizar rendimientos: muchos se preocupan por el dopaje deportivo, la seducción con "éxtasis" o el apaciguamiento de los escolares en un colegio por medio de la administración de Ritalin, pero pocos recapacitan sobre lo que significa empezar a cambiar el carácter y la estructura de la actividad humana, separando la capacidad del esfuerzo.
— Tal vez ese principio de los fundadores de la nación norteamericana, enunciado en su Constitución, el derecho a "la búsqueda de la felicidad" tenga algo que ver con todo esto. Si se entiende ese derecho de forma unilateral e irrestricta, algunos arguyen que en el modelo europeo del Estado de bienestar el Estado no sólo no debe interponerse sino que ha de proporcionar al ciudadano algunos elementos de su proyecto de búsqueda de la felicidad, como las operaciones de cambio de sexo, que pasarían a considerarse un derecho.
— La libertad es necesaria, pero no suficiente. Junto con los valores de libertad, vida y búsqueda de la felicidad, es preciso advertir la exigencia humana de "dignidad". El problema es que la dignidad es una abstracción, no despierta consensos fáciles sobre su naturaleza, es poco democrática (es más bien una idea aristocrática) y tal vez carezca de una fundamentación suficiente en la tradición filosófica occidental. Por ejemplo, en el mundo homérico los griegos la hicieron descansar sobre el valor, o sobre la sabiduría en la pedagogía socrática. Aspectos irrenunciables del ser humano, pero que excluyen muchas cosas necesarias para que una vida humana sea realmente tal. O Kant, que identificó esa dignidad con la racionalidad psíquica, igualmente característica del ser humano, pero que soslaya algo esencial y concreto de nuestra vida, que debe ser reivindicado: nuestra corporalidad.
Reivindicar la corporalidad — Pero ¿qué es lo que hay de digno e importante en nuestra corporalidad y en su transmisión en la procreación humana? ¿No parece más seguro y más limpio realizar esa transmisión en un laboratorio?
— La cuestión es que la reproducción humana es sexual no por consenso, cultura ni tradición, sino por naturaleza. En ella, un hijo es resultado de la combinación de la naturaleza y el azar. Es más: sólo encontramos reproducción asexual en formas poco desarrolladas de vida: bacterias, algas, hongos y algunos invertebrados. La sexualidad trae consigo una nueva y más rica relación con el mundo: para el animal sexuado, el mundo no es ya una otredad homogénea, en parte peligrosa y en parte comestible; es además el lugar que contiene otros seres especialmente relacionados con él. Por eso, entre otras razones, el ser humano es el más sexual –las hembras no atraviesan momentos puntuales de celo sino que son receptivas durante todo el ciclo reproductivo– y el más social, el más lleno de aspiraciones, el más abierto y el más inteligente.
— Si en efecto es tan peligrosa la disociación entre sexo y reproducción, entre otros cambios que plantea esas nuevas prácticas biomédicas, ¿qué cabe hacer al respecto?
— Espero que aún podamos hacer algo pero no será fácil, porque los inconvenientes éticos de este nuevo panorama están relacionados con cosas que deseamos intensamente. No se trata de "1984", la novela de George Orwell, cuya imagen es la de una bota pisoteando el rostro del ser humano para siempre. El caso aquí es distinto: las nuevas prácticas biomédicas nos están dando cosas que queremos, pero a un precio del que no somos conscientes. Creo que al menos se podría hacer dos cosas. La primera, "decir que existe ese precio" y ser claros acerca de lo que debe ser protegido y defendido; la tarea primordial, así, sería intelectual: hacer público que existen efectivamente estos males "suaves", que no se manifiestan como los males que podríamos llamar "fuertes", como el asesinato o el terrorismo.
— ¿Y la segunda?
— Esta sería de índole política. ¿Es posible establecer guías, normas, limitaciones legales para estas prácticas? En los Estados Unidos somos muy buenos para legislar sobre la seguridad, la efectividad o los atentados más obvios contra la libertad, pero no tenemos una tradición que se haga cargo de estos problemas. Otros países hacen esto mejor: Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña... El problema es que estas nuevas prácticas no están previstas en muchos sistemas legales vigentes y suscitan cuestiones éticas inéditas; así, parece que en muchos casos se llega en realidad a darles carta de naturaleza desde la lógica de los hechos consumados. Pero si no somos cuidadosos, creo que en diez o veinte años el panorama puede ser peligroso."
"¿Qué podemos perder si nos embarcamos en ese nuevo proyecto biomédico?
— Podemos iniciar una deshumanización del hombre, de cuyas consecuencias aún no somos conscientes. Por ejemplo, la investigación con células madre embrionarias: no es sólo que se destruyan los embriones, es que además nosotros –quienes los empleamos– nos insensibilizamos, corrompemos y desnaturalizamos. O la clonación: la Comisión Asesora de Bioética de Clinton, en su informe de 1997 "Cloning Human Beings", sólo se puso de acuerdo en una cosa: que clonar seres humanos es, "de momento", inmoral porque no es seguro. Pero no logró ponerse de acuerdo sobre ninguna objeción a la clonación en sí misma. O el tráfico de órganos, una práctica prohibida durante dos décadas en Estados Unidos que vuelve ahora, con renovada fuerza.
O la diagnosis previa obtenida del conocimiento del genoma humano, que abre las puertas a un panorama de planificación e ingeniería genéticas. ¿Cómo no afectaría a la protección social o al empleo de una persona –o, sencillamente, a la intimidad– el que se conozca su genoma? O el uso de drogas para optimizar rendimientos: muchos se preocupan por el dopaje deportivo, la seducción con "éxtasis" o el apaciguamiento de los escolares en un colegio por medio de la administración de Ritalin, pero pocos recapacitan sobre lo que significa empezar a cambiar el carácter y la estructura de la actividad humana, separando la capacidad del esfuerzo.
— Tal vez ese principio de los fundadores de la nación norteamericana, enunciado en su Constitución, el derecho a "la búsqueda de la felicidad" tenga algo que ver con todo esto. Si se entiende ese derecho de forma unilateral e irrestricta, algunos arguyen que en el modelo europeo del Estado de bienestar el Estado no sólo no debe interponerse sino que ha de proporcionar al ciudadano algunos elementos de su proyecto de búsqueda de la felicidad, como las operaciones de cambio de sexo, que pasarían a considerarse un derecho.
— La libertad es necesaria, pero no suficiente. Junto con los valores de libertad, vida y búsqueda de la felicidad, es preciso advertir la exigencia humana de "dignidad". El problema es que la dignidad es una abstracción, no despierta consensos fáciles sobre su naturaleza, es poco democrática (es más bien una idea aristocrática) y tal vez carezca de una fundamentación suficiente en la tradición filosófica occidental. Por ejemplo, en el mundo homérico los griegos la hicieron descansar sobre el valor, o sobre la sabiduría en la pedagogía socrática. Aspectos irrenunciables del ser humano, pero que excluyen muchas cosas necesarias para que una vida humana sea realmente tal. O Kant, que identificó esa dignidad con la racionalidad psíquica, igualmente característica del ser humano, pero que soslaya algo esencial y concreto de nuestra vida, que debe ser reivindicado: nuestra corporalidad.
Reivindicar la corporalidad — Pero ¿qué es lo que hay de digno e importante en nuestra corporalidad y en su transmisión en la procreación humana? ¿No parece más seguro y más limpio realizar esa transmisión en un laboratorio?
— La cuestión es que la reproducción humana es sexual no por consenso, cultura ni tradición, sino por naturaleza. En ella, un hijo es resultado de la combinación de la naturaleza y el azar. Es más: sólo encontramos reproducción asexual en formas poco desarrolladas de vida: bacterias, algas, hongos y algunos invertebrados. La sexualidad trae consigo una nueva y más rica relación con el mundo: para el animal sexuado, el mundo no es ya una otredad homogénea, en parte peligrosa y en parte comestible; es además el lugar que contiene otros seres especialmente relacionados con él. Por eso, entre otras razones, el ser humano es el más sexual –las hembras no atraviesan momentos puntuales de celo sino que son receptivas durante todo el ciclo reproductivo– y el más social, el más lleno de aspiraciones, el más abierto y el más inteligente.
— Si en efecto es tan peligrosa la disociación entre sexo y reproducción, entre otros cambios que plantea esas nuevas prácticas biomédicas, ¿qué cabe hacer al respecto?
— Espero que aún podamos hacer algo pero no será fácil, porque los inconvenientes éticos de este nuevo panorama están relacionados con cosas que deseamos intensamente. No se trata de "1984", la novela de George Orwell, cuya imagen es la de una bota pisoteando el rostro del ser humano para siempre. El caso aquí es distinto: las nuevas prácticas biomédicas nos están dando cosas que queremos, pero a un precio del que no somos conscientes. Creo que al menos se podría hacer dos cosas. La primera, "decir que existe ese precio" y ser claros acerca de lo que debe ser protegido y defendido; la tarea primordial, así, sería intelectual: hacer público que existen efectivamente estos males "suaves", que no se manifiestan como los males que podríamos llamar "fuertes", como el asesinato o el terrorismo.
— ¿Y la segunda?
— Esta sería de índole política. ¿Es posible establecer guías, normas, limitaciones legales para estas prácticas? En los Estados Unidos somos muy buenos para legislar sobre la seguridad, la efectividad o los atentados más obvios contra la libertad, pero no tenemos una tradición que se haga cargo de estos problemas. Otros países hacen esto mejor: Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña... El problema es que estas nuevas prácticas no están previstas en muchos sistemas legales vigentes y suscitan cuestiones éticas inéditas; así, parece que en muchos casos se llega en realidad a darles carta de naturaleza desde la lógica de los hechos consumados. Pero si no somos cuidadosos, creo que en diez o veinte años el panorama puede ser peligroso."
Hagamos caso a Santayana - Presente y pasado - Pío Moa
Hagamos caso a Santayana - Presente y pasado - Pío Moa
Desde La Habana a Madrid reivindican las izquierdas “la República”, como llaman no al proyecto de democracia liberal de entonces, sino al Frente Popular, autor, justamente, de la ruina de ese proyecto. Los comunistas de IU, secundados por las mafias anticonstitucionales que hoy degradan las Cortes, llaman a ese fraude “recuperación de la memoria histórica”, y han impuesto que el año 2006 se dedique a tales menesteres.
Y, mira por dónde, nada mejor podía habérseles ocurrido, pues su mezcla de chifladura e ignorancia les lleva a caer en su propia trampa: si hay algo peligroso para ellos es el recuerdo de aquella época. Y, sobre todo, SI HAY ALGO CONVENIENTE PARA AFIANZAR LA DEMOCRACIA Y LA CONSTITUCIÓN, es el conocimiento de un pasado cuyos errores y horrores se empeñan en repetir las mafias políticas. Hagamos caso a Santayana. Sin embargo los del PP, con su habitual falta de flexibilidad y de capacidad política, se han opuesto. Siguen empeñados en “mirar al futuro”, los muchachos (y muchachas).
“La izquierda tiene razón cuando llama al PP Partido de los Pijos. Son pijos, gentecilla sin carácter, que nunca han pasado apuros, que lo hacen bastante bien en economía, pero ignoran la historia y muchas otras cosas, y tiemblan cada vez que los llaman franquistas”. Condenso muchas opiniones parecidas, bastante realistas, según comprobamos una y otra vez.
Bien, por si les sirve para no temblar tanto, enterarse un poco del pasado y dejar de jugar a las pitonisas, me permito ofrecerles algunos juicios sobre la república y los republicanos, que no vienen del franquismo, sino de quienes intentaron una democracia liberal. De los llamados “padres espirituales de la República”, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala.
Marañón: “Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico” (Compárese con el respeto y amor al embuste de los grupos anti Constitución). “Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud”. “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”. “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”. “Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos”.
Pérez de Ayala: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco”. “Lo que nunca pude concebir es que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”
Ortega, personalizando en Einstein la mezcla de frivolidad y sectarismo de muchos intelectuales pro republicanos: “usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel”.
Podrían citarse infinidad de opiniones y testimonios más, cuya amargura testimonia la inmensa tragedia y el carácter de quienes, pisoteando la legalidad –como ahora mismo-- empujaron a España al desastre. Aquellos que Alcalá Zamora situaba “en la zona mixta de la locura y la delincuencia”. Aquellos que el propio Azaña, buen conocedor del paño y uno de ellos en el fondo, aunque con mayor altura intelectual, describe constantemente en sus diarios como “imbéciles”, “loquinarios”, “de poca chaveta”: “Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres”. “¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”. ¡Qué pintura tan actual!.
En el PP tiene que haber algo más que pijos. Tiene que haber gente con valor y conciencia clara de la magnitud del envite. Y con la inteligencia suficiente para volver contra ellos los manejos de estos arrogantes “loquinarios sin ninguna idea alta”. En todo caso, la sociedad española no debe permitir, y espero que no permitirá, una repetición de la “república” invocada desde La Habana a Madrid.
Desde La Habana a Madrid reivindican las izquierdas “la República”, como llaman no al proyecto de democracia liberal de entonces, sino al Frente Popular, autor, justamente, de la ruina de ese proyecto. Los comunistas de IU, secundados por las mafias anticonstitucionales que hoy degradan las Cortes, llaman a ese fraude “recuperación de la memoria histórica”, y han impuesto que el año 2006 se dedique a tales menesteres.
Y, mira por dónde, nada mejor podía habérseles ocurrido, pues su mezcla de chifladura e ignorancia les lleva a caer en su propia trampa: si hay algo peligroso para ellos es el recuerdo de aquella época. Y, sobre todo, SI HAY ALGO CONVENIENTE PARA AFIANZAR LA DEMOCRACIA Y LA CONSTITUCIÓN, es el conocimiento de un pasado cuyos errores y horrores se empeñan en repetir las mafias políticas. Hagamos caso a Santayana. Sin embargo los del PP, con su habitual falta de flexibilidad y de capacidad política, se han opuesto. Siguen empeñados en “mirar al futuro”, los muchachos (y muchachas).
“La izquierda tiene razón cuando llama al PP Partido de los Pijos. Son pijos, gentecilla sin carácter, que nunca han pasado apuros, que lo hacen bastante bien en economía, pero ignoran la historia y muchas otras cosas, y tiemblan cada vez que los llaman franquistas”. Condenso muchas opiniones parecidas, bastante realistas, según comprobamos una y otra vez.
Bien, por si les sirve para no temblar tanto, enterarse un poco del pasado y dejar de jugar a las pitonisas, me permito ofrecerles algunos juicios sobre la república y los republicanos, que no vienen del franquismo, sino de quienes intentaron una democracia liberal. De los llamados “padres espirituales de la República”, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala.
Marañón: “Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico” (Compárese con el respeto y amor al embuste de los grupos anti Constitución). “Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud”. “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”. “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”. “Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos”.
Pérez de Ayala: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco”. “Lo que nunca pude concebir es que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”
Ortega, personalizando en Einstein la mezcla de frivolidad y sectarismo de muchos intelectuales pro republicanos: “usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel”.
Podrían citarse infinidad de opiniones y testimonios más, cuya amargura testimonia la inmensa tragedia y el carácter de quienes, pisoteando la legalidad –como ahora mismo-- empujaron a España al desastre. Aquellos que Alcalá Zamora situaba “en la zona mixta de la locura y la delincuencia”. Aquellos que el propio Azaña, buen conocedor del paño y uno de ellos en el fondo, aunque con mayor altura intelectual, describe constantemente en sus diarios como “imbéciles”, “loquinarios”, “de poca chaveta”: “Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres”. “¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”. ¡Qué pintura tan actual!.
En el PP tiene que haber algo más que pijos. Tiene que haber gente con valor y conciencia clara de la magnitud del envite. Y con la inteligencia suficiente para volver contra ellos los manejos de estos arrogantes “loquinarios sin ninguna idea alta”. En todo caso, la sociedad española no debe permitir, y espero que no permitirá, una repetición de la “república” invocada desde La Habana a Madrid.